Adiós a la orientación prospectiva

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Edificio Marriner S. Eccles de la Reserva Federal de Estados Unidos (Washington, D. C.)

A comienzos de la década del 2000, la Reserva Federal comenzó a utilizar una herramienta de comunicación sobre la probable evolución futura de las tasas de interés. Con la llegada de su nuevo presidente, Kevin Warsh, esta herramienta parece tener sus días contados. Para Warsh, los mercados financieros «funcionan mejor cuando reaccionan a los datos», no cuando predicen la reacción de la Fed.


 

¿Cuánto debe informar la Reserva Federal (Fed) a los mercados financieros sobre sus acciones futuras? Esta pregunta ha atormentado a sus directivos durante décadas.

Antes del año 2000, se consideraba que el factor sorpresa en las declaraciones del presidente de la Fed era la manera de evitar que los mercados financieros, al anticipar los posibles cambios de política monetaria, implantasen tácticas que dejaran sin efecto las medidas que esperaba poner en marcha el banco central estadounidense. El precio de la incertidumbre era un aumento en la prima de riesgo exigida por los agentes económicos, que se traducía en un aumento del costo del dinero.

A comienzos de la década del 2000, bajo la dirección de Alan Greenspan, la Fed comenzó a utilizar la orientación prospectiva (forward guidance). Esta herramienta de comunicación sobre la probable evolución futura de las tasas de interés parte de la idea de que los mercados financieros reducen el uso de mecanismos de cobertura costosos si tienen una idea de las posibles acciones futuras de la Fed. La orientación prospectiva no pretendía transmitir certeza absoluta sobre el futuro, pues la Fed siempre tenía la libertad de cambiar de rumbo frente a la presencia de cambios inesperados.

Con la llegada de Kevin Warsh, el recién estrenado presidente de la Fed, la aplicación de la orientación prospectiva parece tener sus días contados. Para Warsh, los mercados financieros «funcionan mejor cuando reaccionan a los datos que se publican», no cuando intentan predecir la reacción de la Reserva Federal. En su primera rueda de prensa como miembro del Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés), declaró: «Los precios de los mercados financieros son probablemente la fuente de información más importante para guiar a los banqueros centrales. Pero cuando los mercados financieros se limitan a reflejar lo que hemos dicho, estamos ignorando la fuente de información más importante. Me gustaría que creáramos un sistema donde se elimine esa ceguera». Cuando se flexibiliza la política monetaria, se busca el factor sorpresa. Se busca que el instinto animal se mueva.


Para Kevin Warsh, los mercados financieros «funcionan mejor cuando reaccionan a los datos que se publican», no cuando intentan predecir la reacción de la Reserva Federal.


La ausencia de comentarios de Warsh sobre la situación económica actual y el giro de la política de la Fed tuvo también otro efecto: dar una llamada de atención a los mercados financieros, al indicarles que la Fed ya no proporcionaría a los inversionistas la información que estaban acostumbrados a recibir. Esto parece disruptivo y podría ocasionar mayor volatilidad en el mercado, al menos a corto plazo. Pero es probable que, como espera Warsh, resulte beneficioso tanto para los mercados como para el banco central estadounidense.

¿Qué significa este cambio en términos prácticos? Para empezar, los inversionistas y las empresas necesitan nuevas fuentes de datos para comprender la situación económica actual. Warsh dio a entender claramente que la Fed haría lo mismo, en lugar de depender principalmente de datos gubernamentales incompletos o desactualizados, recopilados mediante métodos anticuados. Los inversionistas esperan, en general, menos ruedas de prensa, una comunicación menos prescriptiva, mayor disposición a sorprender a los mercados de bonos y, en definitiva, mayor volatilidad de las tasas de interés.

El miércoles 17 de junio, Warsh anunció la creación de cinco grupos de trabajo que se centrarán en la estrategia de comunicación de la Fed, el balance de la institución, el uso de datos económicos, la productividad y el empleo, y los marcos de medición de la inflación. Estos grupos harán públicas sus recomendaciones a finales de año. Algunos expertos sostienen que con estos grupos Warsh pretende fortalecer su red de alianzas dentro de la institución y acallar rumores sobre su interés de desmantelar la Fed.

Lo que quedó claro de las recientes declaraciones de Warsh es que la Fed sigue comprometida a reducir la inflación, hasta su objetivo del dos por ciento que no ha alcanzado en los últimos cinco años. La inflación anual se sitúa ahora cerca de cuatro por ciento, debido en parte al aumento de los precios de la energía tras el inicio de la guerra con Irán.

La orientación prospectiva cobró gran importancia en la era de las tasas de interés cero, tras la crisis financiera mundial. Con los costos de endeudamiento a corto plazo en mínimos históricos, los bancos centrales buscaron maneras de impulsar la inflación y el crecimiento al influir en las tasas a largo plazo.

El expresidente Ben Bernanke introdujo los gráficos de puntos de las tasas de interés en 2012, como una forma de indicar que el banco central probablemente mantendría las tasas cerca de cero durante los próximos años. Sin embargo, con tasas ahora mucho mayores, muchos han cuestionado su utilidad.


Los inversionistas esperan, en general, menos ruedas de prensa y una comunicación menos prescriptiva.


 

En su nueva línea de comunicación Warsh se negó a presentar su «gráfico de puntos» sobre la dirección que prevé para las tasas de interés este año y el próximo. Si bien los otros 18 funcionarios del FOMC sí lo hicieron, la ausencia de la predicción del presidente debilita la utilidad de los puntos como guía para la política de la Fed. Aunque el nuevo presidente reconoció que la reforma suponía «muchos cambios que los mercados financieros debían asimilar», destacó que era improbable que revirtiera su decisión.

Es posible que la Fed elimine por completo los gráficos de puntos. En declaraciones previas a su nombramiento como presidente, Warsh había manifestado que los gráficos de puntos y otras formas de orientación prospectiva hacen que la Reserva Federal se aferre a sus previsiones y perpetúe sus errores de política monetaria.

Los inversionistas que apoyan la eliminación de la orientación prospectiva argumentan que, si bien los cambios de Warsh aumentarían la volatilidad del mercado y elevarían los costos de endeudamiento, esto podría ser beneficioso para la Fed, porque el exceso de certeza en los mercados financieros fomenta la adopción de riesgos, la especulación y el apalancamiento en el sistema. Una mayor volatilidad y mayores rendimientos de los bonos encarecen el apalancamiento y endurecen las condiciones financieras para empresas e individuos. El efecto final de esto podría ser una reducción de la inflación.

Los fondos de cobertura macroeconómicos —que apuestan por los movimientos de los bonos, las divisas y otros activos en todo el mundo— creen que podrían beneficiarse de una nueva era en la que la Reserva Federal se pronuncie menos. Sin cambios en las tasas de interés anunciados con mucha antelación, los inversionistas pueden obtener una ventaja si logran predecir las próximas acciones del banco central.

La agenda de cambios de Warsh para la Fed no se limitará a la política comunicacional. En los próximos meses veremos «señales».


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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