El «nuevo oro verde»: el redescubrimiento del bambú

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Imagen de ? Mabel Amber, who will one day en Pixabay

El bambú emerge como recurso sostenible, de rápido crecimiento y resistente que puede absorber más dióxido de carbono que la mayoría de las especies vegetales. Además, tiene una amplia variedad de usos: desde la construcción de viviendas hasta la fabricación de papel, muebles, artesanías, alimentos o envases ecológicos. ¡Y de paso, en Venezuela abunda!


 

El bambú no solo puede sustituir a algunos materiales de construcción no renovables, sino también contribuir a enfrentar los efectos del calentamiento global, dada la urgencia de un enfoque sostenible del desarrollo económico que tenga en cuenta todos los componentes de los procesos de producción, desde la materia prima hasta los residuos que deja el consumo.

Para construir viviendas, vías de tránsito, transportes, sitios de trabajo, etc., se requieren productos como acero, concreto, aluminio, vidrio o plástico. De seguir la tendencia actual, se necesitarán muchos más de estos recursos, en una proyección de comportamiento exponencial en los próximos años. En 500 años podrían acabarse los bosques tropicales; también el petróleo (75 años), la bauxita (65 años), el hierro (48 años) y el cobre (25 años).[1]

En Europa el uso intensivo de todos estos recursos, solo en la industria de la construcción, representa el 31 por ciento del total del consumo energético y el 36 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero.[2] Ante este panorama catastrófico, surge la búsqueda de opciones que permitan enfrentar exitosamente esta amenaza. Es aquí donde emerge el bambú como alternativa viable.

 

Pabellón de bambú, Tulum (México)
Fotografía: CO-LAB (Creative Commons).

 

A la planta de bambú se le conoce científicamente como la subfamilia bambusoideae, de la familia herbácea de las poáceas; es decir, una gramínea como las que se usan en los jardines, pero también como la caña de azúcar, el trigo, el arroz o el maíz. Muchas variedades miden menos de un metro de largo y con tallos de medio centímetro de diámetro, aunque también existen bambúes gigantes: de unos 25 metros de alto y 30 centímetros de diámetro.

El bambú es un material renovable que puede contribuir significativamente al desarrollo sostenible. Puede recuperar suelos erosionados y protege las cuencas, pues mantiene su humedad y evita la erosión de las tierras adyacentes a los ríos. De hecho, suele ser la primera opción de cultivo para la recuperación de suelos: crea condiciones ambientales (de temperatura y humedad) para cultivar otras especies, pues acorta los tiempos de recuperación. Es la planta de más rápido crecimiento en la naturaleza —en pocos días puede alcanzar alturas de 25 metros— y es capaz de fijar varias veces más dióxido de carbono que cualquier otro vegetal.[3]

El bambú es una de las plantas que más oxígeno produce: más del 35 por ciento de oxígeno, en comparación con un bosque de cualquier otra especie. Es de fácil propagación, lo que reduce costos; además, el mantenimiento de la plantación no requiere grandes inversiones. Puede absorber un treinta por ciento más de dióxido de carbono que las especies de coníferas empleadas habitualmente en la construcción, como el pino o el abeto; así, una hectárea de bambú de gran tamaño capta alrededor de 62 toneladas de dióxido de carbono por año aproximadamente.

Algunas especies de bambú, como la guadua angustifolia, una especie autóctona en Venezuela, tienen más capacidad de resistencia a tracción que cualquier madera comercial e incluso que algunas aleaciones de acero. Tiene una resistencia a la compresión mayor que el ladrillo y el concreto,[4] por lo que es un excelente recurso para sustituir al concreto, al ladrillo o al acero en muchas construcciones, en especial viviendas y mobiliario urbano. Con las técnicas de la arquitectura moderna se logran construcciones de indudable calidad a bajo costo.

 

Techo curvo de bambú, Aeropuerto Internacional Adolfo Suárez Madrid-Barajas (España)
Fotografía: Yong Wang (Pixabay).

