La violencia enfermó a Venezuela

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Ilustración: Oswaldo Dumont

Cada año Venezuela supera el récord de homicidios. Al cierre de 2015, unas 28.000 personas perdieron la vida de forma violenta. La cifra equivale a 90 asesinatos por cada 100.000 habitantes, y saca al país del estándar de la Organización Mundial de la Salud, según el cual hay una epidemia de violencia cuando se superan diez asesinatos por cada 100.000 habitantes. Cada vez más, los venezolanos experimentan episodios de paranoia y ansiedad.

Lissette Cardona / Abril-diciembre 2016


En los primeros cinco días del año 2016 al menos seis personas menores de edad fueron asesinadas. Una de ellas, una adolescente de trece años habitante del barrio El Observatorio del 23 de enero, salió de su casa a buscar a unas amigas para compartir una pizza que le había comprado su papá, cuando fue alcanzada por una bala perdida.

6 de enero de 2016: El diario El Universal reportó la muerte de una octogenaria a manos de su hijo. «Carmen Figueroa de Ortiz de 86 años de edad falleció este lunes en horas de la noche en la sala de quemados del Hospital Domingo Luciani de El Llanito, donde permaneció cuatro días agonizando tras haber sido quemada por su hijo, luego de una discusión». El sujeto usó una bombona de gas como lanzallamas para vengarse de su madre quien lo había reprendido por haber llegado ebrio a su casa.

19 de enero de 2016: Daniel Suárez y su esposa fueron asesinados y quemados delante de sus dos hijas de tres y siete años de edad, respectivamente, luego de que el grupo familiar fuera secuestrado en la urbanización El Paraíso. Los delincuentes los mataron porque, cuando ingresaron a la casa de las víctimas, descubrieron que Suárez había sido policía.

20 de febrero de 2016: Una mujer con siete meses de embarazo fue asesinada en una balacera en un mercado a cielo abierto de las Minas de Baruta. Varias personas a bordo de motocicletas abrieron fuego contra un sujeto que se encontraba en el mercado. La policía sospecha que el móvil fue la venganza. Otras siete personas, entre ellas una niña de siete años de edad, resultaron heridas en el hecho.

Las historias de asesinatos se cuentan por miles en Venezuela desde hace casi dos décadas. De acuerdo con las cifras ofrecidas por la fiscal general de la República Luisa Ortega Díaz en su rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional a mediados de enero de 2016, en el año anterior se registraron 17.778 asesinatos en el país, equivalentes a unos 49 asesinatos diarios, y el 82 por ciento ocurrió con armas de fuego.

La tasa de homicidios, según los números oficiales, fue 58 muertes por cada 100.000 personas. La cifra difiere de la contabilidad que lleva la ONG Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), por unas 10.000 muertes. El OVV contó 27.875 homicidios en 2015, lo que implica una tasa de 90 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. De 145.000 homicidios registrados ese año en Latinoamérica, 19 por ciento ocurrieron en Venezuela, de los cuales 5.528 cadáveres estuvieron en la Medicatura Forense de Bello Monte, adonde llegan los muertos de Caracas y su área metropolitana; de esos muertos, 147 eran policías, 153 mujeres y 270 menores de edad. «Una de cada 5 personas que mueren asesinadas en América es un venezolano», detalla el texto del informe (Observatorio Venezolano de Violencia, 2016).

El diario El Universal, en una nota publicada el 3 de enero de 2016, informó que mensualmente se esperan unos 500 cadáveres en la morgue: «Los encargados de diseñar las fichas con el número de ingreso para cada cadáver hacen 500 por mes, porque saben que la criminalidad es alta. En varias oportunidades se ha superado» (Ramírez Miranda, 2016). El mismo texto señala que en los dos primeros días de 2016 llegaron 24 personas fallecidas por homicidio a la morgue capitalina.

 

Venezuela está enferma de violencia

Según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS) las sociedades que superan diez homicidios por cada 100.000 habitantes sufren una epidemia. Según las cifras oficiales, en Venezuela hay seis veces más homicidios que la cifra fijada por la OMS; si se usa la cifra del OVV, la tasa es nueve veces mayor.

