Los bancos centrales incrementaron sus tenencias de oro, un hecho que se atribuye a los riesgos geopolíticos y la preocupación por las políticas comerciales y el déficit presupuestario de Estados Unidos. Algo similar han hecho países que han sido objeto de sanciones financieras estadounidenses en los últimos años.
A comienzos de junio de 2026 el Banco Central Europeo (BCE) publicó un reporte sobre el papel de la divisa europea en la economía mundial. Lo interesante de este reporte no es lo que dice del euro como activo de reserva de los principales bancos centrales del mundo, sino sobre uno de sus principales competidores en la cartera de reservas soberanas: el oro.
El reporte del BCE señala que los bancos centrales incrementaron sus tenencias de oro hasta alcanzar el 27 por ciento de las reservas en 2025, un aumento de siete puntos porcentuales en el último año, mientras que las de los bonos del Tesoro estadounidense disminuyeron tres puntos porcentuales para ubicarse en 22 por ciento. La recomposición de esta cartera de inversión se atribuye a los riesgos geopolíticos y la preocupación por las políticas comerciales y el déficit presupuestario de Estados Unidos (equivalente al 6 por ciento del PIB).
La recomposición de la cartera de reservas de los bancos centrales recuerda a muchos que, en 1971, estas instituciones hicieron un movimiento similar para cubrirse de la posibilidad de que el Gobierno de Richard Nixon pusiera fin a la convertibilidad del dólar en oro, como efectivamente sucedió meses después. Cincuenta y cuatro años después, los bancos centrales mundiales incrementaron drásticamente sus reservas de oro en medio de una creciente desconfianza hacia las políticas estadounidenses.
A finales del año pasado, las tenencias de lingotes superaban las carteras de bonos del Tesoro. En ambos casos, las decisiones provenientes de Washington —que afectaron el tipo de cambio internacional del dólar— también reflejaron las presiones relacionadas con la política estadounidense. La política y las políticas estadounidenses aún resuenan en los mercados de divisas.
La migración de capitales de los bonos del Tesoro estadounidense hacia el oro es, en gran medida, una reacción a las políticas de Washington.
En 1971 la decisión de romper el último vínculo del dólar con el oro ocurrió en medio de una gran agitación interna, que incluía la oposición a la aparentemente interminable guerra de Vietnam, además de crecientes tensiones raciales. Con la campaña de reelección presidencial a poco más de un año de distancia, la economía del país se veía afectada tanto por una inflación como por un desempleo persistente.
Esta vez la migración de capitales de los bonos del Tesoro estadounidense hacia el oro es, en gran medida, una reacción a las políticas de Washington que tuvieron repercusiones geopolíticas de escala mundial. Además de la creciente preocupación por la evolución de las finanzas públicas estadounidenses, los aliados de Estados Unidos se vieron afectados por la imposición de nuevos aranceles y una aparente ruptura de relaciones con Europa y otros miembros de la OTAN.
Desde la Guerra Fría muchos países mantenían sus excedentes en dólares y papeles del Tesoro estadounidense debido a la protección implícita que les ofrecía la robusta economía de ese país. Pero los cambios en el tablero geopolítico permiten suponer que esta protección incuestionable comienza a resquebrajarse.
Para hacer un paralelismo entre la derogación del sistema de Bretton Woods (1944) y los acontecimientos del año 2025, es necesario recordar que los déficits presupuestarios de finales de la década de 1960 derivados de la guerra de Vietnam y los programas de gasto público de la Gran Sociedad pusieron a prueba la paridad con el oro. Otras naciones, cada vez más preocupadas por estas políticas inflacionarias, optaron por intercambiar sus dólares por oro. Nixon, que atribuyó su derrota en las elecciones presidenciales de 1960 ante John F. Kennedy a una economía estancada, deseaba que el desempleo disminuyera de seis a cuatro por ciento y que la inflación, que rondaba el cinco por ciento, bajara.
El mayor comprador de oro el año pasado fue Tether, emisor de la criptomoneda estable, con más de cien toneladas.
