¿Puede haber una transición energética con energía barata?

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Antes de la crisis de la covid-19 y la invasión rusa a Ucrania, el mercado energético apuntaba a una transición de bajo precio. Pero los trastornos en las cadenas de suministro y la logística del petróleo y el gas solo pueden traer más volatilidad en los precios. Una transición energética con energía barata supone alimentar la electrificación con fuentes renovables.


Antes de la covid-19 se identificaban claramente cinco tendencias en los mercados energéticos: 1) crecimiento de la demanda en los países asiáticos, principalmente China e India; 2) aumento de la producción de petróleo y gas de esquisto, y surgimiento de Estados Unidos como exportador neto de energía; 3) penetración de las energías renovables (específicamente, eólica y solar); 4) preocupación por el cambio climático; y 5) electrificación de la demanda energética. Estas tendencias interactúan y se yuxtaponen; el resultado es una perspectiva de transición energética con bajos precios de la energía.

Mucho antes de la covid-19, en la primera década del nuevo siglo, China e India se convirtieron en la principal fuente de crecimiento de la demanda energética. De hecho, el crecimiento de estas economías se convirtió en el principal motor del superciclo del petróleo entre 2003 y 2014. El papel de la OPEP como agente «equilibrador del mercado» —para resolver situaciones de exceso de oferta asociadas con recesiones a escala mundial (crisis financiera global), pero sin querer actuar en los casos de escasez de oferta— contribuyó mucho a este superciclo. El superciclo ha creado incentivos para la investigación y la aplicación de nuevas tecnologías (dentro y fuera del negocio del petróleo). Tales son los casos del petróleo y el gas de esquisto, y de las energías renovables.

La aplicación de tecnologías de fracturación hidráulica ha incrementado la producción hasta el punto de convertir, de nuevo, a Estados Unidos en un país excedentario en energía y un importante freno a las aspiraciones de precios de la OPEP, y, en general, alimentar la expectativa de energía barata. Esta expectativa podría cambiar debido a la nueva realidad impuesta por la covid-19 y la invasión rusa a Ucrania.

La caída de la demanda de energía fósil —por el efecto de la covid-19 sobre la movilidad— combinada con la presión de los inversionistas para reorientar las inversiones de las empresas de energía —de fósiles a renovables— ha creado y seguirá creando retrasos en las inversiones ante una posible recuperación de la demanda. La guerra, por su parte, puede crear problemas en la logística mundial del petróleo y el gas: interrupciones de suministros que causan mayor volatilidad en los precios de los combustibles fósiles.

Un auge de energías renovables

Durante el superciclo del petróleo se aceleró la penetración de las energías renovables (eólica y solar), impulsadas por la preocupación por el cambio climático. En 2003, las energías renovables representaban solo el 0,2 por ciento del consumo mundial de energía primaria. En 2014 alcanzaron el 2 por ciento y en 2020 el 5,2 por ciento.

En el caso de China el superciclo impulsó estrategias de diversificación de su matriz energética: las renovables adquirieron una dimensión geopolítica. Si en 2003 las energías eólica y solar aportaban el 0,2 por ciento (igual que la media mundial), en 2014 llegaron al 3,4 y en 2020 al 11,4 por ciento (por encima de la media europea de 7,2 por ciento). Hoy China es el mayor generador de energía renovable del mundo y el mayor proveedor de equipos del sector. Esta participación ha sido decisiva para reducir los costos de generación de energía renovable.

Las economías de escala y la curva de aprendizaje en la industria de los paneles solares han hecho bajar los costos de generación en un 24 por ciento entre 2015 y 2020, y se esperan nuevas reducciones de 22 por ciento para 2040, según el informe de BP de 2019. Recientes informes de la Agencia Internacional de las Energías Renovables y de la Agencia Internacional de Energía revelan que, desde 2010 hasta 2020, la reducción de costos alcanza todas las renovables. El costo nivelado de la generación de electricidad con paneles solares ha descendido un 85 por ciento, y la energía eólica ha bajado hasta un 56 por ciento: ya es la forma más barata de generar electricidad, detrás del gas natural.

Lo que comenzó como una respuesta al superciclo de los combustibles fósiles y el cambio climático tiene ahora su propia dinámica de reducción de costos. La recuperación de la pospandemia y la invasión a Ucrania —de larga o de corta duración— traerán más volatilidad a los precios de los combustibles fósiles. El retraso de las inversiones en petróleo y gas podría renovar los episodios de aumento de precios de los combustibles fósiles. Sin embargo, esto reforzará aún más la ventaja de costos a favor de las energías renovables.

Electrificación en el lado de la demanda

En 2003, el 16 por ciento del consumo final de energía era electricidad; en 2020 superará el veinte por ciento. Que la transición energética se logre con precios bajos de la energía dependerá de la electrificación que aporten las energías renovables. Si las inversiones en renovables se quedan atrás, la creciente electrificación de la demanda de energía traerá consigo el uso de combustibles fósiles. Esto presionará al alza los precios de los combustibles fósiles (también sujetos a retrasos en las inversiones), lo que impulsaría una especie de transición energética con precios altos de los combustibles fósiles. Pero, ¿sería realmente una transición energética?


Ramón Key, profesor del IESA e investigador invitado del Centro Euro-Mediterráneo de Cambio Climático.

Claudina Villarroel, profesora de la Universidad Central de Venezuela.