Volatilidad y seudoriqueza

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Ilustración: Mohamed Hassan / Pixabay.

La «seudoriqueza» puede ser una fuente de volatilidad y debe ser tomada en cuenta al elaborar políticas públicas que afecten el funcionamiento de los mercados financieros.

Carlos Jaramillo / 18 de febrero de 2021


 

Joseph E. Stiglitz acaba de publicar un trabajo titulado «Fluctuaciones económicas y seudoriqueza» (NBER Working Paper, No. w28415, 2021), en el cual trata de vincular LOS cambios inesperados en la demanda agregada con la dispersión de expectativas de los agentes económicos.

Durante décadas los macroeconomistas han desarrollado teorías para explicar la volatilidad de la demanda de bienes y servicios. En épocas muy tempranas de esta disciplina, Keynes postulaba que los grandes cambios en la demanda agregada eran ocasionados por cambios repentinos de las expectativas de los agentes económicos. Había momentos en que «el espíritu animal» poseía a estos actores y los convencía de que frente a ellos aparecía instantáneamente un futuro lleno de riquezas, razón por la cual aumentaban el consumo de bienes y la inversión.

El problema de la teoría del espíritu animal para explicar el cambio de expectativas y su impacto en la demanda agregada es que tales expectativas no son observables. Tratar de conocerlas y, más aún, predecirlas conduce a un campo como la psicología de los actores económicos, en el cual los economistas no tienen un sólido marco conceptual en el que apoyarse.

Durante mucho tiempo los economistas han tratado de modelar el comportamiento de los actores económicos a partir de la suposición de que son racionales y forman sus expectativas basados en información previa. Por lo tanto, no hay fundamento para pensar que, sin razón aparente, cambien de opinión de tal modo que se vean afectados sus planes de consumo e inversión.

Stiglitz propone una nueva visión para el problema de la volatilidad macroeconómica. En lugar de pensar que el mundo está en la búsqueda de un permanente equilibrio, postula una constante evolución, en la cual suceden grandes eventos y aparecen nuevas ideas, a las cuales tienen que enfrentarse los agentes económicos, que deben interpretarlas para entender sus implicaciones en el futuro. Las crisis suceden cuando diferentes actores, al revisar los mismos datos, llegan a distintas conclusiones sobre lo que sucederá.

Cuando ocurre una gran dispersión en sus creencias, los individuos realizan apuestas o transacciones sobre activos especulativos —monedas, materias primas o acciones— que producen en sus dueños el efecto de seudoriqueza. Los individuos esperan recibir esa aparente riqueza basados en sus expectativas de los retornos futuros de esos activos especulativos.

Al sumar el conjunto de las acciones de los actores económicos, cuando existen muchas oportunidades para apostar o transar con activos especulativos y una gran dispersión en sus percepciones sobre el futuro, la seudoriqueza tendrá poca conexión con la verdadera riqueza que subyace en la economía. Las respuestas de los poseedores de esa seudoriqueza producirán cambios en el consumo y la inversión que no se corresponden con los comportamientos de las variables económicas monitorizadas convencionalmente, tales como tecnología, empleo o acumulación de capital. De allí surge la sensación de que la volatilidad observada de la demanda agregada no tiene vinculación con la economía real, y luzca excesiva. La seudoriqueza puede crear en algunos momentos la sensación de un bienestar futuro que induzca un aumento de la demanda agregada; y en otros, una sensación de empobrecimiento que genere el efecto opuesto.

Es muy probable que algunos lectores encuentren rasgos comunes entre lo descrito por Stiglitz y la ola de transacciones asociadas a las acciones de empresas como Gamestop y la cadena de cines AMC, que recibieron amplia cobertura de prensa a finales de enero de 2021. Gracias a las nuevas tecnologías de procesamiento de datos bursátiles, hoy es posible que inversionistas con muy poco capital compren acciones y opciones sobre títulos valores con mínima inversión (incluso pueden comprar fracciones de acciones), sin pagar comisiones de compra o venta de títulos valores y apalancando sus posiciones con dinero prestado por las casas de corretaje donde tienen sus cuentas de inversión. Estas son las abundantes apuestas y transacciones a las que se refiere Stiglitz en su explicación de la volatilidad de la demanda agregada.

La dispersión de percepciones viene dada por la creencia de que solo hace falta identificar una empresa en problemas y apostar a la caída del precio de sus acciones para ganar dinero una vez que se cumpla la profecía del desplome de la empresa. Lo que no toman en cuenta los gerentes profesionales al formarse sus percepciones es que los pequeños inversionistas podrían coordinarse para hacer subir el precio de la acción y obligar a los fondos de cobertura a cortar sus pérdidas comprando las acciones de la compañía a un precio muy superior al que podría llegar aun en el escenario de recuperación más optimista e improbable. Los precios de las acciones de Gamestop subieron en un principio y luego cayeron por eventos que no tenían relación alguna con el desempeño de la compañía o de la economía real estadounidense.

Si el efecto de la seudoriqueza es tan importante como Stiglitz sugiere en la explicación de la volatilidad macroeconómica, las implicaciones de esta teoría para el diseño de políticas públicas se vuelven dignas de consideración. Cada vez que, debido a la desregularización o a cambios en la estructura de los mercados financieros, aumente el menú de apuestas o transacciones disponibles para que agentes económicos con diferentes creencias sobre el futuro apuesten unos contra otros, aumentarán la magnitud y la volatilidad de la seudoriqueza.

Algunos criticarán la innovación financiera que hace posibles nuevas fuentes de apuestas y transacciones sobre activos especulativos como una actividad inútil para la sociedad, pues no tiene vinculación directa con los procesos productivos. Por ello es necesario entender los beneficios que pueden crear para la economía esas apuestas basadas en la dispersión de creencias sobre el impacto futuro de eventos económicos, si es que ocurren tales beneficios.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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