Internacionalizarse

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Internacionalizar empresas venezolanas implica tanto internacionalizar organizaciones —por ejemplo, aprender sobre las prácticas de mercadeo en otros países— como internacionalizar las actitudes y expectativas de empresarios que deciden llevar sus iniciativas a otras sociedades.

Ramón Piñango / Abril-diciembre 2016


Desde hace unos años buena parte de las empresas venezolanas lucha por sobrevivir en un entorno que parece un monstruo de mil cabezas, que las acosa y ataca de todas formas por todos los flancos: inseguridad, intranquilidad social, controles de precios, aumentos de salarios que no responden a la productividad, intervenciones a empresas, amenazas políticas, fuga de personal hacia otras empresas y hacia el exterior, trabas a la importación, trabas a la exportación, inflación desatada. Todo lo cual conforma un clima preocupante para personas y empresas, en el cual reina la pregunta ¿qué hacer? En el caso de las personas, la respuesta va desde el cambio de empleo, el rebusque de ingresos adicionales y el recorte de gastos, que ya llega a lo esencial, hasta la emigración, sin mayor planificación, hacia otro país; y en el caso de las empresas, también el recorte de gastos, replantear beneficios para retener personal, inventar nuevos productos o nuevas maneras de vender viejos productos.

Para muchas empresas se impone la indagación sistemática de estrategias antes no exploradas, entre ellas la internacionalización en distintas modalidades, desde la simple exportación de bienes producidos en el país hasta la apertura de operaciones para producir en el exterior. Cualquiera que sea el caso, dado lo adverso del entorno nacional, la internacionalización es vista por muchos como una opción que, tarde o temprano, será inevitable explorar para asegurar la existencia de sus negocios. Pero, también tarde o temprano, quienes decidan incursionar en esa opción descubrirán que, si bien se necesita firme disposición, para tener éxito al internacionalizarse hacen falta conocimientos sobre cómo hacerlo; conocimientos que poseen quienes lo han intentado, con o sin éxito. Ese conocimiento está disponible en la bibliografía sobre gerencia, tal vez con una salvedad: no hay respuestas específicas sobre cómo internacionalizar una empresa venezolana que por largos años, incluso décadas, ha prosperado en un entorno tan peculiar que, entre otros rasgos, se ha caracterizado por la protección contra la competencia foránea.

Internacionalizar empresas venezolanas implica tanto internacionalizar organizaciones —por ejemplo, aprender sobre las prácticas de mercadeo en otros países— como internacionalizar las actitudes y expectativas de empresarios que deciden llevar sus iniciativas a otras sociedades. Probablemente, el tiempo de maduración de una inversión, las tasas de ganancia, las conductas de los gerentes o las expectativas de los consumidores que se encuentren en otros países sean diferentes de las que caracterizan el ambiente de negocios en Venezuela. Del reconocimiento o no de tales diferencias puede depender el mejor o peor desempeño de alguna aventura internacional.

Estas consideraciones, y otras que se encuentran en las páginas de este número de Debates IESA no tienen el propósito de desmotivar al lector interesado en internacionalizarse, a punta de advertencias o de información técnica, sino el de ayudarle a tomar decisiones complejas de la mejor manera posible en esta compleja circunstancia. Cuando, más pronto que tarde, se supere el entorno adverso de hoy, quienes hayan incursionado en la internacionalización de sus empresas contarán con una valiosa experiencia de negocios, útil para tener éxito en un entorno nacional que será más exigente, aunque no tan difícil (y a veces tan frustrante) como el actual.


Ramón Piñango, director de Debates IESA.