Escenarios y futuro: superar la parálisis ante la incertidumbre

Sergey Nivens / Stocklib

En un contexto de transición e incertidumbre, Venezuela enfrenta el reto de pasar de una cultura de supervivencia a una de competitividad y anticipación. Un ejercicio de formulación de escenarios para 2030 permite explorar cómo fortalecer la capacidad de construir una nación libre, democrática y próspera.


 

Venezuela atraviesa un momento marcado simultáneamente por el optimismo y la incertidumbre, en medio de la conmoción y el luto por uno de los peores desastres naturales de su historia. Por primera vez en muchos años, la construcción de una nación libre, próspera y democrática vuelve a percibirse como una opción posible. Esto representa un cambio importante: después de años de sobrevivir el presente y mirar al pasado, comienza a reaparecer la opción de pensar el futuro.

Durante mucho tiempo, la crisis económica, política y social redujo la perspectiva de un mañana diferente para los venezolanos. Una sociedad que vive durante años en inflación, conflicto político, emigración, deterioro institucional y precariedad deja de pensar en décadas y proyectos colectivos para dedicarse a resolver el hoy, protegerse, sobrevivir, adaptarse. Culturalmente, el país ha tendido a construir gran parte de su identidad sobre relatos del pasado (gestas, ciclos políticos, promesas incumplidas), mientras que el presente imponía dinámicas de reacción inmediata. En este contexto, imaginar el largo plazo deja de ser prioridad y el futuro comienza a percibirse como algo lejano e incierto, más que como posibilidad de construcción.

Pensar el porvenir no es un ejercicio accesorio ni un acto de fe u optimismo. Diversas investigaciones en neurociencia y psicología han mostrado que la manera de imaginar y anticipar el futuro condiciona profundamente las decisiones en el presente.

La habilidad de proyectarse hacia adelante amplía la comprensión de la realidad y permite reconocer patrones de cambio, incorporar información que normalmente pasaría inadvertida y manejar la incertidumbre, entendida hoy como una condición permanente del entorno. Más que un evento, el futuro es el resultado de una capacidad.

Quizás uno de los mayores desafíos de la Venezuela que emerge sea precisamente recuperar y fortalecer esa aptitud para diseñar conscientemente el mañana. En el camino que conducirá a la construcción del mañana deseado persisten riesgos y tensiones que podrían desviar al país de esa trayectoria. Por ello es válido preguntar cuáles escenarios se abren para Venezuela en esta coyuntura transicional y qué pueden hacer desde ahora empresas, inversionistas y líderes institucionales para contribuir a la construcción de un futuro más sólido y sostenible.

Desde la perspectiva de la anticipación de futuros, como disciplina, el porvenir no es algo que simplemente ocurre, sino el resultado de decisiones, acciones y habilidades colectivas. Anticipar implica desarrollar una mentalidad que combina tres dimensiones inseparables: visión, evaluación exhaustiva del entorno y elaboración de estrategias.


Entre las diferentes infraestructuras que el país necesita reconstruir hay una intangible, pero decisiva: la anticipatoria.


La primera exige preguntar qué tipo de país, empresa o institución se desea crear; la segunda, cuáles señales, tendencias y fuerzas de cambio pueden habilitar, acelerar o limitar esa visión; la tercera, cuáles serán tenidas en cuenta al formular estrategias. Cuando estas dimensiones —visión, entorno y estrategia— se articulan, es posible transformar la incertidumbre en facultad de construcción consciente de futuro.

El verdadero logro estratégico de una Venezuela en transición no es únicamente prever escenarios, sino también desarrollar una cultura capaz de construir conscientemente futuro. Entre las diferentes infraestructuras que el país necesita reconstruir hay una intangible, pero decisiva: la anticipatoria. Esta permite pasar de la reacción a la acción deliberada, de la adaptación a la transformación, de la resiliencia a la competitividad y, más allá aún, a la creación activa del mañana.

Peerayut Nantajeeworawat / Stocklib

 

Escenarios para la Venezuela 2030

Los escenarios no son ejercicios de predicción, sino herramientas de anticipación estratégica que amplían la mirada ante las posibles trayectorias que puede seguir el país, con la intención de orientar mejor los procesos de decisión y las posibilidades de Venezuela hacia 2030. Elaborar escenarios constituye una habilidad que requiere disciplina, rigor y ética. No consiste en activar la imaginación de manera improvisada ni apelar al tan conocido pensamiento ilusorio, sino en emplear de forma sistemática un método para describir diferentes futuros posibles.

