Se buscan empresarios B

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Fotografía: Pexels.

Las empresas B se preocupan por causar un impacto positivo en la sociedad y en el ambiente, sin dejar de concebir la obtención de utilidades como la parte central de la estrategia para alcanzar sus objetivos. En América Latina existen más de 300; excepto en Venezuela, donde no hay una empresa B certificada.

Edwin Ojeda y Aramis Rodríguez / Julio-septiembre 2018


 

Quien hable de «empresas sociales» (o empresarios sociales), en un país tan polarizado y politizado como Venezuela, corre el riesgo de ser etiquetado de socialista, si el público está formado mayoritariamente por empresarios tradicionales (o empresarios «de verdad»), o derechista, si la mayoría del público está integrada por representantes del denominado «tercer sector»: ONG, fundaciones y otros actores institucionales.

El movimiento de empresas B es una realidad palpable en América Latina a partir de 2012. En la actualidad existen más de 300 empresas certificadas, desde México hasta Argentina. Venezuela ni siquiera tiene una; a pesar de que los trabajos de Bautista y Cámara (2018) y Lares y Pietri (2018) muestran que algunas empresas venezolanas cuentan con el potencial para obtener la certificación.

La empresa B considera las utilidades como la herramienta para lograr sus objetivos y no como un fin en sí mismas

Empresas sociales y empresas B

Curto (2012) clasifica las empresas sociales en las siguientes categorías:

  • ONG tradicional: obedece a un objetivo social o ambiental único o principal, y opera como organización sin ánimo de lucro.
  • Empresa social sin ánimo de lucro: cuenta con un objetivo social o ambiental único o principal, funciona como una organización sin ánimo de lucro y es innovadora en sus proyectos.
  • Empresa social híbrida: posee un objetivo social o ambiental único o muy importante, y su estrategia de obtención de ingresos «complementa» o está «integrada» en la misión de la organización.
  • Empresa social con ánimo de lucro: su objetivo social o ambiental concentra un importante esfuerzo organizacional, pero no es el único; de hecho, cuenta con una estrategia clara de obtención de ingresos.

Para el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin, 2013) las empresas B constituyen un vehículo de emprendimiento e innovación dentro del ecosistema (empresarial) que persigue un triple impacto:

  1. Solucionar problemas sociales y ambientales mediante los productos y servicios que comercializan, pero también gracias a sus prácticas profesionales y ambientales, y las relaciones cultivadas con comunidades, proveedores y diferentes grupos de intereses.
  2. Aprobar un riguroso proceso de certificación que valide el cumplimiento de estándares mínimos de desempeño, así como el ejercicio de labores con total transparencia ―incluso con publicación de resultados― y calidad en el impacto de los resultados sociales y ambientales.
  3. Incorporar modificaciones legales para proteger la misión o el propósito empresarial, en cuyo enunciado se combinan el interés público y el privado.

Para el Fomin (2013: 7):

La empresa B es un nuevo fenómeno empresarial que amplía el deber fiduciario de los accionistas y gestores para incluir intereses no financieros. Su objetivo es crear un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente. Opera con altos estándares de gestión y transparencia, al tiempo que busca el mejor rendimiento financiero y permite la repartición de utilidades entre accionistas. Su filosofía es que la mejor manera de provocar un cambio social o ambiental es a través del mercado. En este sentido, la empresa B considera las utilidades como la herramienta para lograr sus objetivos y no como un fin en sí mismas.

De acuerdo con esta definición, las empresas B buscan tanto impacto positivo como rendimiento financiero. Tal precisión limita la certificación de una empresa B a las categorías 3 y 4 propuestas por Curto: empresa social híbrida y empresa social con ánimo de lucro.

