Educadas pero inactivas: la paradoja de las trabajadoras venezolanas

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Las mujeres en edad de trabajar constituyen un capital humano desaprovechado en Venezuela. Pese a tener mayor formación que los hombres, la ausencia de una estructura de apoyo y el cuidado de los hijos y de los padres mayores las llevan a refugiarse en la inactividad. En un escenario de recuperación económica, su incorporación al mercado laboral es posible si se cumple una agenda.


 

La participación de las mujeres en el mercado laboral venezolano es menor que la registrada en América Latina. En efecto, en Venezuela la participación de las mujeres en el mercado laboral, que promedia un 39,7 por ciento en el período 2014-2025,[1] se sitúa por debajo del 52,1 por ciento registrado en América Latina en 2024.[2] Más allá de las consideraciones de justicia e igualdad, este hecho tiene múltiples repercusiones, si se considera que desde 2020 más de la mitad de los hogares venezolanos están encabezados por mujeres.

La contracción del mercado laboral y la caída de las remuneraciones, junto con la ausencia de infraestructura de cuidado para niños y adultos mayores, han llevado a las mujeres venezolanas a refugiarse en la inactividad. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2019-2020, en esos años el beneficio de guardería para los trabajadores prácticamente desapareció, por lo que carecer de alguien que cuide a los niños se convirtió en una barrera para el empleo de las mujeres. De hecho, la encuesta de 2025 muestra que son las mujeres quienes acompañan a los hijos a la escuela (más del 65 por ciento en el rango de edad de 5 a 11 años), brindan apoyo pedagógico a los niños en el hogar (el 70 por ciento) y están a cargo del cuidado de los adultos mayores (que son una de cada siete personas en Venezuela).


El 64 por ciento de los egresados universitarios entre 1990 y 2018 son mujeres.


Un capital humano desaprovechado

A lo largo de casi tres décadas (1990-2018), hubo una clara feminización de la matrícula universitaria en Venezuela: el porcentaje de mujeres se mantuvo por encima del 55 por ciento y, a partir de 2005, alcanzó valores superiores al 60 por ciento, según un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. El número de mujeres egresadas también es superior: del total acumulado de egresados en 28 años, el 64 por ciento son mujeres.[3]

Los resultados del estudio indican que, durante el período analizado, aumentó el número de egresadas en las disciplinas consideradas «masculinas» (ciencias básicas, ciencias del agro y del mar, ciencias y artes militares, e ingeniería, arquitectura y tecnología). En ciencias básicas, al inicio del estudio (1990), el número de hombres superaba al de las mujeres; al final del período (2017), alcanzó la paridad. En las ciencias del agro y del mar, a partir de 2013, el número de mujeres superó al de hombres; en ingeniería, arquitectura y tecnología se situaron cerca de la paridad en 2016 y 2017.

La información para primaria y bachillerato es escasa, pero la Encovi 2022 presenta datos de cobertura —niños y adolescentes que asisten a la escuela como porcentaje del total que debe estudiar— por condición de género para los años comprendidos entre 2014 y 2022. El promedio de cobertura para las mujeres fue del 70,8 por ciento, dos puntos porcentuales superior al de los hombres (68,7 por ciento). En ambos casos hubo una caída de unos diez puntos durante el período, causada por la falta de interés en los estudios, la necesidad de trabajar —señalada por los hombres— y la maternidad y los cuidados, mencionados por las mujeres.


Para aumentar la participación femenina en el mercado laboral se requieren acciones en las que participen el Estado, el sector empresarial y la sociedad


Se puede aumentar la participación femenina en el mercado laboral

Las mujeres constituyen una reserva clave de capital humano en escenarios tanto de supervivencia como de crecimiento económico; este último es difícil de afrontar con una población económicamente activa envejecida. Una encuesta realizada por el IESA, con el apoyo de la embajada británica en Venezuela, mostró que el cincuenta por ciento de las mujeres que en 2019 ocupaban cargos de gerencia media en un grupo de empresas ascendieron a esas posiciones en los cinco años previos, período en el que se registró una importante salida de personal gerencial, mayormente masculino, como consecuencia de la emigración.[4]

Para aumentar la participación femenina en el mercado laboral se requieren acciones en las que participen el Estado, el sector empresarial y la sociedad:[5]

