Las gigantes de la inteligencia artificial complican las carteras indizadas

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Cuando un sector comienza a tener una participación superior al resto de los sectores en la capitalización del mercado accionario, pierde fuerza la idea de diversificación, implícita en los índices que intentan replicar la economía. Suena entonces razonable adaptar las normas de composición de los índices para permitir la inclusión temprana de emisiones de gran envergadura.


 

Para muchos inversionistas, colocar parte de sus haberes en una cartera de inversión que replica un índice bursátil de referencia universal como el S&P 500 es una estrategia de diversificación fácil de ejecutar, de bajo costo y que representa una apuesta al desempeño global de la economía de un país. Pero, ¿qué pasa cuando un sector económico comienza a tener una participación sustancialmente mayor en la capitalización total del mercado accionario?

La idea de diversificación implícita en índices que tratan de replicar la economía como un todo pierde fuerza en ese caso. Esta es la situación que se vive desde hace unos cuantos años en el mercado accionario estadounidense. Según Goldman Sachs, el 85 por ciento de las ganancias del S&P 500 en lo que va de 2026 (el 10 por ciento) procede del sector de la tecnología; pero, si este se excluye, el avance se reduce al 3 por ciento.

Las empresas tecnológicas abarcan cerca del 40 por ciento del valor total del mercado accionario estadounidense. Este peso podría acercarse al 48 por ciento cuando Anthropic, SpaceX y OpenAI salgan a bolsa y se incorporen a los principales índices bursátiles.

Un alto grado de concentración no es un fenómeno nuevo para el mercado accionario estadounidense. Cuando a fínales del siglo XIX sucedió el auge de las empresas ferrocarrileras, ese sector llegó a representar el 63 por ciento de la capitalización bursátil. Hoy el tema de la concentración sectorial se complica, porque las «gigacaps» —un puñado de empresas cuyas valoraciones individuales superan el billón de dólares— tendrán un gran impacto en el desempeño futuro de las carteras indizadas, muy populares entre una gran variedad de inversionistas.

Para las empresas propietarias de los principales índices bursátiles, la próxima salida a bolsa de las empresas líderes de la inteligencia artificial (IA) ocasiona una serie de conflictos. Por un lado, las reglas que se aplican normalmente para incorporar títulos accionarios a los índices bursátiles exigen que las empresas elegibles tengan rentabilidad positiva durante al menos cuatro trimestres consecutivos y que las acciones emitidas sean todas de una misma clase (por lo tanto, con los mismos derechos). Las compañías de IA no cumplen estos requisitos. Por otro lado, cualquier retraso en la incorporación de las empresas líderes de la IA a los índices bursátiles hace que dejen de ser representativos del mercado bursátil que aspiran a replicar.


Anthropic, SpaceX y OpenAI incrementarán la capitalización del mercado accionario estadounidense en 3,5 billones de dólares, equivalentes al 4,7 por ciento del valor actual.


Adicionalmente, está el tema de la concentración bursátil del sector tecnológico; aunque los propietarios de los índices no lo pueden resolver, no deja de ser preocupante por la popularidad de las estrategias pasivas de inversión. Cuando hace ya un cuarto de siglo ocurrió la burbuja de las puntocom, los fondos indizados eran incipientes. Hoy gestionan decenas de billones de dólares y, al igual que amplifican las subidas, también pueden intensificar las caídas.

En un mercado como el estadounidense, que representa cerca del setenta por ciento del índice MSCI World, la diversificación real se vuelve cada vez más difícil. Los fondos que replican el índice ocasionan una exposición creciente en Estados Unidos, en particular en el sector tecnológico, de modo que la suerte del mercado y de los inversionistas depende cada vez más de un menor número de compañías, lo que aumenta la vulnerabilidad del sistema ante cualquier shock.

Es entonces razonable adaptar las normas de composición de los índices para que se ajusten a los nuevos tiempos y permitan la inclusión temprana de las emisiones de gran envergadura. Los principales índices exigen que las empresas cuenten con un porcentaje mínimo de acciones que coticen libremente en el mercado secundario; es decir, el capital flotante. Un capital flotante limitado dificulta que los fondos indexados u otros inversionistas compren o vendan acciones de una empresa de manera eficiente. Para los fondos indexados, esto reviste una importancia fundamental, porque durante sus rebalanceos periódicos se negocian miles de millones de dólares.