Luis Izquiel, abogado penalista y criminólogo, en entrevista concedida a Debates IESA, afirmó que 2015 fue el año más violento de la historia de Venezuela y que 2016 será igual o peor. Reveló que en el último año Venezuela tuvo un índice de muertes violentas 15 veces mayor que el registrado en todo el mundo, ubicado en 6,2 asesinatos por cada 100.000 personas. Izquiel precisó que la OMS basa sus cálculos en homicidios por ser la consecuencia más grave de la violencia. Sin embargo, el organismo no obvia otros delitos y hechos que también afectan a la salud pública, tales como secuestros, robos, violaciones y agresiones. Recalcó que en 2011, último año en que se midió el índice de la violencia mundial, Venezuela apareció en el segundo lugar. Cuatro años después, el país se superó a sí mismo al pasar de 19.336 a 27.875 muertes violentas. Según Izquiel:

En un país con una alta tasa de homicidios también hay secuestros y robos. Venezuela es la quinta nación del continente con mayor índice de secuestros. La violencia de la ciudadanía es un síntoma de la enfermedad de la sociedad. Se ve, por ejemplo, en los linchamientos que ocurren porque los ciudadanos toman la justicia por su mano, por la falta de intervención de los cuerpos policiales. Se ven cada vez más crímenes atroces, de mayor carácter inhumano y con más saña.

Su afirmación encuentra asidero en las estadísticas presentadas por la ONG Control Risk, la cual determinó que Latinoamérica es la región con mayor número de secuestros, debido a la frecuencia del delito en países como México, Colombia, Venezuela y Brasil.

En 2015 Venezuela ocupó la quinta posición entre los países con mayor número de secuestros, al acumular mil delitos de ese tipo, una cifra muy alta para su número de habitantes. La tasa de secuestros fue 3,26 por cada 100.000 habitantes.

 

La impunidad como regla

El OVV (integrado por el Laboratorio de Ciencias Sociales y las universidades Central de Venezuela, de Oriente, del Zulia, Católica del Táchira y Católica Andrés Bello-Guayana) reportó en su informe de 2015 que el deterioro de las condiciones de vida del venezolano —empobrecimiento, escasez, inflación, deterioro de las condiciones laborales, disminución de la disponibilidad y la variedad de alimentos y medicamentos, debilidad creciente de los servicios de salud y educación, incremento del miedo y pérdida del espacio público— ha contribuido al incremento de la violencia.

La sociedad venezolana está abrumada por patologías provenientes de cuatro fuentes: el estrés inescapable, la zozobra creada por mensajes antagónicos aunque provienen de la misma fuente, la desesperanza o el fracaso aprendido

El agravante es la impunidad. La fiscal general Ortega Díaz admitió en su rendición de cuentas que solo se han emprendido 11.924 investigaciones de delitos diversos pese a que, según sus cifras, se cometieron al menos 17.778 asesinatos, sin contar otros delitos. La Asociación Civil Justicia Solidaridad y Paz (Funpaz) advirtió, en un análisis del informe de la Fiscalía, que la impunidad relacionada con los homicidios es 94 por ciento; es decir, de cada cien personas apresadas por asesinato, apenas seis reciben condena por el delito.

Para el experto en criminalística Luis Izquiel, aunque se tomen medidas correctivas a corto plazo, los resultados no se verán de inmediato. Pero, mientras más tarde se adopten estrategias para revertir la violencia, la situación se tornará más difícil.

El corazón de la violencia es la impunidad, que no se investiga por la partidización del Ministerio Público y el Poder Judicial. Hay que hacer que fiscales y jueces se ganen las credenciales por concursos de oposición. También es necesario transformar el problema carcelario y fortalecer el sistema de policías. Tenemos un déficit de policías cuantitativo y cualitativo: los estándares dicen que un país debería tener cuatro policías preventivos por cada mil habitantes. Venezuela debería tener 120.000 policías preventivos, pero hay 100.000 según cifras oficiales.

El criminólogo explicó que las personas no perciben a la policía como garante de la seguridad. De hecho, las cifras quedan en duda porque no suelen ver funcionarios en custodia. Además, «la corrupción ha penetrado los cuerpos policiales. Muchos funcionarios no se dedican a proteger y están ligados a hechos delictivos». La tarea es a largo plazo, porque la recuperación de los indicadores sociales requiere tiempo.

Los indicadores sociales del país son malos: embarazo precoz, consumo y tráfico de drogas y alcohol, desempleo, baja escolaridad. Todo eso hace a las personas presa fácil del camino delictivo. No es un problema que se resuelve a corto plazo. Otros países como Colombia en los años noventa tenían una tasa de homicidios de 80 por cada 100.000 habitantes. Pero allá se aplicaron políticas correctas. En Medellín y Bogotá, el año 2015 cerró con 45 asesinatos por cada 100.000 personas. Lo lograron en un lapso largo.

