La represa de Yacambú: una tarea pendiente y urgente

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Obras en ejecución del Sistema Hidráulico Yacambú-Quíbor (estado Lara). Fotografía: diario TalCual.

Han transcurrido 48 años sin que haya llegado agua al valle de Quíbor procedente del río Yacambú, una obra de ingeniería hidráulica con capacidad para ofrecer grandes beneficios a la actividad agropecuaria del estado Lara. La conclusión de la obra podría tardar entre dos y tres años si se inician las tareas pendientes.


Escasez de recursos y de presupuesto, problemas técnicos, disputas legales, lentitud de las obras y múltiples paralizaciones han configurado el entorno de la construcción del Sistema Hidráulico Yacambú-Quíbor, cuya piedra fundacional se colocó en 1973 y comenzó en enero de 1974. Desde ese momento han transcurrido 48 años sin que una gota de agua haya alimentado el valle de Quíbor y sus alrededores, incluida la zona metropolitana de Barquisimeto.

Esta obra de envergadura, que abriría la puerta al progreso de gran parte del estado Lara, sigue esperando una nueva oportunidad que, según Rafael Guevara, podría materializarse en un lapso entre dos y tres años con una buena empresa de ingeniería. Rafael Guevara, ingeniero civil de la Universidad Católica Andrés Bello, con maestría en Hidráulica de la Universidad Stanford, es director de la firma GLG Ingenieros Consultores y profesor invitado en el Programa de Formación para Gerentes de la Industria de Agua y Saneamiento del IESA.

En la conferencia titulada «¿Por qué Yacambú no se parece a Olmos?», Guevara explicó que la represa y su túnel de trasvase crearían empleos, impulsarían la agricultura, dotarían de agua y darían un verdadero impulso a las fértiles tierras del valle de Quíbor, capital del municipio Jiménez del estado Lara. Ingeniero de esta obra durante un lapso de la ejecución, asegura que la puesta en operación de la represa sería una excelente noticia para la agricultura venezolana, en un mundo en el que el petróleo tiene cada vez menos futuro y cabida.

 

Yacambú no se parece a Olmos

Guevara dio amplios detalles técnicos de cómo y por qué se concibió la obra y de los diversos problemas que afectaron su desarrollo. Al mismo tiempo, la contrastó con la presa de Olmos en Perú, un sistema hidráulico con características técnicas similares al de Yacambú, pero con resultados distintos.

Ambos proyectos diseñan un trasvase de zona húmeda a zona árida que requiere una presa con un túnel trasandino de veinte kilómetros y un objetivo de riego de unas 35.000 hectáreas. El objetivo principal del proyecto peruano fue crear un polo de desarrollo económico y mejorar las condiciones de vida de la población en el norte del país, una zona fundamentalmente árida.

Guevara sostiene que, pese a las similitudes de ambos proyectos, su diferencia fundamental es el tiempo. Olmos se construyó en cinco años y, luego de cinco años en operaciones, los resultados han sido importantísimos para la economía de la región y, si se quiere, para todo Perú. El ingeniero José María de Viana, profesor invitado y miembro del Consejo Directivo del IESA, destacó de lo dicho por Guevara que el valor de la zona de influencia de la presa Olmos se duplicó en pocos años; originalmente, costaba 4.000 dólares la hectárea. Vale tanto —explica De Viana—, porque ese proyecto no es solamente hidráulico, sino que tiene también significado económico.

Guevara identifica otra gran diferencia: los esquemas administrativos. Mientras que en Perú se entregó una concesión a 25 años a una empresa privada, en Venezuela Yacambú la administra el gobierno.

 

¿Qué le falta a Yacambú para terminarse?

En palabras de Guevara:

Si empezamos de aguas arribas a aguas abajo, en la presa falta terminar la descarga de fondo, falta terminar el aliviadero y unas obras de refuerzo del estribo izquierdo, además del campamento y la logística de las condiciones para la construcción. Pero podemos hablar de que porcentualmente es poco con respecto a lo que se tiene hecho. Y en el túnel tenemos conocimiento que ha habido derrumbe de algunos tramos. Está inundada gran parte del túnel y, muy importante, ya los elementos de logística, línea férrea, ventilación, iluminación, campamentos, no existen.

Una empresa de Estados Unidos recomienda realizar obras adicionales para el estribo izquierdo, por lo que el cálculo de lo requerido en metálico es difícil. «Pero, al voleo, creo que estamos hablando de unos 150 millones de dólares para terminar las obras. No obstante, eso hay que estudiarlo con cuidado», expresó el experto. Para De Viana y Guevara, Yacambú es una tarea pendiente que debe culminarse: las necesidades por las que se concibió el proyecto están más vigentes que nunca.

 

Esquema de concesiones o Estado operador

Al ser consultado sobre la pertinencia de que la represa la asuma una empresa privada, Guevara respondió que en todas partes del mundo existen sistemas de concesiones; en cada caso hay que considerar la propiedad de la tierra y la disposición de los usuarios a pagar. «Acá en Venezuela tenemos un problema: durante mucho tiempo los servicios son prácticamente gratis. Y eso hay que revisarlo», indicó el ingeniero.

«Siempre son posibles las concesiones. No digo que sean la panacea, pero es una alternativa razonable, pues es el concesionario debe poner las obras al día y rehabilitar los servicios». Además —advierte— para ejecutar las obras de ingeniería que faltan (Yacambú, Tocoma, La Vueltosa, los metros y muchas otras más) será preciso recurrir a financiamiento internacional.

Y para recurrir a ese financiamiento tendremos que hacer todos los procesos muy transparentes, tanto de diseño como del llamado a contratación, como de control de las contrataciones, que se exige a escala mundial. Y eso hay que hacerlo, sí, y muy bien hecho.


Érika Hidalgo López, periodista.

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