El mágico número cinco

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Wallace Wang / Unsplash

Una creencia extendida sostiene que, cuando el rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a diez años supera el cinco por ciento, la rentabilidad de las acciones disminuye. No obstante, un estudio reciente mostró que no existe una relación clara. Lo que realmente importa, al parecer, es la rapidez con la que cambian los rendimientos de los bonos y la causa de las variaciones.


 

En los mercados financieros hay números mágicos que se comportan como umbrales: una vez que se cruzan abren las puertas a nuevas tendencias. Tal es el caso del rendimiento del cinco por ciento en las notas del Tesoro estadounidense a diez años. Ese umbral es solo un dato anecdótico: información basada en relatos, experiencias personales u observaciones individuales recopiladas de manera informal y no sistemática que puede ser muy llamativa, pero puede llevar a conclusiones erradas.

Un primer ejemplo de paso a través del umbral del cinco por ciento ocurrió en 1966, cuando el presidente Lyndon B. Johnson lidiaba de manera simultánea con dos frentes: la guerra de Vietnam y un programa de atención social llamado La Gran Sociedad. Además, en aquel momento el Congreso estadounidense aprobó una reducción de impuestos. Debido al impacto simultáneo de todos estos hechos, los déficits se dispararon, la inflación se desbocó y los tenedores de bonos reaccionaron negativamente. Aquel verano, el rendimiento del bono del Tesoro a diez años superó el 5 por ciento y no volvió a bajar: llegó a un máximo histórico del 15,81 por ciento en septiembre de 1981. En este lapso de quince años, el índice S&P 500 ajustado por inflación perdió más del 50 por ciento de su valor.

Un segundo episodio sucedió en 2023. La Reserva Federal llevaba más de un año subiendo las tasas de interés a corto plazo —pasaron de casi cero a más del cinco por ciento— para combatir la inflación. Los rendimientos de los bonos a más largo plazo quedaron rezagados ante la expectativa de que unas tasas de interés a corto plazo elevadas causaran una recesión, enfriaran la inflación e hicieran bajar de nuevo las tasas de interés.


El rendimiento de los bonos no es tan importante para las acciones como los factores que afectan a las tasas de interés.


Sin previo aviso, el rendimiento del bono del Tesoro a diez años se disparó un punto porcentual en la segunda mitad del año: superó el cinco por ciento en octubre por primera vez desde 2007, debido a que unos datos económicos convencieron a los inversionistas de que la Reserva Federal mantendría las tasas altas durante más tiempo del previsto, todo esto en un contexto de déficit fiscal creciente. El índice S&P 500 cayó un 10,3 por ciento desde su máximo de julio hasta su mínimo de octubre; los mayores descensos se produjeron al final, cerca de ese umbral del cinco por ciento en los bonos del Tesoro.

En el último cuatrimestre de 2026 se acerca, una vez más, el umbral del cinco por ciento. Los rendimientos de los bonos han aumentado recientemente debido a una inflación persistente, una economía resiliente, la postura de la Reserva Federal de mantener las tasas «más altas durante más tiempo» y un déficit gubernamental desbocado que ha elevado la deuda nacional a más de cuarenta billones de dólares. Lo incómodo en este momento es que, comparada con la del año 1966 cuando los mercados sufrieron turbulencias debido a déficits anuales que superaban el 1 por ciento del PIB y a una deuda nacional que alcanzaba el 40 por ciento del PIB, en la situación actual esas cifras se acercan al 6 por ciento y al 125 por ciento, respectivamente.

A diferencia de 1966, pese al déficit presupuestario estadounidense y los conflictos en Oriente Medio y Ucrania, las expectativas inflacionarias se han mantenido relativamente estables y todos los indicadores disponibles del mercado bursátil sugieren que no hay señales de pánico, ni siquiera de un deterioro gradual. El rendimiento de las notas del Tesoro estadounidense está en el orden del 4,7 por ciento y es poco probable que un rendimiento del 5 por ciento aleje a los inversionistas de la renta variable cuando los beneficios empresariales se disparan gracias a la materialización temprana de algunas inversiones en la economía de la inteligencia artificial.


Si los inversionistas llegan a la conclusión de que Washington intenta gestionar cada vez más los costos de financiamiento a largo plazo en lugar de enfrentar el déficit fiscal, podrían acabar exigiendo una prima por plazo más elevada.


Para tranquilidad de muchos, el año pasado el banco de inversión Goldman Sachs estudió la influencia del rendimiento de los bonos en la rentabilidad de las acciones. Sorprendentemente, la conclusión fue que no existe una relación clara. Las acciones han tenido buen desempeño tanto en períodos en los que el bono del Tesoro a diez años rendía menos del tres por ciento como en aquellos en los que superaba el seis por ciento. Lo que realmente importa, al parecer, es la rapidez con la que cambian los rendimientos y la causa de las variaciones.

David Kostin, estratega jefe de renta variable estadounidense de Goldman Sachs Research, sostuvo que el rendimiento de los bonos no es tan importante para las acciones como los factores que afectan a las tasas de interés. En el pasado, los movimientos bruscos en el mercado de bonos han coincidido con rentabilidades negativas en la renta variable; por lo general, los aumentos más pronunciados de los rendimientos han provocado caídas mayores en el mercado bursátil.

Cada ciclo económico tiene sus especificidades: la guerra de Vietnam para el presidente Johnson o el alza de las tasas interés en 2023. Pero esta vez son las agendas encontradas de la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro.

Si los inversionistas llegan a la conclusión de que Washington intenta gestionar cada vez más los costos de financiamiento a largo plazo en lugar de enfrentar el déficit fiscal, podrían acabar exigiendo una prima por plazo más elevada para mantener títulos del Tesoro a largo plazo. Si los inversionistas empiezan a creer que la Reserva Federal se está convirtiendo en una marioneta de la Casa Blanca para mantener bajas las tasas de interés y reducir la presión sobre los costos de financiación, la Reserva Federal perderá credibilidad. Esto haría que toda la curva de rendimientos se elevara y que el mercado bursátil corrigiese a la baja.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

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