El método está integrado por una variedad de enfoques que podrían emplearse; la escogencia de uno en particular dependerá del propósito que se desea alcanzar y la naturaleza de la situación para la que se construyen los escenarios. En el caso venezolano, dada la complejidad de la policrisis que ha atravesado el país, conviene utilizar enfoques capaces de incorporar no solo variables coyunturales, sino también factores institucionales, culturales y de largo plazo.

A partir de estas consideraciones, propósitos y restricciones se obtienen cuatro escenarios generales posibles para la Venezuela 2030 que incorporan tres ejes estructurales (grado de reinstitucionalización democrática, profundidad de las reformas económicas y grado de desarrollo de una cultura anticipatoria), elaborados aplicando el enfoque de futuros alternativos de Jim Dator.[1]

  1. Recaída y colapso: el país no logra superar sus tensiones estructurales ni construir un horizonte compartido. La apertura democrática es limitada o inexistente; resurgen conflictos políticos y la desconfianza alimenta la volatilidad económica. Aunque puedan aparecer señales parciales de apertura, Venezuela continúa siendo percibida como un entorno de gran riesgo para la inversión. Predominan estrategias empresariales de supervivencia.
  2. Estabilización controlada: se consolidan cierto orden institucional y cierta estabilidad económica, pero con limitada pluralidad política y escasa participación social. Hay modernización parcial y crecimiento selectivo, aunque el horizonte de desarrollo sigue definiéndose desde arriba. La inversión extranjera aumenta con cautela y las organizaciones priorizan resiliencia y adaptación táctica.
  3. Crecimiento económico con apertura parcial: ocurre una recuperación económica más amplia, acompañada de mayor apertura política y reinserción internacional. Aumentan la inversión, el consumo y las oportunidades de negocios. Sin embargo, persisten lógicas extractivas, desigualdades estructurales y una visión predominantemente cortoplacista. El país gana competitividad, pero sin una transformación profunda de sus bases institucionales y culturales.
  4. Transformación profunda: Venezuela avanza hacia una reconstrucción institucional sostenida por una visión compartida de futuro. La cooperación entre sectores se fortalece, aumenta la inversión en capacidades humanas, innovación y educación, y se consolida una cultura anticipatoria orientada al largo plazo. En un entorno de estabilidad y garantías institucionales, el país se convierte en un destino muy atractivo para la inversión y el desarrollo sostenible. Venezuela pasa de la competitividad a la construcción consciente de su futuro.

Al observar estos escenarios en conjunto, se destaca un elemento decisivo: la diferencia entre responder al cambio y construir deliberadamente el futuro. Los escenarios 3 y 4 ofrecen las perspectivas más favorables; sin embargo, solo el cuarto supone el desarrollo de una auténtica habilidad anticipatoria colectiva. La prosperidad sostenible dependerá no solo de reformas económicas o aperturas políticas, sino del desarrollo de una cultura estratégica capaz de articular una visión compartida basada en libertad, reconstrucción institucional, democracia y competitividad de largo plazo.


El futuro de Venezuela dependerá menos de tendencias inevitables y más de la habilidad colectiva para construir visión, coordinación y capacidad de acción.


Experiencias internacionales

Importantes referentes internacionales de transiciones complejas muestran que los procesos de transformación profunda rara vez dependen exclusivamente de recursos o coyunturas favorables. Singapur, Corea del Sur, Dubái y Suráfrica, entre otros ejemplos, evidencian que la construcción de una narrativa nacional clara, acompañada de visión estratégica y orientación de largo plazo, puede modificar radicalmente las trayectorias de un país.

