¿También tú, Francia?

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Banque de France

Francia registra un déficit presupuestario equivalente al cinco por ciento de su PIB y las perspectivas de consolidación fiscal son escasas. Podría reconducir esta situación si, luego de las elecciones presidenciales del próximo abril, Marine Le Pen logra una mayoría parlamentaria que le permita emular a la primera ministra italiana.


 

El acentuado incremento de los rendimientos de los bonos gubernamentales de los países más desarrollados del mundo es el gran tema de preocupación de los últimos años, para quienes participan en el ciclo de decisiones de las finanzas públicas, pues se refleja en la creciente proporción del gasto público destinada al pago de intereses de deuda.

El repunte de los rendimientos de los bonos emitidos por los Gobiernos de Estados Unidos (treasuries) y el Reino Unido (gilts) acaparan los titulares de la prensa especializada, pero no hay que perder de vista el caso de Francia. A partir de julio de 2026, el costo de financiamiento de la segunda mayor economía de la eurozona superó a los de Italia y Grecia, que durante años fueron «los niños malos» de ese prestigioso vecindario.

El indicador clave para los inversionistas —el diferencial entre los rendimientos de los títulos públicos franceses y los de su vecino de mayor calidad crediticia, Alemania— se ha ido ampliando para acercarse peligrosamente a la barrera psicológica de los cien puntos básicos (uno por ciento). Las razones de esta subida del costo de financiamiento no ofrecen sorpresa alguna.

Francia registra un déficit presupuestario equivalente al cinco por ciento de su producto interno bruto y las perspectivas de consolidación fiscal son escasas, al menos hasta las elecciones presidenciales del próximo mes de abril. El calendario electoral francés de 2027 contempla dos procesos electorales: presidenciales y luego legislativas.


Francia registra un déficit presupuestario equivalente al cinco por ciento de su producto interno bruto y las perspectivas de consolidación fiscal son escasas.


 

La principal medida del presidente saliente, Emmanuel Macron, era elevar la edad de jubilación de 62 a 64 años y fue aplazada tras perder el control del Parlamento. Marine Le Pen, que encabeza las encuestas para 2027, quiere reducir esa edad a 60 años y recortar drásticamente los impuestos sobre el combustible y la electricidad.

Francia gasta más en el servicio de la deuda que en educación pública. La recaudación fiscal francesa se encuentra entre las más elevadas del mundo desarrollado: el 43,5 por ciento del PIB. En Estados Unidos, esta cifra ronda el 25 por ciento.

Los inversionistas extranjeros poseen el 57 por ciento de los bonos soberanos franceses, lo que aumenta el riesgo de una huida masiva; en Estados Unidos, ese porcentaje es aproximadamente el 40 por ciento. Francia apenas logrará un crecimiento del 0,5 por ciento este año, en el mejor de los casos, mientras que Estados Unidos mantiene una tasa cercana al 2 por ciento.

Al igual que en el caso estadounidense, un descalabro de la economía francesa tendría consecuencias nefastas para la economía mundial: se llevaría por delante al euro. Para hacer frente a una crisis económica de la eurozona, el Banco Central Europeo (BCE) cuenta con el llamado Instrumento de Protección de la Transmisión (TPI, por sus siglas en inglés), que faculta al BCE a comprar bonos de los Estados miembros con el fin de contrarrestar dinámicas de mercado desordenadas e injustificadas, pero no ha tenido oportunidad de utilizarlo. Para algunos expertos, el factor desencadenante para la activación del TPI es que el diferencial de la deuda francesa frente a los bonos soberanos alemanes se acerque a los 150 puntos básicos.


Un descalabro de la economía francesa tendría consecuencias nefastas para la economía mundial: se llevaría por delante al euro.


Francia podría reconducir esta situación si, luego de las elecciones, Marine Le Pen logra una mayoría parlamentaria que le permita emular a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que en sus cuatro años de gestión —el Gobierno más duradero de su país desde la Segunda Guerra Mundial— ha reducido drásticamente el déficit fiscal del 7 al 3 por ciento del PIB. Aunque Le Pen ha abandonado sus anteriores llamados a retirar a Francia de la Unión Europea y de la eurozona, su promesa de recortar drásticamente las contribuciones y aplicar otras reformas podría poner en aprietos a una economía continental ya de por sí frágil.

El acelerado crecimiento de la deuda francesa no es un hecho aislado. La deuda mundial, que abarca a hogares, empresas y Gobiernos, alcanzó un nuevo máximo histórico ligeramente superior a los 365 billones de dólares en el primer semestre de 2026, según un informe publicado en septiembre por el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF). De esta cifra, algo más de 110 billones correspondieron a los Gobiernos.

El volumen total de deuda aumentó con respecto a los 347 billones registrados en 2025. Al medirse en proporción a la producción económica mundial, la deuda ha descendido desde su pico alcanzado durante la pandemia, debido en gran medida a la mayor inflación. Sin embargo, el informe del IIF advierte que ese resultado oculta un aumento mucho mayor de los costos del servicio de la deuda. En el último año, las economías avanzadas pagaron más de 3,5 billones de dólares en intereses por bonos negociados internacionalmente, una cifra superior al gasto mundial previsto en inteligencia artificial (2,6 billones), defensa (3,1 billones) y energía (3,4 billones), añadió el IIF.

Para evitar ser sorprendidos por el impacto negativo de la evolución de la deuda global hay que hacerle un seguimiento continuo. Las puñaladas mortales pueden venir de donde menos se espera. ¿Verdad, César?


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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