El acertijo de la volatilidad accionaria durante las guerras

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G. William Schwert planteó hace más de treinta años un acertijo: la volatilidad accionaria es un tercio menor durante conflictos bélicos, a pesar de la incertidumbre y la volatilidad de la economía. Recientemente se propuso una explicación: en períodos de guerra, el gran volumen de contratos garantizados reduce la volatilidad de los retornos de las empresas proveedoras del sector militar.

Carlos Jaramillo / 31 de marzo de 2022


Pocas situaciones son más atractivas para los investigadores de cualquier disciplina que descubrir comportamientos contraintuitivos. Siempre es una tentación muy grande mostrar que una creencia popular no tiene sustento estadístico. Ello explica que el trabajo de Schwert (1989) sobre la volatilidad de los mercados de acciones se haya transformado en un referente para analizar la volatilidad del mercado accionario estadounidense.

Schwert encontró dos comportamientos de los retornos de las acciones estadounidenses durante el siglo XX que son poco menos que desconcertantes y han sido calificados de acertijos. El primero es que la volatilidad accionaria durante la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado fue la mayor de la historia de ese país.

El segundo acertijo indica que la volatilidad accionaria es un tercio menor durante conflictos bélicos, a pesar de la incertidumbre experimentada por la población y la volatilidad de la economía. Este comportamiento se observó tanto en las dos guerras mundiales como en la de Corea.

Gustavo Cortes, Angela Vossmeyer y Marc Weidenmier propusieron una explicación del segundo acertijo de Schwert en un trabajo (Stock volatility and the war puzzle), publicado en marzo de 2022 por la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) en Estados Unidos. Según estos autores, en los últimos 200 años la mayoría de las guerras en las que ha participado Estados Unidos sucedieron fuera del país. Por ello, los bienes de capital no sufrieron deterioro alguno, lo que reduce la volatilidad accionaria.

Cortes y sus colaboradores tuvieron acceso a una base de datos de cien años de gastos del sector militar. Encontraron que, en los períodos de guerra, resulta más fácil pronosticar las utilidades de las empresas proveedoras de material bélico, debido al gran volumen de contratos garantizados que forman parte de los gastos de defensa.

Los investigadores analizaron separadamente los gastos de defensa de la marina, la aviación, el ejército y otros cuerpos armados de apoyo para ver el impacto de sus ejecuciones en la volatilidad de los retornos de las empresas contratistas. Se encontró que los gastos ejecutados por la marina, la aviación y otros cuerpos armados tienen mayor impacto en la reducción de la volatilidad accionaria que los canalizados por el ejército, pues los primeros tienden a ejecutar mayores proporciones de sus presupuestos mediante contratos con empresas del sector privado, lo que produce una especie de efecto distributivo de riqueza a una mayor parte de la economía.

Cortes y sus colaboradores plantearon la hipótesis de que los incrementos del gasto bélico estadounidense podrían contribuir a reducir la volatilidad accionaria en el ámbito global, debido al papel de gendarme necesario que en muchos casos desempeña Estados Unidos durante conflictos internacionales, y encontraron apoyo para esta hipótesis. Una vez finalizado el conflicto entre Rusia y Ucrania habrá la posibilidad de evaluar no solo el impacto del gasto bélico en la volatilidad accionaria de los países en conflicto, sino también la percepción, por parte de los actores económicos, de la OTAN como organización estabilizadora de la Unión Europea.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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