  1. Orientar las reformas económicas estructurales desde una perspectiva de género, considerando la dinamización de sectores con alta participación femenina (servicios y comercio), en lugar de los sectores en los que las mujeres están mal representadas (construcción).
  2. Ampliar la cobertura de los servicios de las redes de apoyo para mujeres con hijos en edad escolar. Posibles puntos de intervención son el sistema de guarderías o de cuidado infantil diario y los medios de transporte en las poblaciones geográficamente alejadas de los centros de trabajo. En el caso del cuidado diario de los niños, tanto el sector privado como el público pueden considerarlo entre los beneficios para sus trabajadores. En materia de políticas públicas, se pueden destinar fondos públicos para crear nuevos hogares de cuidado diario, mejorar los existentes o subsidiar la contratación de servicios privados.
  3. Promover programas de iniciativa empresarial para las mujeres que incluyan los componentes de financiamiento, formación y mentoría, según el ejemplo pionero del Grameen Bank en Bangladés. Dado que las mujeres son el 95 por ciento de los prestatarios, esta iniciativa ha contribuido a mejorar sus condiciones socioeconómicas mediante la participación en pequeños negocios por cuenta propia, pero también a educarse más y a aumentar su autonomía en decisiones tales como a qué edad contraer matrimonio y cuántos hijos tener.[6]
  4. Fomentar una mayor participación de los hombres en las tareas de cuidado de los niños y de los adultos mayores. Es necesario profundizar en las políticas de recursos humanos de las organizaciones, así como en las regulaciones sobre licencias de paternidad remunerada y horarios flexibles para hombres con niños en edad escolar y para madres que requieren cuidado.
  5. Asegurar que la política educativa privilegie la participación de mujeres jóvenes, de escasos ingresos y con hijos en edad escolar en los niveles terciario y vocacional, e incorpore —en los programas de todos los niveles educativos— contenidos que refuercen el valor de una sociedad inclusiva (que disminuya el efecto de los estereotipos de género) y contribuyan a la emancipación de la mujer (incorporando áreas como planificación familiar y financiera).
  6. Implementar políticas integrales y consistentes en materia de igualdad de género en el sector privado venezolano. Ello incluye políticas neutrales o de discriminación positiva para el acceso al empleo, mentoría y planes de carrera, así como políticas que permitan conciliar la vida laboral y la familiar, entre otras.

En un eventual escenario de recuperación de la economía venezolana, con el apoyo necesario, las mujeres están en condiciones de satisfacer, a corto y mediano plazo, una parte importante de las necesidades de capital humano del país. La encuesta del IESA muestra que no hay problemas para la incorporación de las mujeres al mercado laboral en el nivel operativo, tanto en forma directa como mediante mecanismos transicionales como el INCES y las pasantías. También evidencia que las mujeres cuentan con las competencias y la formación necesarias para aprovechar con éxito las oportunidades de ascenso a la gerencia media y alta. El desafío es eliminar las barreras que lo impiden.


Rosa Amelia González y Víctor Carrillo, profesores del IESA

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Notas

[1] Universidad Católica Andrés Bello (2025). Encuesta nacional de condiciones de vida. https://www.proyectoencovi.com/

[2] Organización Internacional del Trabajo (2025). Panorama laboral 2024 de América Latina y el Caribe. https://www.ilo.org/es/publications/panorama-laboral-2024-de-america-latina-y-el-caribe

[3] Marcano, D. (2021, 1 de diciembre). Brecha de género en la matrícula estudiantil y en la población de egresados en las instituciones universitarias venezolanas. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. https://www.undp.org/es/venezuela/publicaciones/brecha-de-genero-en-la-matricula-estudiantil-y-en-la-poblacion-de-egresados-en-las-instituciones-universitarias-venezolanas

[4] González, R. A. y Rodríguez, A. (2019). Indicadores de la participación femenina y la igualdad de género en las empresas venezolanas [trabajo de investigación no publicado]. IESA-Embajada británica.

[5] Obuchi, R., Carrillo, V., González, R. A. y Ríos, A. (2024). El reto de las habilidades en el mercado laboral en Venezuela [trabajo de investigación no publicado]. IESA.

[6] Sivasankar, A. (2024). Grameen Bank: the microfinance revolution and its role in women empowerment. Centre for Development Policy and Practice. https://www.cdpp.co.in/articles/grameen-bank-the-microfinance-revolution-and-its-role-in-women-empowerment