Los grandes complejos deportivos no son juegos: sobre arquitecturas y economías

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Proyecto «La Rinconada Stadium», de la firma de arquitectura Gensler (https://www.gensler.com/projects/la-rinconada-stadium).

Las competencias deportivas globales o regionales —olimpíadas, copas mundiales de fútbol, juegos Panamericanos o del Caribe— imponen retos singulares a las ciudades y países anfitriones en lo concerniente a planificación, logística, financiamiento y construcción de megaestructuras; en especial, su utilización luego de las competencias.


El 20 de noviembre de 2022 se dio el pitazo inicial del Mundial de Fútbol de la FIFA en Catar, la última y costosa edición del certamen que alcanzó récords de audiencia y asistencia. También se recuerdan los Juegos Olímpicos de Verano en Tokio (2020), los de Invierno y Paralímpicos en Beijing (2022), el Clásico Mundial de Béisbol en Taiwán, Tokio, Phoenix y Miami (2023) y, en un ámbito regional, la Serie del Caribe de Béisbol en Macuto y Caracas (2023).

Todas estas citas forman parte del mundo de la competencia y el espectáculo contemporáneos, donde las representaciones nacionales intentan imponerse a las demás, mientras las ciudades y países anfitriones deben, con los méritos y riesgos que ello comporta, mostrar sus capacidades para el desarrollo de estos eventos con imponentes infraestructuras, buena parte de las cuales son expresamente construidas para esos fines.

 

Competencias e infraestructuras

Las grandes competencias deportivas requieren un considerable esfuerzo organizativo y financiero, aparte de la construcción de obras arquitectónicas de envergadura, que se transforman en símbolos de las ciudades y de los clubes deportivos que albergan. Para buena parte de las personas, aun aquellas no aficionadas a los deportes, resultan conocidos los nombres Maracaná, Wembley, Nido de Pájaro, San Siro, Allianz Arena, Santiago Bernabeu, Camp Nou…

Estos sitios y denominaciones hacen referencia a largas tradiciones que se remontan, al menos, hasta los primeros Juegos Olímpicos en Grecia, la mayor y más antigua competencia del planeta. Comenzaron en la pequeña ciudad santuario de Olimpia, y se celebraron desde el año 776 a. C. hasta el 393 d. C., con el mérito de «establecer, cada cuatro años, un estado de paz política durante el cual los habitantes de todas las ciudades podían viajar con entera libertad bajo la protección de Zeus, sin temor a ser detenidos o lesionados. Atacar a uno de estos peregrinos constituía un acto sacrílego»[1]. Las ruinas de ese asentamiento han sido objeto de trabajos arqueológicos y se han identificado varios restos que distinguieron a Olimpia como centro deportivo especializado: la palestra o sitio para la lucha, el espacio abierto del gimnasio (acompañado de baños, vestuarios y salones de clase), hostales e instalaciones para los visitantes y el majestuoso estadio, al este de la ciudad, el cual contaba con una pista de carreras rodeada por una larga columnata.

Los romanos llevaron la competencia deportiva a un punto más cercano al espectáculo —panem et circenses— llevado a cabo en coliseos, anfiteatros y grandes circos. Tales infraestructuras han sido recreadas en los monumentales escenarios de las películas Ben Hur (1959) y Gladiador (2000), entre otras.

La épica deportiva no se limita a los Juegos Olímpicos, reiniciados en Atenas en 1896 y continuados a pesar de boicots y suspensiones temporales. Se extiende al fútbol, el béisbol y el rugby, por mencionar disciplinas cuya práctica requiere espacios de considerable dimensión. Las competencias tienen lugar usualmente en vistosas instalaciones que, si bien son bastante similares internamente por efecto de la estandarización funcional, se diferencian por envolventes y cubiertas que plantean retos estructurales y formales de envergadura.

