Una intervención estratégica del Estado fue fundamental para el desarrollo de Singapur en dos fases: 1) movilización y control de la mano de obra para atraer inversión extranjera, y 2) inversión masiva en capital humano y educación. Este modelo ofrece una estrategia replicable para países en desarrollo: el crecimiento exitoso puede resultar de una planificación deliberada y adaptable.
El crecimiento sostenido de Singapur durante las últimas cinco o seis décadas hizo que el país pasara del tercer mundo al primero. Esto se atribuye a su eficaz planificación del desarrollo, a sus políticas estratégicas y, lo que es más importante, a una articulación eficaz de políticas laborales, industriales y educativas.
Gracias a la combinación de políticas de mano de obra y estrategias industriales, Singapur pasó rápidamente de ser una economía con base manufacturera de escaso valor agregado a un centro mundial de industrias intensivas en conocimiento y tecnología. En poco tiempo se convirtió en una de las naciones más prósperas y competitivas del mundo.
La transformación económica de Singapur: más allá del mercado
Las teorías sobre el desarrollo económico se dividen generalmente en dos grandes enfoques:
- Economía neoclásica: mercados libres y mínima intervención estatal son los impulsores naturales del crecimiento.[1]
- Teorías estatistas: las estrategias dirigidas por el Estado, como las políticas industriales, son esenciales para corregir los fallos del mercado.[2]
Ambas perspectivas tienden a subestimar un factor clave: la movilización de la mano de obra. La transformación económica requiere no solo capital y mercado, sino también una fuerza laboral calificada y adaptable a las necesidades de la industria. La experiencia de Singapur ilustra cómo las políticas laborales estratégicas pueden cerrar la brecha entre los objetivos económicos y las realidades sociales.[3]
Fase I: industrialización y mano de obra disciplinada (1965-1978)
Tras su expulsión de Malasia en 1965, Singapur poseía un gran desempleo y una fuerza laboral poco calificada. Su estrategia inicial se centró en la industrialización orientada a la exportación. Su objetivo era ofrecer una mano de obra disciplinada y de bajo costo para atraer a empresas multinacionales que buscaban sitios de fabricación económicos.
El Gobierno implementó políticas decisivas para este fin:
- Control laboral: Singapur promulgó las leyes de Empleo y de Relaciones Laborales (1968) para limitar el poder sindical y mantener los salarios bajos. Esta estrategia permitió evitar inflación salarial y garantizar estabilidad laboral, lo que atrajo inversión extranjera directa en sectores intensivos en mano de obra.[4] Para 1976, el sector manufacturero empleaba al 27 por ciento de la fuerza laboral.
- Reestructuración social y urbana: la Ley de Adquisición de Tierras (1966) permitió al Gobierno obtener terrenos a bajo costo para construir polígonos industriales y vivienda pública. Esto facilitó la transición de trabajadores informales hacia empleos estructurados y garantizó estabilidad social.[5]
La experiencia de Singapur ilustra cómo las políticas laborales estratégicas pueden cerrar la brecha entre los objetivos económicos y las realidades sociales.
Fase II: hacia una economía posindustrial (de 1979 en adelante)
A finales de la década de los setenta, Singapur reaccionó a las limitaciones de su modelo de mano de obra barata, especialmente ante la creciente competencia de países como China e India. Inició un giro estratégico hacia las industrias intensivas en capital, lo que exigía una transformación radical de la cualificación de la fuerza laboral.
La nueva estrategia se basó en el desarrollo del capital humano. La teoría del capital humano sostiene que la inversión en educación y capacitación incrementa la productividad y el crecimiento.[6] Las nuevas políticas incluyeron:
- Capacitación continua: se creó el Fondo de Desarrollo de Cualificaciones para financiar programas de mejora y recapacitación profesional. Estos programas permitieron a los trabajadores de la manufactura de baja cualificación migrar hacia sectores más avanzados como petroquímica, electrónica y servicios financieros.
- Inversión en educación: el énfasis en la educación, especialmente en áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, fue fundamental para crear una mano de obra especializada en ciencia y tecnología, y sentó las bases para el crecimiento de sectores de alto valor añadido.[7]
- Profesionalización del sector público: la competitividad de los salarios públicos con respecto a los del sector privado fue clave para atraer y retener talento, y fortalecer la capacidad institucional del país.
Gracias a estas políticas, entre 1978 y 1981 la inversión en capital fijo por trabajador aumentó un 71 por ciento y el valor añadido por trabajador, un 28 por ciento. A partir de los años noventa, Singapur se consolidó como uno de los principales centros financieros de Asia.
Algunos billetes de Singapur, como el de dos dólares, incorporan ilustraciones alusivas a instituciones educativas y estudiantes. Esta elección iconográfica forma parte de una serie temática que celebra valores nacionales como la educación, la justicia y el progreso, y refuerza el papel de la enseñanza en el desarrollo del país.

Singapur en las clasificaciones globales: un modelo exitoso de desarrollo
La transformación estructural de Singapur se refleja en su posicionamiento sostenido en las principales clasificaciones de crecimiento económico, estabilidad laboral y expectativas de vida internacionales:
- Ciudades más innovadoras: 5.° lugar en 2025 (World Intellectual Property Organization).
- Competitividad económica: 1.° lugar en 2024 (IMD).
- Confianza institucional: 5.° lugar en 2024 (Edelman Trust Barometer).