 

En todo el mundo más de mil millones de personas viven en casas de bambú y más de 2.500 millones usan productos de bambú. Los países asiáticos, con China a la cabeza, concentran el noventa por ciento de la producción mundial de bambú, una industria que ha pasado de 15.000 millones de dólares anuales en 2008 a 61.700 millones en 2022, con un crecimiento anual hasta la fecha por encima del diez por ciento.[5]

Venezuela, después de Brasil y Colombia, en ese orden, es el país con más especies de bambú autóctonas de toda América: 67, de las cuales 20 son endémicas.[6] Sin embargo, comparada con países vecinos como Brasil, Colombia, Ecuador o Perú, no cuenta con una industria del bambú que genere recursos, desarrollo técnico y empleo. En esos países, desde hace unos veinte años en promedio, hay políticas públicas y acciones privadas que impulsan el uso del bambú para desarrollar una industria consolidada.

Varias universidades cuentan con centros de estudio sobre el bambú, en especial en la industria de la construcción, y también en la producción de pulpa para papel, fabricación de laminados, artículos para el hogar, carbón activado, fibras textiles, etanol celulolítico y ecoplásticos para la industria automotriz. Sus brotes tiernos son alimentos de alto valor nutricional; y las hojas, fuente de sustancias diversas de valor para la fabricación de cosméticos, fármacos, fertilizantes, entre otros. Esto sin dejar pasar un sector prometedor, como es el financiero, con instrumentos como los «bonos verdes» que funcionan como un dinamizador del sector de los recursos renovables y que abren el camino a la nueva economía sostenible.

¡Hay todo un camino por recorrer y el tiempo apremia!


Rafael Vielma B., director Comercial de Bambú Venezuela.

Notas

[1] Van der Lugt, P. (2008). Design interventions for stimulating bamboo commercialization. [Tesis doctoral, Delft University of Technology]. https://www.bruna.nl/images/active/InkijkPDF/eboekhuis/9789065621917.pdf

[2] Vidal, B., Blengini, G., Mathieux, F., Latunussa, C., Mancini, L., Nita, V., Hamor, T., Ardente, F., Nuss, P., Matos, C., Wittmer, D., Talens Peiró, L., Garbossa, E., Pavel, C., Alves Dias, P., Blagoeva, D., Bobba, S., Huisman, J., Eynard, U., Liu, Z. (2018). Raw materials scoreboard 2018. Office of the European Union. https://doi.org/10.2873/08258

[3] Limón, R. (2023). Bambú, la hierba mágica de más rápido crecimiento del mundo y que sirve para todo. El País. https://elpais.com/ciencia/2023-07-10/bambu-la-hierba-magica-de-mas-rapido-crecimiento-del-mundo-y-que-sirve-para-todo.html

[4] Velasco, V. (2002). La caña de guadua el acero vegetal del siglo XXI [Tesis de maestría, Instituto de Altos Estudios Nacionales]. http://repositorio.iaen.edu.ec/handle/24000/6330

[5] Grand View Research (2023). Bamboos market size, share & trends analysis report by application (raw material, industrial products, furniture, shoots), by region (North America, Europe, Asia Pacific, Middle East & Africa, Central & South America), and segment forecasts, 2022-2030. https://www.grandviewresearch.com/industry-analysis/bamboos-market#

[6] Londoño, X, (1998). Evaluation of bamboo resource in Latin America. Final Report No. 96-8300-01-4. International Network for Bamboo and Rattan. https://bambuecuador.files.wordpress.com/2018/01/2001-working-paper-35-evaluation-of-bamboo-resources-in-latin-amecc81rica.pdf

Clark, L. y Ey, F. (2011). Géneros de bambúes leñosos (Poaceae: bambusoideae: arundinarieae, bambuseae) de Venezuela. Acta Botánica Venezolana, 34(1): 79-104. http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0084-59062011000100003&lng=es&tlng=es