Estos vastos edificios forman parte de la memoria colectiva. Vale recordar el Estadio Olímpico de Berlín, que albergó los polémicos juegos de 1936, organizados por el nazismo y, luego de su remodelación, las copas del mundo de 1974 y 2006. Esa edificación fue el fastuoso escenario del film Olympia de 1938, dirigido por la polémica Leni Riefenstahl, quien documentó con valor propagandístico y una serie de avances técnicos las proezas de los atletas del momento.

 

Estadio olímpico de Berlín en el film Olympia y en 2023

Fuente: Lorenzo González Casas (captura de pantalla y foto).

 

Construcciones que rompen récords

Las competencias internacionales son una fuente de innovación en arquitectura, como muestra la historia de las exposiciones mundiales.[2] Lo mismo ocurre en el caso de los encuentros deportivos, donde las arenas son fuentes de creatividad e innovación proyectual. De ahí deriva la importancia del encargo de estas obras para firmas como Chipperfield (ganador del Premio Pritzker 2023), Cruz y Ortiz, Foster, Gensler, Gregotti, Hadid, Herzog & de Meuron, Nervi, Populous y Villanueva, que dejan evidencia de su talento en el diseño de estas construcciones.

Lo vistoso de estos conjuntos especializados para alta competencia y grandes aforos se asocia también a sus dimensiones y costos crecientes. Entre los distintos intercambios deportivos universales, las olimpíadas plantean, por sus exigencias técnicas y organizativas, los mayores retos. Para buena parte del público, los Juegos Olímpicos son percibidos como una tradición festiva más que una costosa inversión en infraestructuras, que usualmente superan las previsiones iniciales y raramente retornan los recursos colocados. De hecho, desde 1960, ningún juego se ha ajustado a lo presupuestado y casi la mitad ha costado más de dos veces lo que se esperaba.[3] En otros casos, la premura inaugural deja obras inconclusas o defectuosas.

Un resultado favorable, que colocó el listón muy alto, fue el de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Proporcionaron la excusa para una exitosa transformación urbana y se convirtieron en modelo, por sus logros y rentabilidad: «Solamente el 17 por ciento de los gastos fue exclusivamente para deportes, mientras que el 83 por ciento se dirigió a mejoras urbanas».[4] Varias instalaciones continuaron en uso, con la excepción del ingenioso campo de tiro con arco, desmontado para hacer espacio a una expansión del metro.

Los monumentales esfuerzos de construcción de infraestructura no se limitan a los juegos olímpicos; en los mundiales de fútbol también se cosechan récords. Por ejemplo, el Mundial de Catar de 2022 se llevó a cabo en ocho estadios con un aforo conjunto de unas 400.000 personas. La magnitud del esfuerzo es evidente, para una nación de tres millones de habitantes, de los cuales apenas 300.000 poseen carta de ciudadanía.

En Venezuela también ha existido una notable cosecha de obras asociadas a encuentros nacionales e internacionales. Vienen a la memoria los Juegos Bolivarianos en la Ciudad Universitaria de Caracas (1951), Maracaibo (1970), Barquisimeto (1981) y nuevamente Maracaibo (1989); los Panamericanos (1983); los Juegos Deportivos Nacionales en San Carlos (2003); la Copa América de fútbol (2007) y la Serie del Caribe (2023). Muy probablemente los esfuerzos económicos de mayor envergadura han sido los de la Copa América, con estadios nuevos en Maturín, Barquisimeto y Mérida, y la reciente Serie del Caribe, con los estadios de Macuto, en servicio desde el año 2020, y La Rinconada desde 2023. Este último fue proyectado por Gensler, una de las oficinas de arquitectura más conocidas y grandes del mundo, y cuenta con capacidad para cerca de 40.000 espectadores, casi el doble del aforo del estadio de béisbol de la Ciudad Universitaria de Caracas.

 

El día siguiente

Una incógnita recurrente es qué hacer con los estadios, campos, canchas y otras instalaciones luego de los torneos. Muchas resultan inapropiadas para competiciones locales de carácter frecuente, que pudieran ayudar a cubrir los costos de inversión y mantenimiento.

