Las tasas de interés definirán la suerte del mercado

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Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Los mercados financieros no parecen estar muy convencidos de que es posible lograr un crecimiento económico pospandemia sin un ajuste al alza de las tasas de interés. La pregunta que flota en el ambiente es: cuando suban las tasas, ¿qué le pasará a la bolsa?

Carlos Jaramillo / 25 de marzo de 2021


 

La Reserva Federal de Estados Unidos enfrenta un problema comunicacional complejo: por un lado, reconocer que la recuperación económica de ese país posterior a la pandemia es más robusta de lo que se esperaba y, por el otro, mantener su política de tasas bajas hasta, al menos, el principio de 2024.

En las reuniones del Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de los días 16 y 17 de marzo de 2021 la proyección del crecimiento del PIB pasó de 4,2 a 6,5 por ciento para 2021, mientras que la tasa de desempleo esperada se redujo de 5 a 4 por ciento para el mismo periodo.

Los mercados financieros no parecen estar muy convencidos de que es posible lograr ese crecimiento económico sin un ajuste al alza de las tasas de interés. Como es bien sabido, las tasas bajas han sido el pilar de la subida del mercado accionario estadounidense; en particular, de las acciones del sector de tecnología avanzada. Por lo que la pregunta que flota en el ambiente es: ¿qué le pasará a la bolsa cuándo suban las tasas?

Diversos indicadores, más o menos blandos, sugieren que el mercado accionario estadounidense está sobrevaluado y que una corrección es pertinente. Normalmente, los especialistas del área ven la presencia de un gran volumen de pequeños inversionistas en las transacciones cotidianas como una señal de una ola especulativa que conduce a una corrección. En la actualidad este grupo de actores participa en el veinte por ciento de las operaciones diarias, número muy alto para los estándares históricos.

La relación precio/ganancia, ajustada para reflejar el impacto de ciclos económicos, propuesta por Robert Shiller, es un indicador de valoración muy popular. En el caso estadounidense se ubica en 35 veces la utilidad proyectada del mercado en su conjunto para el próximo año. Dado que el promedio histórico es 15, de nuevo esta es una señal de «recalentamiento» que llama a la corrección.

Las correcciones son como las profecías: anunciadas con mucha anticipación y cumplidas cuando menos se espera. El mercado accionario estadounidense se corregirá tarde o temprano, los inversionistas perderán dinero; pero, ¿cuál será su impacto para el resto de la economía? Esta es la gran pregunta.

La respuesta gira alrededor de dos posiciones: la apocalíptica y la moderada. La primera sostiene que esta es la burbuja financiera más importante del último siglo, debido a la abundante liquidez inyectada por los bancos centrales de los países desarrollados. Cuando estalle se desencadenará una recesión internacional que tardará años en superarla.

La versión moderada postula que un mercado accionario a la baja causa estragos en la economía cuando los responsables de las políticas monetaria y fiscal no intervienen para atenuar los efectos de la corrección bursátil. Los manejos de la Gran Crisis Financiera de 2007-2009 y de la pandemia muestran que nadie se quedará con los brazos cruzados ante un evento de tal naturaleza.

La destrucción de valor producto de una caída bursátil debería reducir el consumo de los inversionistas afectados. Pero investigaciones recientes, como las de G. Chorodow-Reich y colaboradores, muestran que tales cambios en el consumo son moderados.

Un peligro potencial, aunque menor, es que las empresas endeudadas para enfrentar la pandemia en los países desarrollados, y los gobiernos soberanos de los mercados emergentes tengan problemas para servir sus deudas, en un contexto de ralentización económica inducido por el mercado accionario a la baja. En principio, en un escenario de crecimiento económico, en el que el aumento del producto pudiera compensar la subida de tasas de interés, sería perfectamente posible tolerar un mercado accionario a la baja con consecuencias limitadas para el resto de los actores económicos.

La estabilidad económica de largo plazo ocurrirá en un mundo donde el sector privado invierta más su propio dinero y menos el dinero barato de los banco centrales, donde haya una mayor redistribución del ingreso y donde el sector público haga las inversiones con potencial para que el resto de la sociedad se apoye en ellas y cree valor.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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