La seguridad de los depositantes: cuando se encuentran la necesidad y la oportunidad

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Imagen de Luisella Planeta en Pixabay

La banca tradicional capta depósitos del público que, en buena medida, se transforman en préstamos a personas naturales y empresas. Lamentablemente, este arreglo contiene el germen de su inestabilidad. El desarrollo de los mercados de deuda puede aminorar el riesgo de insolvencia de la banca comercial. Otra historia es cuando los acreedores no son bancos comerciales.


Hay momentos en que la oportunidad y la necesidad se encuentran. Ese es el caso de los nuevos esquemas de préstamos empresariales. Durante años la banca tradicional ha captado depósitos del público que, en buena medida, se han transformado en préstamos a personas naturales y empresas. Lamentablemente, este arreglo trae consigo el germen de su inestabilidad.

En algunas ocasiones las instituciones financieras no miden cuidadosamente la calidad crediticia de quienes solicitan los recursos; y en otras, cuando la ley lo permite, utilizan fondos de los depositantes para financiar sus carteras de inversión en títulos valores. En estos casos exponen el dinero de los depositantes a riesgos difíciles de afrontar y, mucho menos, justificar, cuando desarreglos macroeconómicos deterioran las carteras de activos de los bancos.

No es entonces de extrañar que, desde hace mucho tiempo, se acaricia la idea de sustituir los depósitos del público por fuentes de financiamiento más robustas. De ellas se espera no solo que puedan evaluar el riesgo al que se exponen en cada operación crediticia, sino también que dispongan de músculo financiero para soportar pérdidas sin transmitir riesgo sistemático al resto de la economía.

¿Quiénes son los candidatos naturales a desempeñar ese papel? Quienes necesitan nuevos tipos de activos para potenciar los retornos y diversificar los riesgos de sus carteras de inversión, quienes tratan de buscar la oportunidad en esta necesidad de evitar que los depósitos del público se expongan a peligros que no se pueden atenuar sin incurrir en costos importantes.

La respuesta es: los préstamos directos de inversionistas privados. Estos, a diferencia de otras clases de activos que requieren invertir en una estructura de mercado existente, surgen para reemplazar el ecosistema de los préstamos tradicionales de la banca comercial.

Los inversionistas privados son actores que trabajan con fondos propios, muy poco endeudamiento y horizontes de inversión de largo plazo. Por eso lucen idóneos para cubrir la función crediticia, al menos en el segmento que atiende a las grandes empresas. Este cambio implica reemplazar los bancos comerciales muy regulados con estructuras organizativas complejas, integradas por compañías de inversión relativamente ágiles cuyos administradores de carteras a menudo se destacan en la valoración y la gestión del riesgo crediticio.

Para las empresas medianas y pequeñas, la sustitución de los bancos comerciales por inversionistas privados no es una posibilidad real. El ciclo crediticio bancario incluye los trámites de analizar y aprobar una solicitud de crédito y la gestión de la cartera vigente y la que tiene algún retraso; esta última debe atenderse desde que surgen las señales iniciales de problemas hasta la restructuración de créditos insolventes. Las relaciones entre los bancos comerciales y las pymes son de largo plazo y van más allá de lo meramente transaccional, como puede ser el caso de las operaciones con los fondos privados. En las estructuras organizacionales de los inversionistas privados no existe una figura equivalente a la de los ejecutivos de cuenta de los bancos comerciales que atienden a las pymes cotidianamente y lidian con sus problemas financieros, para tratar de controlar tempranamente situaciones que podrían desembocar en la insolvencia crediticia.

Al ser los préstamos directos de los inversionistas privados una actividad relativamente nueva, estas instituciones no han tenido oportunidad de desarrollar mecanismos para atender los problemas crediticios de sus deudores a medida que se presentan. Adicionalmente, los inversionistas privados entran en contacto con las empresas que solicitan financiamiento a través de fondos de capital privado que patrocinan la operación; aunque no la avalan, en casos de insolvencia los inversionistas privados negocian con esos patrocinadores.

El vacío que existe en este nuevo esquema de financiamiento se presenta cuando las compañías deudoras, y en especial las de mediano tamaño, les incumplen a los inversionistas de similar tamaño, que no tienen el músculo financiero ni la sofisticación de los grandes acreedores privados. Este puede ser el caso de las oficinas de inversión de algunas empresas familiares.

Cuando la necesidad y la oportunidad se encuentran surge algún actor que se beneficia. En este caso serán fondos especializados que se dediquen a comprar préstamos insolventes a grandes descuentos. Este es aún un segmento de mercado poco desarrollado que eventualmente se consolidará.

Sustituir a los bancos comerciales por inversionistas privados es una idea con mucho mérito, y es parte de un rediseño del sistema financiero que apenas emerge. Los grandes depositantes bancarios podrán colocar sus excedentes de corto plazo en vehículos especializados que comparten muchos atributos con los fondos de mercado monetario que hoy existen. Los pequeños depositantes tarde o temprano abrirán cuentas en los bancos centrales de sus países. Desaparecerán las corridas bancarias, pero seguramente aparecerán otros problemas.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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