Más endeudamiento, mayores tasas y nuevos emisores: así está la deuda en el mundo

20
Gerd Altmann / Pixabay

Los mercados de deuda globales mostraron resiliencia en 2025, pero los cambios en la base de inversionistas están transformando estos mercados. Los más sensibles a los precios podrían aumentar la sensibilidad a las perturbaciones. Gobiernos y empresas adoptan vencimientos más cortos, pero su papel es esencial para la inversión en inteligencia artificial y el gasto en defensa.


 

¿Cuál fue el desempeño de la deuda en el mundo en 2025 y qué factores podrían marcar su evolución en el futuro? A estas preguntas responde el Reporte de la deuda global 2026, publicado a comienzos de marzo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que agrupa a la mayoría de los países más ricos del mundo. El documento presenta su análisis en cinco grandes temas.

Primero, el reporte anticipa que en 2026 los Gobiernos y las empresas soliciten préstamos por 29 billones de dólares: 4 billones (17 por ciento) más que en 2024. El endeudamiento de los Gobiernos centrales en los países de la OCDE continuó creciendo en 2025 hasta alcanzar 17 billones de dólares frente a los 12 billones de 2022; se prevé que aumente un billón más en 2026.

La deuda soberana en circulación se situó en 2025 en la cifra récord de 61 billones de dólares, frente a los 55 billones de 2024. En los países de la OCDE, la deuda de los Gobiernos centrales con respecto al tamaño de las economías de sus países, medido por el producto interno bruto (PIB), se mantuvo estable (83 por ciento), pero se prevé que aumente al 85 por ciento en 2026, 39 puntos porcentuales más que en 2007, antes de la crisis financiera mundial. En los mercados emergentes, la emisión de bonos soberanos alcanzó un récord de 3,4 billones de dólares en 2025, un 21 por ciento más que en 2024, lo que elevó la deuda total a un récord de 12,1 billones.


Parte significativa de la reducción de los diferenciales desde 2013 es resultado de la disminución de las primas de liquidez.


El endeudamiento privado también aumentó. La deuda de las empresas en los mercados alcanzó su máximo en términos reales en 2025, con aproximadamente 13,7 billones de dólares (6,8 billones en bonos y 7 billones en préstamos sindicados). Los importes pendientes ascendieron a 59,5 billones a finales de año (36,4 billones en bonos y 23,1 billones en préstamos sindicados). Dada la magnitud de la inversión necesaria para financiar la expansión de la inteligencia artificial (IA) se prevé que el endeudamiento empresarial aumente sustancialmente.

Segundo, los costos del endeudamiento soberano son elevados y las mayores tasas de interés comienzan a afectar el acervo de deuda empresarial. El aumento de las tasas posterior a 2022 sigue impactando los mercados de deuda globales. Si bien en 2025 las tasas a corto plazo se estabilizaron en los países de la OCDE, los rendimientos a treinta años aumentaron significativamente en la mayoría de los países hasta una mediana del 4,1 por ciento, impulsados por elevados rendimientos reales.

La preocupación por las trayectorias fiscales es un factor clave, pero la continua y elevada emisión de bonos y la disminución de la demanda de activos a largo plazo también han impulsado al alza los rendimientos a largo plazo. El costo adicional esperado de la emisión de bonos a largo plazo, que comenzó en 2022, continuó creciendo. A finales de 2025, la prima de riesgo promedio a diez años en la OCDE alcanzó el 0,84 por ciento, la más alta en más de una década.

Los emisores soberanos y empresariales han respondido al aumento de los costos de los intereses a largo plazo desplazando sus emisiones hacia vencimientos más cortos. La proporción de emisiones con vencimiento superior a diez años alcanzó su mínimo desde 2009 para los soberanos y el mínimo registrado para las empresas en 2025.


La estabilidad y la resiliencia a largo plazo de los mercados de deuda dependen, en última instancia, de que los Gobiernos y las empresas garanticen la sostenibilidad de su deuda.


Otro componente de este ajuste es una dependencia creciente de los bonos del Tesoro para el financiamiento de las economías. La emisión de bonos del Tesoro siguió representando aproximadamente el 48 por ciento del endeudamiento total en 2025, cerca de un máximo histórico, y se prevé que se mantenga en esta magnitud en 2026.