- Libertad económica: 1.° lugar en el índice de 2023 (Heritage Foundation).
- Turismo y riqueza (ciudad más visitada y con más millonarios): 5° lugar en 2023.
- Transporte público: 6.° lugar mundial en 2023 (TimeOut).
- Sistema financiero (centro financiero global): 3.° lugar en 2023 (Advisor Channel).
- PIB por persona y salud: 8.° en PIB per cápita y 3.° en menor índice de mortalidad (World of Statistics).
- Crecimiento sostenido: promedio superior al 5,4 por ciento en 25 años (The Spectator Index).
- Innovación y desarrollo humano: 8.° lugar en el índice de Innovación Global de 2021.
- Clasificado como país de alto desarrollo humano (ONU).
- Entorno empresarial: 2.° lugar en Doing Business 2020 (Banco Mundial).
- Competitividad global: presencia constante en los primeros lugares del Foro Económico Mundial.
El modelo singapurense
Las claves del éxito de Singapur pueden resumirse en cinco pilares estratégicos:
- Planificación centralizada y efectiva: el Gobierno ha desempeñado un papel activo en la planificación económica: dirige inversiones hacia sectores estratégicos y asegura que las políticas laborales respondan a las necesidades del mercado.
- Educación y capital humano: la inversión en educación y formación de la fuerza laboral ha sido fundamental para adaptarse rápidamente a las exigencias cambiantes de la economía global.
- Atracción de inversión extranjera directa: políticas favorables y estabilidad industrial han atraído a empresas multinacionales que buscan establecer operaciones en Singapur. Esto ha facilitado la transferencia de tecnología y conocimientos a la economía local.
- Infraestructura de clase mundial: la inversión significativa en infraestructura creó un sistema de transporte eficiente y un entorno urbano bien planificado que apoya tanto a empresas como a residentes.
- Marco legal eficaz: la combinación de un marco regulatorio sólido y una administración pública eficiente ha permitido la solución efectiva de conflictos comerciales, y garantizado la protección de los derechos de propiedad y la estabilidad jurídica necesaria para impulsar los negocios.
El ejemplo de Singapur muestra que el desarrollo no es producto exclusivo de las fuerzas del mercado, sino del diseño deliberado de políticas públicas que articulan lo económico con lo social.
Lecciones para los mercados emergentes
La experiencia de Singapur subraya la necesidad de alinear las políticas laborales con los objetivos industriales. El éxito del país contrasta con casos como los de India y Sudáfrica, que enfrentan un desajuste de cualificaciones o una falta de programas de capacitación efectivos que limitan su capacidad para atraer inversión extranjera directa.
Las principales lecciones son:
- Anticipar las necesidades del futuro: los gobiernos deben prever la demanda de cualificaciones y adaptar los sistemas educativos y de formación para satisfacerla.
- Integrar políticas laborales y sociales: las políticas sociales (como vivienda y ahorro obligatorio) pueden proporcionar estabilidad a los trabajadores durante las transiciones económicas.
- Adaptarse a las circunstancias: las estrategias de movilización laboral deben evolucionar con la realidad económica, como demostró el cambio de Singapur hacia industrias de mayor valor agregado.
- Fortalecer las instituciones: mantener salarios competitivos en el sector público es vital para retener talento y asegurar una gestión pública eficaz.
La transformación económica de Singapur es un poderoso ejemplo de cómo la intervención estratégica del Gobierno en los mercados laborales puede ser un motor del desarrollo sostenido. Desde el control institucional en las primeras etapas y su posterior apuesta por el capital humano, el país logró construir una fuerza laboral especializada y capaz de adaptarse a las exigencias de una economía global.
Este modelo muestra que el desarrollo no es producto exclusivo de las fuerzas del mercado, sino del diseño deliberado de políticas públicas que articulan lo económico con lo social. La experiencia singapurense ofrece una hoja de ruta para los mercados emergentes: la flexibilidad laboral y la intervención estatal son herramientas poderosas, pero su efectividad depende de su integración con mecanismos de equidad social, planificación educativa y fortalecimiento institucional que garanticen un crecimiento inclusivo y sostenible.
El caso de Singapur revela que el éxito económico no se alcanza únicamente con crecimiento, sino también con capacidad para transformar estructuralmente las condiciones de vida, la productividad y la gobernanza. Esta lección, para los países en desarrollo y particularmente para Venezuela, es tanto una inspiración como un llamado a la acción.
José Manuel Puente, profesor titular del IESA y profesor asociado del IE-Madrid.
Isabel Jiménez Enríquez, estudiante de la maestría en Gerencia Pública del IESA.
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Notas:
[1] You, P. S. y Lim, C. Y. (1984). Singapore’s development strategy. En P. S. You y C. Y. Lim (eds.), Singapore: twenty-five years of development (pp. 1-35). Nan Yang Xing Zhou Lianhe Zaobao.
[2] Rodan, G. (1989). The political economy of Singapore’s industrialization. National State and international capital. Macmillan.
Woo-Cumings, M. (1999). The developmental State. Cornell University Press.
[3] Rodrik, D. (2004). Industrial policy for the twenty-first century. Social Science Research Network. http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.617544.
[4] Rodan (1989).
[5] Chua, B. H. (1995). Communitarian ideology and democracy in Singapore. Routledge.
[6] Becker, G. S. (1964). Human capital: A theoretical and empirical analysis, with special reference to education. University of Chicago Press.
[7] Rodrik (2004).