El experto recordó que la inseguridad es la primera causa de migración de venezolanos y precisó que la solución requiere un cambio de gobierno.

Los que nos quedamos vivimos aterrorizados y en toque de queda, lo que desmoviliza a la sociedad. Las mismas personas que llevaron al foso a Venezuela en 17 años no son los que nos van a sacar de la situación. Venezuela necesita un cambio político general para transitar el camino de la reversión de los índices criminales. Apenas cambien las condiciones actuales, ese índice va a descender.

Venezuela debería tener 120.000 policías preventivos, pero hay 100.000 según cifras oficiales

El OVV, en su informe de cierre de 2015, destaca varios factores que pudieron contribuir al recrudecimiento de la violencia. En primer lugar, hay mayor presencia del delito organizado. La II Encuesta sobre delito organizado, realizada por el Observatorio de Delito Organizado en 3.500 hogares en septiembre de 2015, arrojó que para la mayoría de las personas el delito es propiciado por la corrupción de las autoridades: policías y militares venden armas al delito organizado, el gobierno entregó el control de las cárceles a los presos y es responsable de la promoción de los colectivos armados. «Los entrevistados perciben que los controles y restricciones económicas que se imponen desde el Gobierno Nacional crean oportunidades para el accionar del delito organizado», concluyó (Observatorio de Delito Organizado, 2015: 39).

En segundo lugar el OVV señala el deterioro de los cuerpos de seguridad y el déficit de funcionarios. En tercer lugar aparece la privatización de la seguridad: cada vez hay más personas que contratan servicios privados para resguardo ante la ausencia de los públicos. Esa situación lleva a ejercer la justicia por cuenta propia. En cuarto lugar está la militarización represiva de la seguridad; por ejemplo, la Operación Liberación del Pueblo, en vez de disminuir los delitos, los incrementa. En quinto y sexto lugares están el empobrecimiento de la sociedad y la impunidad que estimulan el delito y la destrucción institucional que lleva a desconocer y desobedecer normas y leyes.

 

Contra los varones y los más jóvenes

El OVV había advertido de la gravedad de la violencia en el país en el informe «Derecho a la vida en Venezuela» presentado al Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en junio de 2015, para evaluar el desempeño del Estado venezolano en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. El informe contabiliza más de 230.000 muertes violentas en el país desde el año 1999:

El pasado año 2014 hubo, según estudios y cálculos del OVV, 24.980 asesinatos en todo el territorio nacional y la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes llegó a 82. Entre 1998 y 2014, se cometieron en Venezuela 231.562 homicidios. La violencia homicida es la tercera causa de muerte en Venezuela; es la primera causa de muerte entre los jóvenes y es la causa de mayor número de años de vida potenciales perdidos. Aunado a ello, la inseguridad ciudadana es el principal problema social que afecta a todos los venezolanos.

Al cierre de 2015 la situación había empeorado. Hasta el último día del año otras 27.875 personas habían sido asesinadas en el país, lo que engrosó el número de muertes violentas y llevó el total a 259.437 decesos, cifra que se equipara la cantidad de habitantes de ciudades como San Cristóbal y Mérida (Observatorio Venezolano de Violencia, 2015).

José Félix Oletta, exministro de Sanidad y Asistencia Social y miembro de la Sociedad Venezolana de Salud Pública, explicó en entrevista concedida a Debates IESA para este reportaje que la violencia es una enfermedad social de la que nadie está exento. En Venezuela, particularmente, afecta más a los varones jóvenes.

Más allá del problema social, comparto la idea de algunos especialistas que indican que el fenómeno en nuestro país tiene una dimensión política, es decir, la violencia como herramienta, la violencia instrumental, como palanca del régimen para coaccionar, para mantenerse en el poder. Para romper la coherencia social, el tejido que nos mantiene unidos a todos como una nación. Para borrar las reglas de convivencia. El enfoque ecológico de este grave problema nos lleva a estudiar sus determinantes, sus factores de riesgo, su impacto sobre la calidad de vida, sobre el costo social y económico, sobre el desarrollo del país y su futuro. Desde hace tiempo rebasamos el nivel epidémico de este formidable enemigo. Se requiere voluntad política para enfrentar el problema y atacarlo desde sus orígenes, es un cáncer maligno, con capacidad metastásica formidable y hay que desarrollar anticuerpos antitumorales desde la familia, la escuela, el trabajo y la ciudad.

En su trabajo titulado «Violencia y su impacto en los sistemas de salud», publicado en el volumen 20 de la revista Medicina Interna en 2004, enumera las características de la violencia en Venezuela. Pese a que el texto data de hace doce años, continúa vigente.