Frente al dilema de esperar un tiempo para incorporar las empresas debutantes a los índices a expensas de la representatividad, los promotores de los principales índices bursátiles optaron por el camino de la incorporación temprana. El Nasdaq-100 modificó sus normas para que las ofertas públicas iniciales (OPI) de alto valor puedan ingresar al índice a los quince días de su debut, en lugar de esperar meses o años.

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La nueva normativa se aplicará a las salidas a bolsa más importantes. Para entrar rápidamente, una empresa recién cotizada tendría que situarse entre las cuarenta principales posiciones del índice Nasdaq-100. A finales de febrero de 2026, Intuit era la 40.ª acción más importante de la cartera de Invesco QQQ Trust y tenía una capitalización bursátil de 113.000 millones de dólares. Cualquier salida a bolsa que superara la capitalización bursátil de Intuit sería la mayor de la historia de Estados Unidos. Es posible que cinco empresas —SpaceX, OpenAI, Anthropic, Stripe y Databricks— alcancen una capitalización bursátil superior si este año salen a bolsa.

El FTSE Russell introdujo una regla de entrada rápida que permite a empresas de gran capitalización ingresar a sus índices en tan solo cinco días desde el inicio de su cotización pública. Proveedores como S&P Dow Jones están ajustando sus métodos para acortar los períodos de espera por rentabilidad o tiempo de cotización para absorber gigantes tecnológicos como SpaceX y Anthropic.

En la actualidad, el índice S&P 500 exige que las empresas lleven cotizando en bolsa al menos doce meses y hayan registrado beneficios durante cuatro trimestres consecutivos para ser incluidas. Estas normas cambiarán para incluir tempranamente a las gicacap.

La suma de las potenciales OPI de Anthropic (900.000 millones de dólares), OpenAI (852.000 millones) y SpaceX (1,75 billones) incrementarán la capitalización del mercado accionario estadounidense en 3,5 billones de dólares, equivalentes al 4,7 por ciento del valor actual. No existen precedentes de una incorporación tan importante a un índice en una fase tan temprana de la vida de una acción, por lo que cabe esperar cierta actividad inusual durante el primer mes de cotización de SpaceX.

El Centro de Investigación sobre Precios de Valores (CRSP, por sus siglas en inglés) es el único de los proveedores de índices que permite incluir nuevas OPI antes de cualquier rebalanceo programado. El CRSP admite nuevas OPI en su conjunto de índices de mercado tras cinco días de negociación, siempre que superen los criterios de elegibilidad e idoneidad.


Cualquier retraso en la incorporación de las empresas líderes de la inteligencia artificial a los índices bursátiles hace que dejen de ser representativos.


Más de tres billones de dólares en fondos indexados de Vanguard replican los índices CRSP del mercado estadounidense, por lo cual los criterios de elegibilidad y atractivo de inversión resultan fundamentales. La rápida incorporación de grandes empresas debutantes en bolsa a un índice permite que refleje mejor su mercado de referencia, pero de poco sirve si los fondos no pueden comprar o vender de manera eficiente las acciones recién cotizadas.

Una vez que una acción se incluye en un índice bursátil, debe haber suficientes acciones en circulación para que los inversionistas puedan comprarlas y venderlas con comodidad. Nasdaq ha modificado su requisito de un mínimo del diez por ciento del total de acciones existentes en circulación para eliminar la exclusión estricta de los valores con baja flotación y, en su lugar, reducirá la ponderación de esos valores.

Esto significa, en la práctica, que SpaceX podría no figurar entre las diez principales posiciones del Nasdaq-100, si no alcanza el umbral del diez por ciento de acciones en circulación. Su ponderación por capitalización bursátil se reducirá para adaptarse a su menor flotación. Actualmente, el CRSP exige un flotante mínimo del diez por ciento para las OPI de incorporación rápida, pero pronto flexibilizará ese requisito.

No está claro qué porcentaje de acciones negociables colocarán SpaceX, OpenAI y Anthropic en sus OPI. En cualquier caso, los proveedores de índices parecen cada vez más dispuestos a darles la bienvenida lo antes posible, pues de ello depende la representatividad del mercado como un todo de estos vehículos de inversión. Este es sin duda alguna su principal atributo.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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