Las sombras de la banca en la sombra

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Imagen de Harut Movsisyan en Pixabay

La banca en la sombra ha ganado importante participación de mercado en el segmento de crédito empresarial. Pero su vinculación con el resto del sistema financiero abre la posibilidad de que se convierta en una fuente de transmisión de riesgo sistémico.


Uno de los grandes efectos inesperados de la crisis de confianza que sufren los bancos regionales estadounidenses es la reducción, a corto y mediano plazo, de su oferta crediticia. En principio, estos bancos atienden a un tejido empresarial en el que los grandes bancos no están interesados.

La cercanía física y el conocimiento profundo de realidades económicas locales, se supone, les permiten asignar recursos con mayor eficiencia mediante sus carteras de crédito. Lamentablemente, desde el comienzo del alza de las tasas de interés estadounidenses en marzo de 2022, los bancos regionales han enfrentado grandes presiones; particularmente, la pérdida de depósitos de un público que busca la seguridad ofrecida por los grandes bancos comerciales, que cuentan no solo con mayor músculo financiero, sino también con la percepción de un compromiso implícito de rescatarlo ante cualquier «accidente macroeconómico».

Los bancos regionales han sufrido, además, un incremento en el costo de su financiamiento, al tener que subir las tasas que pagan por los depósitos para evitar que sus clientes desvíen su dinero hacia fondos mutuales de renta fija y otros vehículos de inversión similares. Estas presiones reducen la capacidad crediticia de estos bancos y permiten a otros actores llenar el espacio comercial que hasta ahora han cubierto. Entre ellos se encuentra la llamada banca en la sombra (shadow banking).

¿Qué es la banca en la sombra? Esta expresión se acuñó para definir el conjunto de entidades financieras, infraestructura y prácticas que sustentan operaciones financieras fuera del alcance de los reguladores nacionales. En este grupo se incluyen fondos de pensiones, fondos del mercado monetario y empresas administradoras de activos (asset managers).

Una de sus principales diferencias con los bancos comerciales y universales es que no captan recursos del público con vehículos tradiciones como cuentas corrientes o depósitos a plazos. Esto les exime de la supervisión de los reguladores bancarios.

Estas instituciones han ganado importante participación de mercado en el segmento de crédito empresarial privado de Estados Unidos. Su volumen de transacciones en el año 2013 fue de unos 142.000 millones de dólares, y se espera cierre 2023 en 850.000 millones. Entre los principales actores del sector se encuentran Apollo Global Management, Ares Management y Blackstone.

Los bancos a la sombra ayudan a resolver un problema de oferta crediticia, pero lo hacen a un mayor costo para sus clientes que los bancos comerciales, que puede elevarse hasta 300 puntos básicos (uno por ciento equivale a cien puntos básicos). Aunque los bancos a la sombra hacen su tarea de evaluar los riesgos de sus potenciales clientes, y no están apalancados con depósitos del público, sus vinculaciones con el resto del sistema financiero, que incluye operaciones con otros bancos a la sombra y fondos de capital privado, abren la posibilidad de que se conviertan en una fuente de transmisión de riesgo sistémico.

No es de extrañar, entonces, que Yanet Yellen, la Secretaria del Tesoro estadounidense, haya comenzado un proceso de cabildeo junto con el Fondo Monetario Internacional para lograr que estas instituciones califiquen como sistemáticamente importantes; así caerían bajo la jurisdicción regulatoria de la Reserva Federal. Pero, mientras persista la crisis de confianza en los bancos regionales, es poco probable que cambie el marco regulatorio para incluir a los bancos a la sombra de una manera más explícita en el ecosistema financiero estadounidense. A corto plazo es necesario que los antiguos clientes de los bancos regionales sigan teniendo acceso a una oferta crediticia oportuna, y las discusiones sobre competencias regulatorias podrían entorpecer el flujo de recursos.

Pensar en la banca a la sombra como una especie de club privado, aislado del resto del sistema financiero internacional, es una posición un tanto ingenua. Si algo ha mostrado la aparición de nuevos actores con potencial para crear y transmitir riesgo sistémico, como es el caso de los criptobancos, es que ninguna institución puede operar indefinidamente a la sombra.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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