Los demócratas, que controlaban ambas cámaras del Congreso, aprobaron la Ley de Estabilización Económica de 1970, que otorgaba al presidente republicano el poder de estabilizar precios, alquileres, salarios, tasas de interés y dividendos. Los demócratas pensaban que estaban poniéndole a Nixon una trampa al darle poderes que ideológicamente no querría ejercer. Pero se equivocaron: John Connally, el secretario del Tesoro de Nixon, implantó las drásticas medidas de control de precios que la nueva ley les permitía.
Otro cambio radical con respecto a los precedentes fue la participación de Arthur Burns, presidente de la Reserva Federal, supuestamente independiente, en la elaboración del programa de terapia de choque de Nixon. Al igual que muchos académicos de la época, Burns no creía que la inflación fuera resultado de la impresión excesiva de dinero, sino del poder de las corporaciones y los sindicatos para aumentar los precios y los salarios. Con los controles de precios y salarios en vigor, la Reserva Federal de Burns cedió a la presión de Nixon para recortar las tasas de interés a corto plazo, lo que provocó un repunte bursátil y, también, la estanflación de la década de 1970.
Los críticos del momento consideraron que estas políticas inflacionarias conducirían a la inevitable desaparición del dólar como principal moneda de reserva mundial. Sin embargo, factores geopolíticos y de seguridad preservaron el estatus del dólar.
Al volver al año 2025 aparece Barry Eichengreen, economista de la Universidad de Berkeley. En su nuevo libro, Money beyond borders: global currencies from Croesus to Crypto (Dinero sin fronteras: las monedas globales desde Creso a las criptos) argumenta que el futuro del dólar depende de que el Gobierno respete el Estado de derecho, mantenga la separación de poderes y cumpla sus compromisos con sus socios extranjeros. Dado el comportamiento reciente del Gobierno de Trump, avalado por buena parte del Partido Republicano, no es de extrañar que los aliados tradicionales duden de la robustez de los pactos sellados durante la Guerra Fría y, por lo tanto, tengan menos incentivos para mantener bonos del Tesoro estadounidense en lugar de oro, un activo sin vínculos nacionales.
Los riesgos geopolíticos parecen ser un importante estímulo para las compras de oro de los bancos centrales, según indicó el BCE en su reporte. Polonia compró alrededor de cien toneladas métricas de oro el año pasado, seguida de Kazajistán, Brasil, China y Turquía. El mayor comprador de oro el año pasado fue Tether, emisor de la criptomoneda estable, con más de cien toneladas. Esto apunta hacia esta criptomoneda como otra posible alternativa al dólar para las transacciones internacionales.
El oro presenta limitaciones como activo de reserva oficial en comparación con las principales monedas fiduciarias.
Los motivos para invertir en oro van más allá de la fortaleza de la alianza de la OTAN, añade Eichengreen. También se han observado cambios significativos a favor del oro en países que han sido objeto de sanciones financieras estadounidenses en los últimos años. Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, China ha adquirido 350 toneladas, seguida de Polonia (320 toneladas), Turquía (220 toneladas) y la India (130 toneladas).
El reporte del BCE deja claro que «de cara al futuro, el oro presenta limitaciones como activo de reserva oficial en comparación con las principales monedas fiduciarias: su precio es volátil, no produce ingresos y, cuando se mantiene en forma física, su almacenamiento es costoso. Y lo que es más importante, la oferta de oro no es totalmente elástica y no se ajusta sin problemas a las fluctuaciones de la demanda internacional de liquidez».
Los inversionistas globales siguen llegando a Estados Unidos, sobre todo para comprar acciones estadounidenses. Según datos del Tesoro estadounidense, los inversionistas extranjeros poseían 33,7 billones de dólares en valores a largo plazo al 30 de junio de 2025, frente a los 29,57 billones de dólares del año anterior. Las acciones estadounidenses representaban la mayor parte de las tenencias de los inversionistas extranjeros en Estados Unidos (19,86 billones) en comparación con los 16,88 billones del año anterior.
La gran pregunta que se deriva del comportamiento del oro entre los años 1970-1971 y en 2025 es si, a falta de mejores opciones de activo refugio, los bancos centrales seguirán comprando oro —señal de que las alianzas de la Guerra Fría terminarán desapareciendo— o en el camino Estados Unidos revaluará su posición y tratará de conservar el papel estabilizador de las últimas ocho décadas.
Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA
Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.
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