 

Experiencias internacionales de transiciones complejas

País Características Ejes de transformación
Singapur Una vez se independiza en 1965, el Gobierno de Lee Kuan Yew promueve reformas profundas con una sólida narrativa: el país no podía seguir siendo una economía rentista, sino que debía convertirse en una economía competitiva, educada y tecnológica, con inserción global. Singapur incorporó la anticipación de futuros y la convirtió en parte de su cultura e instituciones, aunque en un marco de libertades políticas restringidas. Reformas económicas profundas

 

Cultura anticipatoria

Corea del Sur Para superar las condiciones de pobreza, destrucción institucional, incertidumbre y dependencia extranjera, al finalizar la guerra de Corea, en el país se promovió una cultura de modernización, desarrollo y largo plazo, a la par que emprendió la transición hacia la democracia. Corea del Sur dio el salto de una cultura de supervivencia a una de excelencia e innovación. Reformas económicas

 

Reformas políticas

 

Cultura anticipatoria

Dubái Pasó de ser una economía petrolera rentista a convertirse en un imán del talento y una economía diversificada sostenida en la tecnología y la innovación. Antes de que sus recursos petroleros se agotaran, los invirtió en infraestructura de primera. La base de su transformación fue la Agenda 2033, en la que plasmó sus objetivos económicos. Cultivó una cultura anticipatoria que le llevó a la creación de la Dubai Future Foundation y el Museo del Futuro, que la sostienen. Reformas económicas profundas

 

Compromiso con la innovación

 

Cultura anticipatoria

Sudáfrica La transición impulsada con el fin del apartheid se basó en una narrativa integradora (The Rainbow Nation), la construcción de imaginarios colectivos y la reconciliación como proyecto de futuro. Reformas políticas

 

Reformas económicas

 

Narrativa de futuro (inclusión y reconciliación)

 

De estas experiencias se derivan importantes lecciones:

  • Partir de condiciones críticas no es una condena irreversible.
  • La abundancia de recursos no garantiza desarrollo.
  • La visión compartida acelera la recuperación económica e institucional.
  • La cultura anticipatoria es un activo estratégico.

Estos casos sugieren que el futuro de Venezuela dependerá menos de tendencias inevitables y más de la habilidad colectiva para construir visión, coordinación y capacidad de acción. El momento actual abre una ventana de oportunidad extraordinaria, para pasar de una lógica de supervivencia a una de competitividad y, posteriormente, a una cultura anticipatoria capaz de diseñar y construir futuros deseados.


Una sociedad puede invertir, crecer y reinsertarse en la economía global y aun así permanecer atrapada en el cortoplacismo, la improvisación y la dependencia de circunstancias externas.


Mentalidad para la construcción de futuro

Pasar de la resiliencia a la competitividad es un paso necesario para empresas consolidadas y emergentes en la Venezuela actual. Ahora bien, la prosperidad sostenible exige avanzar hacia algo más profundo: el desarrollo de una mentalidad anticipatoria capaz de orientar decisiones estratégicas de largo plazo. Instituciones de talla mundial, como el Instituto de Tecnología de Massachussets, el Instituto para el Futuro y la Unesco, han prestado especial atención al desarrollo de las habilidades de anticipación y a la alfabetización de futuro (futures literacy). Surgen de estas instituciones y de la experiencia internacional importantes lecciones que pueden ayudar a comprender en qué consiste desarrollar una mentalidad de futuro y por qué esta competencia será decisiva para la Venezuela que emerge.

Consolidar una mentalidad de futuro requiere el desarrollo de las siguientes aptitudes:

