El nuevo presidente de la Reserva Federal podría verse acorralado entre la exigencia de la Casa Blanca de reducir las tasas de interés y la presión de los miembros más radicales del banco central estadounidense para aumentarlas. Sin embargo, Warsh podría convencerlos de aceptar que las tasas se mantengan invariantes durante unos seis meses: una especie de tregua para preservar la credibilidad y tomar luego medidas más importantes.
Recientemente, el Senado de Estados Unidos confirmó a Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal (Fed). A partir de este momento, el nuevo líder tendrá que enfrentar el primero de numerosos retos: atender la preocupación reinante por el aumento de la inflación (se espera una inflación cercana al cuatro por ciento, casi el doble del objetivo fijado por el banco central estadounidense).
La inflación lo pondrá a prueba casi de inmediato. Cifras muy superiores al objetivo de la Fed podrían obligar al Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) a tomar medidas que obligaran a Warsh a endurecer su discurso más rápidamente de lo que él desearía, lo que reduciría su margen de maniobra.
En los meses anteriores a la guerra con Irán se observaba cierto alivio en las presiones inflacionarias. Pero, desde comienzos de marzo de este año, el precio de la gasolina ha subido de menos de 3 dólares por galón a más de 4,50. Los agricultores enfrentan aumentos en los precios de los fertilizantes de entre el 25 y el 50 por ciento. Incluso si la guerra cesase mañana, las cadenas de suministros y los precios tardarían meses en normalizarse.
Esto pone a la Fed en una situación difícil, porque lidia con el mayor número de disidencias en el FOMC en más de treinta años. Tres presidentes de bancos regionales de la Reserva Federal rompieron filas en la reunión de política monetaria de finales de abril para votar en contra de una cláusula que sugería un recorte de tasas.
El FOMC dista mucho de ser un grupo homogéneo. El grupo de los miembros más intransigentes del comité se opone a una política monetaria más flexible y está dispuesto a presionar activamente para que suban los tipos de interés si los precios de la energía siguen aumentando.
La Fed ha aprendido en los últimos años que una serie de choques aparentemente transitorios e individuales pueden acumularse en una inflación persistentemente alta cuando la demanda supera una oferta restringida.
Una crisis energética sostenida que se extienda a los precios de otros bienes y servicios socavaría por completo la justificación para ignorar los recientes datos de inflación. Para este grupo, tratar el aumento del precio del petróleo como algo temporal y mantener la política monetaria de antes del conflicto con Irán no es sostenible, pues estos no son tiempos normales.
En los meses previos a la guerra, la inflación subyacente en Estados Unidos se había acelerado hasta alcanzar el 3,2 por ciento, mientras que muchas otras economías avanzadas la habían reducido hasta acercarse al objetivo del 2 por ciento. Los consumidores estadounidenses ya se veían afectados por el aumento de los precios de los alimentos debido al alza de los aranceles, las tarifas eléctricas y las primas de los seguros médicos.
La invasión rusa de Ucrania en 2022 causó un aumento vertiginoso de los precios de las materias primas debido a una ola tras otra de interrupciones en la cadena de suministro durante la era del covid. Una secuencia prolongada de choques de oferta adversos probablemente requerirá una política monetaria más restrictiva. El choque petrolero de la guerra con Irán no se produce de forma aislada; es la última de una serie de perturbaciones autoinfligidas que comenzaron a principios de 2025.
Cuando los consumidores esperan que la inflación persista, obligan a las empresas a cambiar su estrategia de fijación de precios: un choque temporal se convierte en algo más permanente. La Fed ha aprendido en los últimos años que una serie de choques aparentemente transitorios e individuales pueden acumularse en una inflación persistentemente alta cuando la demanda supera una oferta restringida.
Durante años, Warsh ha argumentado que el balance del banco central ha crecido mucho más allá de las necesidades de la economía.
El año pasado los funcionarios de la Fed pensaban que podían desestimar los brotes inflacionarios ocasionados por el alza de aranceles del gobierno de Trump y, por lo tanto, no desechar la idea de seguir recortando los tipos de interés. Pero, con el auge del precio del petróleo que se solapa con la inflación arancelaria, una política expansiva de la liquidez luce muy arriesgada.