El médico señaló que la violencia era un fenómeno reciente, pues la tasa de homicidios se mantuvo invariable (entre 8 y 12 homicidios por cada 100.000 habitantes) entre los años 1975 y 1989. Luego presentó un incremento en 1994, cuando llegó a una tasa de 22 homicidios por cada 100.000 habitantes y se mantuvo con ligeras variaciones hasta finales de la década. La violencia también es urbana y suele concentrarse en las principales ciudades del país. Una tercera característica sigue vigente más de una década después: los jóvenes y los hombres son los más afectados.

El informe de Unicef «Ocultos a plena luz 2014» también es útil para corroborar la gravedad de la violencia en el país. Ese año el homicidio fue la primera causa de muerte de jóvenes entre 10 y 19 años, con 20 asesinados por cada 100.000 habitantes (Unicef, 2014).

 

Caracas, la más peligrosa

Caracas es la ciudad más peligrosa del planeta. Así lo afirmó la ONG mexicana Seguridad, Justicia y Paz (2016) en una lista de cincuenta ciudades del mundo. En 2015, Caracas superó a San Pedro Sula, Honduras, calificada como la ciudad más peligrosa del mundo en 2014. Así, Venezuela rompió otro récord negativo. Adicionalmente, el informe señala que «las ciudades de Venezuela en conjunto presentan el mayor nivel de violencia» y que otras siete ciudades del país están en la lista, dos de ellas entre las cinco primeras: Maturín y Valencia.

Los cálculos de la ONG mexicana precisan que Caracas tuvo una tasa de 120 homicidios dolosos por cada 100.000 habitantes. Otras ciudades que aparecen en la lista fueron Ciudad Guayana (11), Barquisimeto (20), Cumaná (24), Gran Barcelona (34) y Maracaibo (49), en las que un total de 7.653 personas fueron asesinadas durante 2015.

Mientras que las ONG especializadas en el estudio de la violencia cuenta víctimas el gobierno venezolano evita publicar cifras. El Anuario de Mortalidad que debe publicar el Ministerio de Salud de Venezuela anualmente no ha sido divulgado desde el año 2012 y las oficinas de prensa e información de los cuerpos policiales y del Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia se niegan a revelarlas.

 

Planes ineficaces

En 17 años, el gobierno ha ejecutado 24 planes de seguridad que, en vez de revertir los efectos de la violencia, los han acrecentado. El más reciente es la Operación Liberación del Pueblo (OLP), activada en julio de 2015, que ha dejado 245 fallecidos. La propuesta es convertir zonas peligrosas en zonas de paz. Sin embargo, en sectores como los Valles del Tuy y la Cota 905, entre otros, los crímenes se dispararon. En los Valles del Tuy, por ejemplo, fueron hallados ocho cadáveres desmembrados en distintos días y sectores durante el primer mes de 2016.

Venezuela necesita un cambio político general para transitar el camino de la reversión de los índices criminales. Apenas cambien las condiciones actuales, ese índice va a descender

A la OLP precedieron el Plan Nacional de Desarme en 2014, el Plan Patria Segura de 2013, la Ley para el Control de Armas y Municiones, y la Misión A toda vida Venezuela del año 2012, el lanzamiento de la Guardia del Pueblo y el Plan Madrugonazo al Hampa de 2009, la Operación Cangrejo y el Dispositivo Bicentenario de Seguridad (Dibise) que también entraron en vigencia en 2009, el Plan Ruta Segura y el Plan Caracas Segura, ambos de 2008 y, entre 1999 y 2007, Sistema Socialista Penitenciario, Plan Macro Caracas Segura, Plan Estratégico Nacional de Convivencia y Seguridad Ciudadana, Plan de Desarme Nacional, Plan Nacional de Control de Armas, Plan de Seguridad Misión Caracas, Plan Piloto de Seguridad, Plan de Coordinación Policial y Control de Vigilantes Privados, Plan Desarme Nacional, Plan Confianza, Plan Nacional de Seguridad Ciudadana, Plan de Desarme Pacífico Carcelario o Plan de Dignidad Carcelaria y Plan de Seguridad Ciudadana.

