Lo que esperan los mercados de Andy Burnham

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Andy Burnham. Fuente: Labour List

El Reino Unido tiene un nuevo primer ministro, pero no una nueva realidad fiscal. El Gobierno británico necesita hacerse viable y para ello es importante bajar la presión que ejercen los actores del mercado de bonos. Mientras el déficit no se reduzca, los mercados no le darán su voto de confianza.


 

El mercado de bonos gubernamentales del Reino Unido (conocidos como gilts) es el quinto mercado de deuda del mundo, con un volumen en circulación de aproximadamente 5,6 billones de dólares (2,6 billones de libras esterlinas). Si bien es un mercado enorme y de gran liquidez, se le considera un actor de menor envergadura cuando se lo compara con los mayores emisores de deuda soberana del mundo: Estados Unidos (35 billones), China (20 billones), Japón (10 billones) y Francia (6,3 billones).

El caso del mercado de deuda soberna del Reino Unido es ilustrativo. Refleja claramente cómo la realidad políticoeconómica del país se mezcla con hechos geopolíticos para dar como resultado un perfil de deuda más costoso que el de otras grandes economías.


El Gobierno británico necesita impulsar el crecimiento económico y ello requiere endeudarse para invertir.


El Reino Unido tiene un nuevo primer ministro, pero no una nueva realidad fiscal. Los mercados se preparan para procesar las noticias sobre cómo será la composición de impuestos y gastos en el presupuesto del próximo año.

Andy Burnham, exalcalde del Gran Mánchester y miembro recién electo al parlamento británico, es desde este 20 de julio el nuevo primer ministro, en sustitución de Keir Starmer. Hasta ahora los mercados han respondido positivamente a su designación, pues Burnham ha enviado el mensaje de que respetará las normas fiscales vigentes. Sin embargo, en opinión de muchos especialistas, esas normas son laxas, están sujetas a interpretación y apenas limitan la adopción de medidas de flexibilización a corto plazo.

Los mercados de bonos permanecen en alerta máxima y reaccionarían negativamente a cualquier señal de relajación de la disciplina fiscal. En recientes períodos de tensión geopolítica, como el conflicto entre Estados Unidos e Irán, los gilts han tendido a registrar desempeños peores que los de sus pares de los países desarrollados.

Una muestra de la preocupación de los actores del mercado de renta fija es que incluso los datos mensuales rutinarios sobre endeudamiento se han convertido en una fuente de volatilidad en los mercados. Esta fragilidad refleja la situación fiscal pues, a pesar de las constantes alusiones a la consolidación de deuda, el Gobierno se endeudó por un equivalente entre el 4 y el 5 por ciento del PIB durante el último año.

Esta situación no difiere significativamente de la de países como Estados Unidos o Francia. Pero el Reino Unido enfrenta restricciones más estrictas y aún está reconstruyendo su credibilidad fiscal tras las turbulencias del mercado ocurridas durante el Gobierno de la primera ministra Liz Truss, que dimitió a los 45 días de asumir el cargo debido al desastroso impacto económico de su plan de recorte de impuestos (conocido como el «minipresupuesto»), que causó pánico en los mercados financieros, el desplome de la libra esterlina y una inmensa presión sobre los partidos políticos.

El Gobierno británico necesita hacerse viable y para ello es importante bajar la presión que ejercen los actores del mercado de bonos. Mientras el déficit no se reduzca aún más, los mercados no le darán su voto de confianza a Burnham. Para ello es necesario mostrar que la disciplina fiscal no se relajará a corto plazo, más que centrarse exclusivamente en aspectos concretos del déficit a muy largo plazo.

A los actores del mercado de bonos les preocupan menos los pormenores de las estrategias de crecimiento o la combinación exacta de impuestos y gasto. En cambio, se centran en una cuestión más sencilla: las necesidades de endeudamiento y emisión actuales y a corto plazo.

El Gobierno británico necesita impulsar el crecimiento económico y ello requiere endeudarse para invertir. Pero los mercados de bonos no distinguen de manera significativa entre los distintos tipos de gasto.


Los inversionistas no dan mucha importancia a los planes previstos para dentro de tres o cuatro años.


Una libra destinada a inversión sigue requiriendo la emisión de una libra en deuda pública. Una mayor inversión podría impulsar el crecimiento a largo plazo y mejorar la dinámica de sostenibilidad de la deuda, pero el vínculo es incierto y los mercados no lo reconocerán hasta que se refleje en datos concretos. En la práctica, un mayor endeudamiento elevaría los rendimientos de los gilts y probablemente desplazaría a otras inversiones.

El Gobierno de Burnham puede caer en la tentación de evitar el endurecimiento fiscal y posponer el recorte de gastos para futuros períodos fiscales. Pero los inversionistas no dan mucha importancia a los planes previstos para dentro de tres o cuatro años. Los resultados rara vez coinciden con lo planificado, a menudo porque las hipótesis resultan muy optimistas. En cambio, los mercados de bonos se centran en el déficit actual y en el del próximo año, y acogen con escepticismo las proyecciones a más largo plazo.

Los inversionistas tampoco dan mucha importancia a los indicadores oficiales del endeudamiento público, por lo que tratar de ganar credibilidad mejorando esos indicadores no es particularmente útil. El mercado de bonos compara la deuda entre países sobre una base homogénea, a menudo se centra en la deuda bruta y las emisiones y elabora su propio criterio sobre la sostenibilidad de la deuda.


Un crecimiento económico sólido es la única solución verdadera a la enorme carga de la deuda del Reino Unido.


Un endeudamiento del orden del tres por ciento del PIB podría considerarse adecuado. Alcanzado este valor es probable que el mercado de bonos se vuelva menos sensible a las noticias de índole fiscal y política, tal como muestra la experiencia reciente en Italia y España.

Salvo que el conflicto entre Estados Unidos e Irán se intensifique de nuevo y cause un alza de los precios de la energía, es poco probable que el Banco de Inglaterra eleve las tasas de interés. De hecho, podría retomar la flexibilización el próximo año.

Los rendimientos de los bonos en el Reino Unido son muy atractivos en comparación con los de otras economías desarrolladas y no existe un escenario factible en el que el país incumpla sus obligaciones de pago con los tenedores de bonos. Un crecimiento económico sólido es, en realidad, la única solución verdadera a la enorme carga de la deuda del país.

Varios primeros ministros anteriores han intentado en vano hallar la fórmula mágica para lograrlo, especialmente en la década transcurrida desde la votación del Brexit. No obstante, con la posibilidad de lograr un arreglo más estable entre Estados Unidos e Irán, los mercados mundiales de bonos han dejado atrás lo peor y reducido los rendimientos requeridos. Si esta tendencia se mantiene, la situación será mucho más sencilla para Burnham en la etapa inicial del nuevo cargo que, todos esperan, ocupará. Suerte en cualquier caso.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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