La atención psicológica en línea ya es una industria

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Imagen de Tumisu en Pixabay

La atención psicológica a distancia y los nuevos dispositivos que detectan emociones en tiempo real viven un auge durante la pandemia, pero llegaron para quedarse.

Fabiana Culshaw / 29 de junio de 2021


 

Como parte de la «fiebre» por las aplicaciones y comunicaciones virtuales durante la pandemia de la covid-19 se destacan los servicios para la salud en general y para la salud mental en particular. Ya no es necesario recurrir a una clínica o un hospital en forma presencial cuando se padezca alguna dolencia, pues la telemedicina ha adquirido mucha fuerza. Y llegó para quedarse, según las proyecciones disponibles.

La pandemia puso a prueba la efectividad de las consultas en línea y han salido exitosas, sobre todo en lo que a primeras consultas y prevención se refiere. Las instituciones se están dando cuenta no solo de que los pacientes están siendo atendidos adecuadamente, sino también de que pueden hacer más consultas y ahorrar muchísimo dinero.

La iniciativa de la telemedicina viene de unos cuantos años atrás, pero se utilizaba tímidamente, hasta que la cuarentena acentuó la necesidad de que el paciente consulte desde el hogar, sin tener que trasladarse. En 2020 la telemedicina tuvo su mayor pico de demanda y resolvió millones de casos, al tiempo que surgieron aplicaciones para diagnóstico, seguimiento e incluso tratamiento que sirven tanto al médico como al paciente directamente.

Una de las áreas que más se ha movido en ese sentido es la salud mental. Gran número de psiquiatras y psicólogos, sin posibilidades de continuar con los tratamientos en forma presencial, idearon formas de seguir atendiendo vía Zoom, Skype, WhatsApp, Microsoft Team u otras plataformas. Es más, muchos centros médicos, sobre todo de Estados Unidos y Europa, han contratado empresas desarrolladoras de software para crear sus propios programas, a disposición de los especialistas en nómina.

Un caso notable en América Latina es Flowterapia.com, de México, a cargo de la psicóloga Abril Vieyra, quien en 2017 tuvo que mudarse de Morelia a Ciudad de México y, para no perder pacientes, desarrolló una plataforma de terapias en línea. En conversación con Debates IESA, Vieyra contó que la demanda de su plataforma aumentó 300 por ciento durante la pandemia en 2020 y continúa en alza. Actualmente está integrada por un grupo de 45 psicólogos que atienden todo tipo de consultas; en especial casos de estrés, ansiedad, depresión e irritación que se volvieron más frecuentes en los últimos tiempos debido a la incertidumbre económica ocasionada por la pandemia. «Ofrecemos nuestros servicios a las empresas que quieren asistir a sus empleados. Próximamente iremos a otros mercados, como Ecuador y Panamá. Para eso estamos aprendiendo más de la idiosincrasia de esos países», anunció Vieyra.

Entre las empresas emergentes del sector salud que cotizaron mejor en el escenario internacional están Talkspace (servicios de salud mental en línea, con sede en Nueva York), Lyra Health (atención y medición en línea de la salud, con sede en California) y Koa Health (proveedor de servicios digitales de bienestar emocional, desarrollado por Telefónica de España). Pero estas empresas son la punta del iceberg de un rubro que crece más y más.

Desde 2017 los grandes inversionistas del sector en Estados Unidos inyectaron casi 2.600 millones de dólares en nuevas empresas de salud mental, de los cuales la mayor parte fue desembolsada en 2020. Hasta ahora, la mayoría de las aplicaciones ha surgido en Estados Unidos, pero muchas tienen alcance a otros mercados, justamente por tratarse de herramientas digitales que no conocen fronteras.

En este momento hay inversionistas que atienden mercados en otras latitudes, lo que podría ser una oportunidad para muchos emprendedores de América Latina, incluida Venezuela. Para ello se requiere, como mínimo, acceso a un servicio rápido de internet, cierto músculo financiero y, en especial, inventiva en la materia.

Lo cierto es que existen nuevos desarrolladores de dispositivos basados en inteligencia artificial para los más diversos indicadores de salud en tiempo real en todo el mundo. Estos abarcan desde sensores que miden y ayudan a autorregular las emociones —ansiedad, depresión, euforia— hasta servicios móviles con técnicas de meditación a elección, pasando por aplicaciones que registran cambios de hábitos y emiten informes de evolución del paciente, o dispositivos que detectan la depresión y emiten estímulos —música, por ejemplo— para intentar revertir ese estado anímico.

Entre las empresas emergentes más pujantes se encuentran la estadounidense Clarigent Health (activa alertas ante indicadores suicidas en pacientes, a distancia y en tiempo real, para que los médicos actúen de inmediato), Sentio Solutions (empresa estadounidense que creó Feel, una pulsera que identifica las emociones de su portador y se las muestra para que aprenda a reforzar las señales positivas), Cerebriu (nacida en Copenhague, creó una tecnología que vigila los pulmones y anticipa necesidades de oxígeno de los pacientes enfermos de covid-19, para evitar situaciones de angustia).

La tendencia de este tipo de dispositivos seguirá en alza, a precios cada vez más asequibles a medida que se masifiquen. Seguramente habrá una depuración de la multiplicidad de propuestas en los mercados y sobrevivirán las más útiles y valoradas por los consumidores. Pero, sin duda, las empresas de América Latina también tienen chance de demostrar lo que pueden hacer y jugar sus cartas en la competencia del tablero internacional. Todavía hay mucho por crear e inversionistas dispuestos a apostar.


Fabiana Culshaw, periodista y psicóloga empresarial.