El momento de las acciones preferentes

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La coyuntura de tasas al alza en un contexto inflacionario y de potencial recesión conspira contra la rentabilidad de las acciones, pero resalta los beneficios de un dividendo alto y una baja posibilidad de sufrir pérdidas de capital. Este es un buen momento para dar una segunda mirada a las acciones preferentes estadounidenses.

Carlos Jaramillo / 26 de mayo de 2022


 

En las últimas semanas los mercados accionarios internacionales han sufrido importantes caídas, que obligan a los inversionistas a repensar sus estrategias de inversión. Cuando un sector que ha impulsado los índices bursátiles pierde la capacidad de crear expectativas de crecimiento —como ha sido el caso del sector tecnológico en las últimas semanas—, los dueños de acciones de estas compañías necesitan distinguir entre las que pasan por una crisis temporal y las que sufren pérdidas de manera más permanente.

La acción de Westinghouse alcanzó un máximo histórico de 290 dólares a comienzos de octubre de 1929, días antes de la Gran Caída de la Bolsa de Nueva York, y no volvió a alcanzar ese valor hasta noviembre de 1954. Este ejemplo histórico no implica que la reciente caída bursátil tendrá las dimensiones de la Gran Depresión, pero sí que después de una gran corrección de precios ocurre una destrucción de valor con la que los inversionistas tienen vivir.

Como las recuperaciones de precios no son instantáneas, y luego de las caídas vienen períodos de movimientos erráticos de precios, resulta razonable incorporar a las carteras de inversión nuevos títulos valores que ayuden a mitigar las pérdidas. En el contexto actual se espera que el mercado bursátil estadounidense ofrezca retornos anuales del orden del cinco por ciento para lo que resta de la década. No habrá una recuperación importante hasta que un nuevo sector de actividad llene el espacio ocupado por las empresas tecnológicas en los últimos años.

Mientras surge un nuevo paradigma de inversión, existen inversiones temporales que pueden ofrecer flujos de ingresos con discreta volatilidad. Dentro de este grupo se encuentran las acciones preferentes.

Una acción preferente es un título de renta variable que ofrece un dividendo superior al de las acciones comunes a cambio de ceder derechos de voto. Los compradores de estos papeles están interesados en el flujo de dividendos ofrecidos, no tienen grandes expectativas sobre la apreciación de la acción ni interés en participar en las decisiones de las compañías.

Los emisores de acciones preferentes aspiran a tener un socio silente del que pueden deshacerse luego de un período generalmente no menor de cinco años. A estos títulos se les conoce como «híbridos», porque tienen rasgos de acciones y de bonos.

Los precios de las acciones preferentes, al igual que los de los bonos de tasa fija, caen cuando suben las tasas de interés. Esto es lo que ha ocurrido en Estados Unidos durante el primer cuatrimestre de 2022: el ochenta por ciento de las acciones emitidas a dividendo fijo se transaron con un descuento sobre su valor facial.

Las tasas de interés en Estados Unidos seguirán subiendo, según lo anunciado por la Reserva Federal. Pero buena parte de la corrección de precios de las acciones preferentes ya se ha materializado debido a una propiedad de estos instrumentos conocida como convexidad. Por lo tanto es poco probable que los precios de este tipo de acciones (emitidas en el último par de meses) sigan cayendo y sus dividendos son muy competitivos (a las tasas de interés vigentes); en algunos casos pueden llegar a ofrecer hasta seis por ciento anual (calculado sobre su valor facial).

Si las tasas de interés comienzan a caer nuevamente, lo que pudiera suceder a finales de 2023, quienes compren estos títulos ahora tendrán una discreta ganancia de capital cuando los precios suban a un valor cercano al par (además de un jugoso dividendo). Esta situación no se mantendrá por tiempo indefinido, pues los emisores tienden a recomprar esos papeles luego de cinco años de su fecha de emisión.

La coyuntura de tasas al alza en un contexto de alta inflación y una potencial recesión conspira contra la rentabilidad de las acciones, pero resalta los beneficios de un dividendo alto y una baja posibilidad de sufrir pérdidas de capital. Este un buen momento para dar una segunda mirada a las acciones preferentes.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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