El Banco de Japón: el último samurái de tasas de interés negativas

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Edificio del Banco de Japón.

El banco central de Japón abandona la política de intervenir en el mercado de deuda soberana para controlar el rendimiento de los bonos a diez años. Sin embargo, mantiene la tasa interbancaria en -0,1 por ciento, la única tasa de interés negativa del mundo. Japón espera una inflación subyacente de 2,8 por ciento para 2024.


El Banco de Japón (BOJ, en inglés), el banco central del país asiático, deja de lado la política vigente en los últimos siete años de intervenir en el mercado de deuda soberana denominada en yenes para controlar el rendimiento de los bonos a diez años. De esta manera comienza a preparar al país para funcionar sin los grandes volúmenes de liquidez de los últimos años que, de mantenerse, podrían aumentar la inflación por encima de los niveles deseados.

A partir del pasado 31 de octubre el rendimiento de los bonos del Tesoro japonés con vencimiento a diez años puede exceder el uno por ciento, lo que en la práctica se traduce en una segunda revisión de la política de control de la curva de rendimiento en los últimos noventa días. Con el fin de esta política termina el experimento de mantener una política monetaria ultralaxa.

¿Qué busca el BOJ? Evitar la volatilidad de los mercados financieros, estimulada por el alza del rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense. Los inversionistas japoneses quieren aprovechar las tasas de interés estadounidenses de corto y mediano plazo (que se ubican en un cinco por ciento); por ello acuden al mercado de divisas a comprar dólares y, así, devalúan el yen.

Pero el BOJ sigue manteniendo la tasa interbancaria (overnight) en -0,1 por ciento que es, hoy por hoy, la única tasa de interés negativa del mundo. Con el desmontaje del control de la curva de rendimiento y la reducción gradual de la liquidez, Japón espera una inflación subyacente de 2,8 por ciento en 2024.

Una de las grandes preguntas que se hacen los inversionistas es cuánto tiempo más tardará el BOJ en eliminar las tasas de interés negativas, en un país donde la inflación subyacente al cierre de septiembre de 2023 fue 4,1 por ciento. Al igual que en Estados Unidos, el comportamiento de los salarios es la variable clave.

En el caso estadounidense el crecimiento de los salarios da indicios de cuán robusta es la economía pese al alza de las tasas de interés. Un mercado laboral robusto no da pie para que bajen las tasas de interés. En el caso japonés, el crecimiento de los salarios mide la propensión de los empresarios a compartir con los trabajadores parte del beneficio del alza de precios, lo que históricamente no ha sido el comportamiento observado.

En este momento la inflación japonesa se debe principalmente al aumento del costo de las importaciones. EL BOJ debe esperar señales de crecimiento salarial sostenible para asegurar que la economía no vuelva a caer en décadas de deflación. Solo en ese momento podría pensar en salir del régimen de tasas de interés negativas.

Los especialistas de los grandes bancos de inversión prevén que el BOJ dejará el régimen de tasas negativas en algún momento a partir de mayo de 2024. Esto, además, implicará un alza de todos los tipos de interés en ese país.

De las economías desarrolladas, la japonesa es la que tiene mayor posibilidad de alcanzar, de manera sostenible, la meta inflacionaria de dos por ciento durante el próximo año. La economía japonesa es un caso de estudio muy especial desde el punto de vista macroeconómico.

Enfrentar con políticas fiscales y monetarias los retos de estimular el crecimiento —en un país cuya población envejece aceleradamente, con políticas de inmigración restrictivas y un gobierno empresarial con grandes oportunidades de mejora— brindará importantes lecciones a los países de la eurozona —y, ¿por qué no?, también a China— que sufren en mayor o menor medida los mismos males.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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