De seguir las tendencias, el destino de abandono y ruina de muchos de estos complejos de uso eventual es más que probable, como muestran abundantes reportajes de su transformación en ruinas.[5] [6] Es una historia que se repite y permite pensar que muchas competencias son, en realidad, una fábrica de elefantes blancos.

Para algunos, incluso, albergar juegos olímpicos es una idea horrible.[7] Una de las razones estriba en el costo económico, casi imposible de amortizar. Sobran los ejemplos. El Estadio Olímpico de Montreal, construido para los Juegos de 1976, tenía un presupuesto de 174 millones de dólares y terminó costando más de 1.500 millones, una deuda que se hubo de pagar a lo largo de tres décadas, para quedar luego abandonado; por lo cual su sobrenombre inicial «The Big O» (La Gran O), por su nombre y forma, se convirtió en «The Big Owe» (La Gran Deuda).[8]

Se calcula que el gasto total asociado a la preparación de la Copa Mundial de Catar fue de unos 200.000 millones de dólares,[9] el más costoso de la historia.[10] De sus ocho instalaciones, solamente la del Khalifa permanecerá en la forma original, mientras que las demás se desmontarán, reducirán o transformarán para otras actividades. Otros aspectos que han motivado críticas son las irregularidades en las asignaciones de sedes, los impactos sociales de poblaciones desplazadas hacia la periferia urbana con mínima compensación o las condiciones y riesgos para la mano de obra.[11] Estos asuntos han llevado a protestas ciudadanas y al rechazo mediante procesos referendarios de las sedes de Múnich para los Juegos de Invierno de 2022 y de Hamburgo para los de Verano de 2024.[12]

Un caso extremo, epítome de la decrepitud acelerada, es el de Pyeongchang (Corea del Sur). Se construyó un estadio de 35.000 asientos para los Juegos de Invierno de 2018, en una localidad de 40.000 habitantes, a un costo de 109 millones de dólares; se usó solo cuatro veces antes de ser demolido, a un costo sorprendente de diez millones por hora de uso.[13]

En Venezuela hay también ejemplos de deterioro de infraestructura con interminables ciclos de cierres y reaperturas. Así ha ocurrido con algunos campos de fútbol de la Copa América de 2007, como el Pachencho Romero de Maracaibo y el Monumental de Maturín, el mayor del país, con aforo de casi 52.000 espectadores, que a lo largo del tiempo ha enfrentado problemas y condiciones deficientes de drenaje, iluminación, mobiliario, equipos y engramado. En cuanto a los estadios recientemente construidos, Macuto y La Rinconada, no pareciera haber un torneo internacional a la vista, por lo cual habrá que esperar hasta al menos 2029 para organizar una nueva edición de la Serie del Caribe, y buscar otros motivos y competencias nacionales para mantenerlos en operación.[14]

 

Algunas opciones a la vista

De estas y otras experiencias se deriva que el riesgo y la recuperación de las inversiones empiezan a ser cada vez más importantes para las decisiones deportivas, más allá de la visión simplista de que «las obras quedan». Se plantea limitar los desembolsos y desarrollar nuevas construcciones mediante el reciclaje, la renovación y el aprovechamiento de lo que ya existe. Esta ha sido la apuesta de las ciudades de París y Los Ángeles que, usando predominantemente el inventario existente, han sido designadas anfitrionas de los Olímpicos de 2024 y 2028, respectivamente. Al surgir cada vez menos propuestas para nuevas sedes, se propone la rotación entre algunas ubicaciones fijas o dividir los encuentros entre varias ciudades. Tal es el caso de la próxima Copa Mundial de Fútbol de 2026, compartida entre Estados Unidos, Canadá y México.

En la construcción de cualquier conjunto resulta conveniente la mezcla de usos y el propósito múltiple, adecuado a diferentes deportes y eventos, acompañado de actividades rentables para conciertos y funciones públicas, y con áreas hoteleras y comerciales. Así se planteó en Toronto, Indianápolis y Washington, este último caso no exento de polémica por el incumplimiento de provisión de las áreas comerciales acordadas.