Tercero, a pesar de los récords de endeudamiento y la considerable incertidumbre geopolítica, los diferenciales de crédito empresarial se encuentran en mínimos históricos. Si bien los indicadores fundamentales son positivos (cantidades de efectivo altas, perspectivas de ganancias sólidas y previsión de impagos decreciente), la reducción de los diferenciales de crédito no parece deberse a mejoras en la calidad crediticia. Parte de la razón reside en un aumento desproporcionado de los rendimientos de los bonos soberanos de referencia. Algunas empresas incluso cotizan con diferenciales negativos con respecto a sus equivalentes soberanos.

La mejora de la liquidez es otro factor importante. Parte significativa de la reducción de los diferenciales desde 2013 es resultado de la disminución de las primas de liquidez, gracias a los avances tecnológicos y la entrada de nuevos inversionistas al mercado. El aumento de la disposición de los inversionistas a asumir riesgos también ha contribuido a este descenso, pero la compensación por riesgo de impago no ha disminuido. En consecuencia, las pérdidas esperadas por impago representan ahora la mayor parte de los diferenciales de crédito empresarial.

Cuarto, a medida que recurren al financiamiento externo para costear la expansión de la IA —que requiere una gran inversión de capital—, las empresas tecnológicas se convertirán en emisores cada vez mayores en los mercados de deuda. El sector tecnológico ha dependido tradicionalmente más de fondos producidos internamente y menos del financiamiento externo que la mayoría de los demás sectores de la economía. La carrera por la IA está cambiando esta dinámica. Los líderes en IA (en su mayoría empresas tecnológicas estadounidenses) están acudiendo a los mercados, desde la emisión de bonos hasta el crédito privado, para financiar la expansión de la tecnología, especialmente centros de datos.

En 2025, nueve grandes empresas, conocidas como «hiperescaladoras», captaron conjuntamente 122.000 millones de dólares en los mercados de bonos, lo que representa casi la mitad de las emisiones mundiales de empresas tecnológicas. Las proyecciones de gasto de capital indican que este es solo el principio. En conjunto, estas nueve empresas han previsto gastos de capital por valor de 4,1 billones de dólares entre 2026 y 2030, aproximadamente un 36 por ciento más que el gasto total de capital de todas las empresas no financieras estadounidenses en 2025. Si la mitad de estas inversiones se financiaran mediante mercados de bonos, estas nueve empresas representarían el quince por ciento de la emisión anual mundial promedio histórica de las empresas no financieras.


Hasta ahora, los mercados de deuda han resultado resilientes ante los desafíos, pero su resiliencia no está garantizada.


Quinto, los mercados de deuda han funcionado con relativa calma en 2025, a pesar de las crecientes presiones. El entorno macroeconómico se caracteriza por mayores aranceles, tensiones geopolíticas e incertidumbre política. También existen presiones internas.

La estabilidad y la resiliencia a largo plazo de los mercados de deuda dependen, en última instancia, de que los Gobiernos y las empresas garanticen la sostenibilidad de su deuda. Un mayor esfuerzo para promover la prudencia fiscal y mejorar la eficiencia del gasto público ayudaría no solo a gestionar la gran carga de la deuda actual, sino también a crear margen para la inversión en infraestructura, digitalización y defensa. Asimismo, reduciría el riesgo de desplazar el acceso de las empresas al financiamiento, lo que será crucial en un momento en que la inversión en IA absorberá parte sustancial de los flujos de deuda empresarial.

Los mercados de deuda son primordiales para impulsar la inversión en el crecimiento a largo plazo. Hasta ahora, han resultado resilientes ante los desafíos, pero su resiliencia no está garantizada. Un marco de política monetaria sólido y creíble, junto con una gestión eficaz de la deuda pública, constituyen una base esencial. Preservar esa base será la clave para mantener la confianza de los inversionistas y asegurar el buen funcionamiento continuo de estos mercados.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

Suscríbase aquí al boletín de novedades (gratuito) de Debates IESA.