Entidad de interés variable: una manera sofisticada de ser dueño de nada

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Las regulaciones chinas impiden a los inversionistas extranjeros ser propietarios de empresas «estratégicas». Como alternativa, existen las «entidades de interés variable», que permiten a esos inversionistas beneficiarse del desempeño de empresas chinas a las que no tienen acceso directo. Sin embargo, los activos invertidos por esta vía pueden expropiarse en cualquier momento a discreción del gobierno.

Carlos Jaramillo / 5 de agosto de 2021


 

Hay regulaciones del gobierno chino que impiden a los inversionistas extranjeros ser propietarios de empresas consideradas estratégicas. Califican dentro de este grupo las que forman parte de las industrias de tecnología avanzada o las que, por su naturaleza, manejan datos de la población de ese país.

La discrecionalidad del Estado permite, de la noche a la mañana, incorporar al sector estratégico cualquier empresa o industria. Esto añade otra fuente de incertidumbre a quienes poseen o aspiran a comprar títulos de renta variable del mercado asiático.

Los banqueros de inversión buscan la forma de darle la vuelta a esta restricción cuando los retornos potenciales son prometedores. De allí la creación de un vehículo de inversión llamado Entidad de Interés Variable (VIE, por sus siglas en inglés), para beneficiar a los inversionistas extranjeros del desempeño de empresas a las cuales no tienen acceso directo.

La VIE funciona de la siguiente manera: una compañía china —empresa principal— crea una empresa en un paraíso fiscal con su mismo nombre. La nueva empresa no hace negocios, no tiene empleados ni sede. Es como una especie de «concha».

La empresa principal celebra contratos con la empresa concha, mediante los cuales le transfiere derechos sobre sus beneficios y sobre el control de sus activos. Los accionistas de la concha no son propietarios de la principal y, por lo tanto, no participan en sus decisiones.

Las acciones de la empresa concha se registran en una bolsa de valores bajo el nombre de la empresa principal. Pero en los prospectos de venta queda claro que quien compra acciones de esta compañía adquiere solamente derechos de la empresa registrada en el paraíso fiscal.

La mayoría de las empresas chinas que cotizan en la Bolsa de Nueva York lo hacen según este esquema y los inversionistas institucionales conocen o dicen conocer sus implicaciones. Los pequeños inversionistas seguramente compran acciones de la empresa concha, sin preocuparse mucho del asunto. Dos billones de dólares en acciones se cotizan en la Bolsa de valores de Nueva York de acuerdo con este esquema.

La VIE tiene dos debilidades. La primera es que esta estructura no es legal según la ley china. Un principio universal del derecho postula que un contrato diseñado para dejar sin efecto una ley es nulo e inaplicable. La segunda es que los accionistas de la empresa concha no son propietarios de la empresa principal y, por lo tanto, sus «activos» se pueden confiscar sin previo aviso ni compensación alguna.

Un antecedente importante ocurrió en 2011, cuando Jack Ma, presidente de Yahoo, transfirió la totalidad de la propiedad de Alipay (de la empresa Alibaba), a otra a nombre propio. Esto perjudicó a los accionistas de Yahoo, que poseían el 43 por ciento de AlibabaVIE.

El gobierno chino se ha hecho la vista gorda con las VIE, en un intento de mantener un equilibrio muy frágil entre la necesidad de atraer capitalistas a China, evitar que los grupos económicos poderosos se transformen en actores políticos enfrentados al Partido Comunista Chino y ganar ventaja frente a Estados Unidos y la Unión Europea en el juego de poder de la multipolaridad. Usa la posibilidad de expropiar una empresa VIE a su conveniencia, con lo cual siembra el temor entre los accionistas de estas empresas.

¿Por qué los actores de los mercados de valores internacionales se atreven a invertir en esta figura propietaria tan frágil? Porque no se pueden dar el lujo de no tener productos de inversión para montarse en la ola del crecimiento de China. Además, han recibido mensajes confusos de los reguladores financieros y los diseñadores de las normas contables que se aplican actualmente.

Ningún organismo regulador se ha pronunciado contra este mecanismo o ha exigido que se difunda más claramente la naturaleza de su fragilidad. Por su parte, las normas contables no permiten distinguir entre poseer acciones de la empresa principal y poseer acciones de la empresa concha.

El gran supuesto sobre el cual descansa la estructura propietaria VIE es que el gobierno chino no está dispuesto a correr el riesgo de expropiar dos billones de dólares de propiedad accionaria sin crear una crisis políticoeconómica de gran magnitud. Mientras tanto, el gobierno chino utiliza la ambigüedad a su favor.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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