 

Sociedad paranoica

El crecimiento exponencial de la violencia se palpa no solo en los números sino también en el comportamiento de las personas. El psiquiatra especialista en trastornos del estado de ánimo, Luis Madrid Peroza, explicó que la sociedad venezolana está abrumada por patologías provenientes de cuatro fuentes: el estrés inescapable, la zozobra creada por mensajes antagónicos aunque provienen de la misma fuente (por ejemplo, gobernantes que dicen que no ocurre nada, que todo está en calma, pero hay desabastecimiento y otros problemas que causan escisión de la mente), la desesperanza o el fracaso aprendido (debido a la falta continua de logros que lleva al individuo a aprender a desesperanzarse) y la violencia globalizada que viene de diferentes medios (incluidos los discursos políticos).

Se cae en una fractura de las normas sociales de convivencia y se cae en la horda primitiva. Los cuatro elementos crean un paradigma psicopatologizante que hace que el individuo se vaya enfermando. Las personas adoptan posiciones psíquicas para afrontar situaciones problemáticas. Pero cuando ese mecanismo es rígido, intenso o sucede de forma masiva se vuelve disfuncional.

Madrid Peroza destacó las consecuencias de esos mecanismos cuando son exacerbados en forma de cinco posturas patológicas:

  1. Paranoide: el individuo percibe a todas las personas como amenaza o peligro, desconfía de todo el mundo y se aísla de la gente.
  2. Fóbica: la persona percibe cualquier situación como un peligro para su integridad. Desarrolla fobias o miedos intensos e irracionales; por ejemplo, el psiquiatra precisó que en Venezuela cada vez hay más casos de agorafobia o fobia a los espacios abiertos.
  3. Depresiva: la persona se vuelve apática, se deprime, se aísla (incluso de su propia familia), siente desgano.
  4. Disociada: la persona realiza actividades, casi siempre de orden religioso o deportivo, de un modo compulsivo. También tiende al aislamiento.
  5. Psicopática: la persona percibe a los demás como agresores, por lo que su respuesta tiende a ser la agresión.

El doctor Madrid Peroza reseñó su experiencia de los últimos tiempos en los términos siguientes:

En las consultas se ve un incremento en los trastornos de ansiedad, por la posibilidad de ser agredido o secuestrado. El individuo no tiene control de su pensamiento. También han crecido los casos de trastornos obsesivos compulsivos y estrés postraumático, trastornos del sueño, de la conducta alimentaria y de la esfera sexual. El venezolano está durmiendo menos, con pesadillas, con interrupciones angustiantes. Hay una disminución marcada de la libido o aumento de la actividad compulsiva. Los trastornos depresivos se han duplicado.

El especialista advirtió que entre sus colegas psiquiatras han notado un incremento en el abuso de sustancias como alcohol y marihuana. También han registrado incrementos de casos de trastornos de la personalidad.

Los niños que van creciendo en ámbitos tan inseguros van desarrollando trastornos. Se está viendo en gente joven inestabilidad emocional, conductas violentas y autoagresivas, antisociales, jóvenes con conductas psicopáticas porque crecieron en un ámbito sin normas o reglas, trastornos narcisistas de la personalidad, con egos insuflados, que humillan y maltratan. Hay que tomar conciencia, porque estamos en situación de amenaza, pero con solución. Nada es permanente. Hay que dosificar los estímulos. No hay que abrumarse con las noticias. Hay que hacer catarsis en actividades grupales y al aire libre, evitar automedicarse y buscar apoyo profesional.

 

Referencias

Asociación Civil Paz Activa (2015): 2do Informe del Observatorio de Delito Organizado. Visibilizando lo que hay detrás de la criminalidad. Caracas: Asociación Civil Paz Activa.

Observatorio de Delito Organizado (2015): «II Encuesta sobre delito organizado en Venezuela. Resultados nacionales». Caracas: Laboratorio de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela y Observatorio Venezolano de Violencia.

Observatorio Venezolano de Violencia (2016): «2015 tasa de homicidios llegó a 90 por cada 100 mil habitantes». Caracas: Laboratorio de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela.

Observatorio Venezolano de Violencia (2015): «El derecho a la vida en Venezuela». Caracas: Laboratorio de Ciencias Sociales de la Universidad Central de Venezuela.

Ramírez Miranda, D. (2016): «5.258 cadáveres registraron en la morgue de Bello Monte en 2015». El Universal. 3 de enero.

Seguridad, Justicia y Paz (2016): «Metodología del ranking (2015) de las 50 ciudades más violentas del mundo». Ciudad de México: Seguridad, Justicia y Paz. Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, A.C.

Unicef (2014): «Ocultos a plena luz. Un análisis estadístico de la violencia contra los niños. Resumen». Nueva York.


Lissette Cardona, periodista.

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