Otra estrategia consiste en limitar, hasta donde sea posible, las dimensiones de las edificaciones, con posibilidad de expandirlas mediante partes removibles. Las residencias para deportistas y delegados, que requieren albergar en los Olímpicos cerca de 20.000 personas, pueden transformarse en viviendas económicas o residencias estudiantiles, como ocurriera en la Villa Panamericana en Guarenas, luego urbanización Las Islas, de 1983, y en Atlanta en 1996. En síntesis, mientras las audiencias deportivas, físicas y virtuales siguen creciendo, la clave es mantener las obras en la órbita de la sostenibilidad, mediante modelos adecuados de gestión, mantenimiento y recuperación de inversiones.


Lorenzo González Casas, arquitecto y urbanista, profesor de la Universidad Simón Bolívar.

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Notas

[1] Mumford, L. (1974). La ciudad en la historia. Infinito, p. 172.

[2] Busquets, J. (2022). Arquitectura moderna y ciudad: una inmersión rápida. Tibidabo Ediciones.

[3] Aleem, Z. (2018, 23 de febrero). Why (almost) no one wants to host the Olympics anymore. Vox. https://www.vox.com/world/2018/2/23/17008910/2018-winter-olympics-host-stadiums-cost-pyeongchang-

[4] Qi, L. (2021, 18 de septiembre). Olympic games & cities: Enshrined in sports history, but for what purpose? Urban Minds. https://medium.com/urban-minds/olympic-games-cities-enshrined-in-sports-history-but-with-what-purpose-aa4292e70aeb

[5] Davis, S. (2020, 5 de marzo). What abandoned Olympic venues and stadiums from around the world look like today. Bussines Insider. https://www.businessinsider.com/abandoned-olympic-venues-around-the-world-photos-rio-2016-8

[6] Sports Management Degrees. (2023). 20 Anguishing images of abandoned olympic venues. https://www.sports-management-degrees.com/haunting-images-of-abandoned-olympic-venues/

[7] Burgess, N. (2022, 22 de junio). Hosting the Olympics is a horrible idea. Making a Millennial Millionaire. https://www.makingamillennialmillionaire.com/post/hosting-the-olympics-is-a-horrible-idea

[8] Quirk, V. (2012, 20 de julio). How (not) to host the Olympics (Part III). Archdaily. https://www.archdaily.com/245628/how-not-to-host-the-olympics-part-iii?ad_medium=gallery

[9] Dunbar, G. (2022, 5 de diciembre). What’s post-World Cup future for Qatar’s stadiums. AP News. https://apnews.com/article/world-cup-winter-olympics-sports-soccer-health-34794d0e44575af4d5255a290ed79171

[10] Geeter, D. (2022, 10 de noviembre). Why hosting the World Cup can be a bad idea for some countries. CNBC. https://www.cnbc.com/2022/11/10/why-hosting-the-world-cup-can-be-a-bad-idea-for-some-countries.html#:~:text=World%20Cups%20are%20played%20once,Cup%20comes%20to%20a%20close.

[11] Amnistía Internacional (2016, 30 de marzo). The ugly side of the beautiful game: exploitation of migrant workers on a Qatar 2022 World Cup site. https://www.amnesty.org/en/documents/mde22/3548/2016/en/

[12] Woertz, E. (2016). La política de las olimpíadas. En E. Woertz (ed.). Juegos olímpicos y ciudades: oportunidades, ambiciones y fracasos (pp. 9-11). CIDOB.

[13] Aleem (2018).

[14] Delgado, F. (2023, 14 de febrero). ¡Que no se conviertan en «elefantes blancos»! Esto harán con estadios tras la Serie del Caribe. Impacto Venezuela. https://impactovenezuela.com/que-no-se-conviertan-en-elefantes-blancos-esto-haran-con-estadios-tras-la-serie-del-caribe/