  1. Visión: contar con una imagen clara del futuro que se desea construir para los negocios y para el país. La visión identifica prioridades, moviliza recursos y da coherencia a la acción. La pregunta clave es: ¿opera mi organización solo para responder a lo inmediato o construye una visión compartida del porvenir?
  2. Perspectiva sistémica: comprender que el desempeño empresarial depende también de las condiciones estructurales del entorno. Sin libertad económica, institucionalidad sólida, transparencia y democracia, las posibilidades de crecimiento sostenible son limitadas. Los líderes empresariales necesitan preguntarse qué papel están dispuestos a asumir en la construcción de esas condiciones.
  3. Conciencia anticipatoria: creencias, premisas y supuestos condicionan las imágenes del futuro. Las sociedades atrapadas en narrativas fatalistas tienden a reproducirlas. En cambio, aquellas capaces de revisar críticamente sus supuestos amplían su facultad de adaptación y transformación. De allí que empresas y líderes deban hacer conscientes sus premisas y supuestos de cara al porvenir.
  4. Evaluación rigurosa del contexto: es necesario complementar la visión con una lectura amplia y fundamentada de señales, tendencias y fuerzas de cambio. Anticipar requiere apertura intelectual, disposición a cuestionar creencias previas y a incorporar información divergente.
  5. Imaginación rigurosa: el futuro solo puede imaginarse, no recordarse. Pero la imaginación estratégica exige rigor: conectar información de manera diferente para crear alternativas viables y evitar reproducir automáticamente el pasado.
  6. Experimentación y aprendizaje adaptativo: los entornos transicionales requieren flexibilidad estratégica. Construir nuevas realidades exige disposición a ensayar soluciones innovadoras, aprender rápidamente y ajustar cursos de acción ante la incertidumbre.
  7. Responsabilidad sobre el futuro: la habilidad anticipatoria no se limita al análisis, implica acción. Empresas, líderes e instituciones necesitan percatarse de que sus acciones influyen en las trayectorias futuras del país. Donde no hay acción estratégica, otros definen el rumbo.

La pregunta central para empresarios, gerentes e inversionistas es precisa: ¿están invirtiendo en desarrollar la capacidad anticipatoria de sus organizaciones y del entorno? En contextos de transformación, quienes desarrollan una mentalidad de futuro no solo se preparan mejor para lo que viene, sino también amplían sus posibilidades de liderar y crear nuevas oportunidades.


El verdadero desafío de la Venezuela que emerge es más profundo: desarrollar una nueva relación psicológica, cultural y estratégica con el porvenir.


El gran desafío

Venezuela entra en una etapa de reapertura en la que competir será indispensable, pero no suficiente. El verdadero desafío consiste en desarrollar una cultura capaz de pensar y actuar estratégicamente a largo plazo. Una sociedad puede invertir, crecer y reinsertarse en la economía global y aun así permanecer atrapada en el cortoplacismo, la improvisación y la dependencia de circunstancias externas.

El verdadero desafío de la Venezuela que emerge es más profundo: desarrollar una nueva relación psicológica, cultural y estratégica con el porvenir. Ello requerirá no solo reconstruir su infraestructura física, económica e institucional, sino también desarrollar infraestructura anticipatoria. Tal como indican las experiencias de países que han superado crisis profundas, las grandes recuperaciones nacionales no comienzan cuando desaparecen las dificultades, sino cuando una sociedad decide imaginar el país que desea construir y empieza a actuar en consecuencia.

El futuro venezolano no está escrito. Dependerá menos de las circunstancias y más de la habilidad colectiva para imaginar con responsabilidad, anticipar con inteligencia y actuar decididamente con visión estratégica. En tiempos de transición, el futuro deja de ser únicamente una incógnita: se convierte en la principal ancla y, al mismo tiempo, en la mayor oportunidad para construir una Venezuela libre, democrática y próspera.


Claudia Álvarez Ortiz y María Elena Pinto, profesoras del IESA

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Fuentes del cuadro «Experiencias internacionales de transiciones complejas»:

  • Centre for Strategic Futures (2019). Foresight, tenth anniversary issue. Prime Minister’s Office, Singapore. https://www.csf.gov.sg/files/media-centre/publications/csf_foresight_2019.pdf
  • Dubai Future Foundation (2023). Transforming futures: Dubai foresight principles. https://tinyurl.com/25buysa8.
  • Eichengreen, B., Lim, W., Park, Y. C. y Perkins, D. H. (2015). The Korean economy: from a miraculous past to a sustainable future. Harvard East Asian Monographs, 375. https://doi.org/10.2307/j.ctv47w8z4
  • TFSX [The Futures School] (2019). The guide to the Natural Foresight framework. https://tinyurl.com/3dzuht6f

 

Notas

[1] Dator, J. (2009). Alternative futures at the Manoa School. Journal of Futures Studies, 14(2), 1-18. https://jfsdigital.org/wp-content/uploads/2014/01/142-A01.pdf

Dator, J. (2017, julio). Manoa’s four generic images of the future. Compass, 2-7. https://static1.squarespace.com/static/5bc578bdfb22a52798f8a038/t/
5d1844fe53fad10001fbf127/1561871656439/4.+Dator-4+Futures+Museum.pdf