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Oportunidades para las empresas (B y no B)

¿Por dónde empezar la construcción de un ecosistema de empresas B? La experiencia latinoamericana sugiere identificar audiencias que compartan los objetivos B (Fomin, 2013):

  • Pioneros con propósitos: son empresas que intentan establecer nuevos paradigmas en el mercado tradicional; por ejemplo, empresas de reciclaje que reutilizan material de desecho para productos destinados al consumidor final.
  • Empresas que adoptan el nuevo paradigma: examinan constantemente formas de hacer realidad su compromiso y mantienen vivo el interés en contribuir a la construcción de nuevas economías; por ejemplo, empresas que mejoran los estándares de seguridad o incorporan prácticas más respetuosas con el ambiente.
  • Empresas que funcionan como focos de atracción: son referentes en sus sectores, tienen capacidad para construir nuevas economías y se destacan por su innovación y resultados; por ejemplo, empresas que ejercen liderazgo sustentado en su reputación ética y compromiso social.

La experiencia latinoamericana también indica que es posible formar parte del ecosistema innovador de soluciones a problemas ambientales o sociales sin ser una empresa B certificada. Tal es el caso de Bancolombia, el banco más grande de ese país.

Bancolombia fue la primera empresa en implementar el programa «Mide lo que importa», en conjunto con Sistema B, que invitaba a proveedores y clientes del sector de la pyme a medir los impactos sociales y ambientales. A partir de tal experiencia, Bancolombia y Sistema B han unido esfuerzos para garantizar que el impacto positivo de la gestión bancaria sobre personas y entornos naturales sea de idéntica magnitud que su impacto económico (Sistema B, 2017). Fundado en 1875, el banco fue reconocido en 2017 por el Foro Económico Mundial como el quinto banco más sostenible del mundo y el primero en América Latina.

Una empresa puede convertirse en B de dos maneras: mediante la evaluación B y si le es permitido por el marco legal vigente en su zona operativa

Un acercamiento desde Venezuela

Bautista y Cámara (2018) y Lares y Pietri (2018) estudiaron dos empresas venezolanas con el propósito de determinar si cumplían los criterios para merecer la certificación de empresa B.

Bautista y Cámara (2018) investigaron el caso de Soluciones Ávila (nombre ficticio), una empresa venezolana fundada en 1987, dedicada a la importación y la comercialización de materias primas, empaques, equipos, pulpa y papel, así como al diseño y la ejecución de soluciones para el tratamiento de agua de diferentes industrias, gracias al aval de la representación local de importantes empresas extranjeras. La organización tiene 37 trabajadores, y su sede principal está ubicada en Caracas, con sucursales en Valencia (Venezuela) y Santiago de Chile. Cuenta con un modelo de negocio híbrido, que persigue el beneficio social de la mano de políticas de responsabilidad social instrumentadas por la Fundación Ávila (nombre ficticio). La fundación formaliza e impulsa el compromiso social y la estrategia de responsabilidad social de la empresa.

Lares y Pietri (2018) estudiaron el Grupo Venemergencia, una corporación de servicios de salud que opera en el ámbito preventivo y primario. Ofrece servicios de primeros auxilios y hospitalización en casas, para ayudar a sustituir las visitas clínicas. Se asegura de brindar servicios de atención de primera calidad a sus usuarios y disminuir los costos operativos a los proveedores de seguros. A comienzos de 2018, el Grupo contaba con más de dos millones de afiliados y más de 300 empleados directos. Su estructura está integrada por cinco empresas (Venemergencia, Clínica Venemergencia, Venelab, Veneocupacional y Venetecnología) y una organización sin fines de lucro: Fundación Venemergencia.

La Fundación creó las Brigadas Comunitarias de Primeros Auxilios en comunidades vulnerables, con el fin de aportar las primeras instancias que atiendan emergencias en sus zonas; así, desempeña un papel relevante para una transformación estructural que complemente el actual sistema de salud. Adicionalmente, la Fundación ofrece el diplomado Proveedor de Auxilio Médico de Emergencia (PAME), con un subsidio de cincuenta por ciento para los inscritos por el Grupo Venemergencia. Es un programa educativo avalado por la Universidad Simón Bolívar, diseñado para estandarizar y profesionalizar la carrera paramédica en el país. La Fundación logra su sostenimiento financiero gracias a la realización de cursos de primeros auxilios para personas y empresas interesadas, y recursos provenientes de la mitad de la matrícula pagada por los cursantes de los diplomados. Para ello debe actualizar los cursos que integran el diplomado y mantener la organización de cursos en empresas privadas.