Para Wall Street, el nuevo presidente de la Fed estaría acorralado entre la exigencia de reducir las tasas de interés solicitada por la Casa Blanca y la presión de los miembros más radicales del FOMC para aumentarlas. Pero Warsh podría convencer a los miembros de su comité de aceptar que las tasas se mantengan invariantes durante los próximos seis meses. Esta pausa podría actuar como una especie de tregua que le permitiría preservar la credibilidad necesaria para tomar medidas más importantes a finales de este año, cuando la guerra con Irán y las fricciones con China pudieran estar resueltas o al menos controladas.
Una declaración de política monetaria más neutral del FOMC, bajo la dirección de Warsh, daría a los miembros más radicales de este comité lo que han pedido públicamente sin comprometer a la Fed: endurecer la política monetaria. También proporcionaría a Warsh un comité unificado, quizás en su primera votación.
La postura de la Casa Blanca parece estar moderándose, para beneficio de Warsh. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, que presionó enérgicamente para que bajaran las tasas a comienzos de año, suavizó su posición en las últimas semanas, lo que ha brindado a Warsh una cobertura política de la que el anterior presidente, Jerome Powell, nunca disfrutó. Durante el último año, Powell fue blanco de ataques públicos del presidente Trump, que amenazó con despedirlo e instó al Departamento de Justicia a investigar su gestión, una medida que se atribuye a la negativa de Powell a bajar las tasas tan rápidamente como deseaba la Casa Blanca.
Ahora que Bessent no exige públicamente recortes, Warsh tiene tiempo para esperar sin parecer que desafía a la Casa Blanca. Los inversionistas han ajustado sus expectativas para reflejar una Fed en pausa. Los contratos de futuros vinculados a la tasa de política monetaria de la Reserva Federal apenas se mueven, por el supuesto de que se mantendrá sin cambios, y la recuperación de los precios de las acciones desde sus mínimos de marzo reflejan, en parte, una disminución de la preocupación sobre la futura trayectoria de la política monetaria.
Reducir el balance y recortar las tasas de interés puede parecer contradictorio; pero, para Warsh, estas medidas podrían funcionar conjuntamente.
Al mantener la tasa de los fondos federales durante el próximo semestre en el rango objetivo actual de entre el 3,50 y el 3,75 por ciento, Warsh podría reorientar sus esfuerzos hacia otro frente que le ha preocupado: reducir el balance de la FED, que asciende a 6,7 billones de dólares. Durante años, Warsh ha argumentado que el balance del banco central ha crecido mucho más allá de las necesidades de la economía.
Cuando en 2006 Warsh se unió por primera vez al directorio de la Fed, el balance era de aproximadamente 800.000 millones de dólares. Las sucesivas rondas de compra de bonos durante la crisis financiera y la pandemia de covid lo impulsaron a un máximo cercano a los nueve billones, antes de que la Fed comenzara a permitir que algunas colocaciones en bonos no se renovaran al vencimiento. En opinión de Warsh, el balance debería estar cerca de tres billones.
Reducir el balance y recortar las tasas de interés puede parecer contradictorio; pero, para Warsh, estas medidas podrían funcionar conjuntamente. La venta de bonos, o su vencimiento sin renovación, tendería a elevar las tasas a largo plazo, porque los inversionistas privados tendrían que absorber una mayor oferta. Reducir la tasa de referencia a corto plazo tendría el efecto contrario.
Esta combinación podría permitir a Warsh reducir la presencia de la Fed en los mercados sin perjudicar la economía. Sin embargo, es una secuencia delicada que requiere un voto de confianza del FOMC, precisamente lo que un recorte de tasas temprano y controvertido pondría en riesgo.
En un mundo ideal, los miembros del FOMC deberían actuar como los caballeros de la mesa redonda del legendario rey Arturo, que se reunían para debatir asuntos del reino sin jerarquías en un ambiente de igualdad y unidad. Pero la verdad es que Washington no es Camelot y Warsh dista mucho de ser el rey de las leyendas medioevales. Es un hombre capaz, pero no el arquetipo del «monarca perfecto».
Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA
Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.
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