Una empresa puede convertirse en B de dos maneras: 1) por medio de la Evaluación de Impacto B y 2) si el marco legal vigente en su zona lo permite. En los casos de empresas venezolanas, como Soluciones Ávila y el Grupo Venemergencia, la única vía es la Evaluación B.

También existe la Evaluación Rápida de Impacto (Quick Impact Assessment), una herramienta que permite a la empresa medir el impacto de su desempeño ambiental y social; aunque no arroja un puntaje numérico que refleje el desempeño general de la empresa, sí ilustra dónde se desempeña por encima o por debajo del promedio de organizaciones similares. En la evaluación rápida, la estructura de las preguntas es similar, aunque no idéntica, a la Evaluación B. Es un instrumento basado en los mismos principios de la Evaluación B, pero no la sustituye. Por ejemplo, Soluciones Ávila optó por aplicar la evaluación rápida de impacto.

El Grupo Venemergencia, en cambio, optó por la Evaluación B y obtuvo un resultado «sobresaliente», según los parámetros del Sistema B: alcanzó 107,9 puntos (sobre un máximo de 200 y un mínimo de 80).

Soluciones Ávila y el Grupo Venemergencia emplearon herramientas distintas para acercarse a la certificación B, pero sus resultados son alentadores. Según Honeyman (2014), una empresa con desempeño promedio en algún área (en la evaluación rápida) tiene alta probabilidad de certificarse, suponiendo que posee un desempeño igual en el resto de las áreas. Un desempeño superior al promedio en un área indica que probablemente la empresa alcanzará el puntaje necesario para obtener la certificación como empresa B. Por ello, no es descabellado conjeturar que Soluciones Ávila podría cumplir la mayoría de los requisitos del Sistema B para certificar a una organización con fines de lucro interesada en producir bienestar social y ambiental.

En el caso de Venemergencia, el resultado «sobresaliente» en la Evaluación B puede resultar un buen aliciente para que la alta gerencia piense en la certificación de la empresa; esto es, iniciar un proceso de mejora continua para convertirse en la primera empresa B venezolana. No obstante estos resultados alentadores, en Venezuela es urgente la búsqueda de empresarios (y empresas) B.

 

Referencias

  • Bautista, R. y Cámara, L. (2018): «Análisis de condiciones de la empresa Soluciones Ávila para optar a la certificación como empresa B». Trabajo de grado para optar a la Maestría en Administración de Empresas. Caracas: IESA.
  • Curto, M. (2012): «Los emprendedores sociales: innovación al servicio del cambio social». Cuadernos de la Cátedra «La Caixa» de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo. No. 13.
  • Fomin (2013): «El fenómeno de las empresas B en América Latina: redefiniendo el éxito empresarial». Washington: Fondo Multilateral de Inversiones. https://www.sistemab.org/wp-content/uploads/2013/02/MIF2014_EmpresasB-America-Latina.pdf
  • Honeyman, R. (2014): The B corp handbook: how to use business as a force for good. San Francisco: Berret-Koehler.
  • Lares, A. y Pietri, F. (2018): «Evaluación del modelo de negocio del Grupo Venemergencia para optar a la certificación de empresa B». Trabajo de grado para optar a la Maestría en Administración de Empresas. Caracas: IESA.
  • Sistema B (2017): «Casos de innovación: empresas con propósito y sistema B en América Latina». Santiago de Chile: Banco Interamericano de Desarrollo y Fondo Multilateral de Inversiones. http://sistemab.org/wp-content/uploads/2017/11/fomin_espanol_28_11_2017.pdf

Edwin Ojeda y Aramis Rodríguez, profesores del IESA.