Teoría de opciones: cincuenta años no es nada

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La teoría de opciones es un marco conceptual poderoso para evaluar decisiones de inversión en activos fijos, calcular el costo de los subsidios al sector financiero durante las crisis sistémicas o asignar valor a las decisiones de diferir o acometer no solo inversiones, sino también planes de naturaleza personal, como la escogencia de una carrera universitaria.


En 2023 se cumplen cincuenta años de la publicación del artículo de Fischer Black y Myron Scholes titulado «El precio de las opciones y de los pasivos corporativos», que dio el gran impulso a la aplicación de la teoría de opciones para la valoración de pólizas de seguro contra el movimiento de los precios de instrumentos financieros, índices bursátiles, materias primas y tasas de interés. La teoría de opciones es un marco conceptual muy poderoso para evaluar decisiones de inversión en activos fijos, calcular el costo de subsidios al sector financiero durante las crisis sistémicas o asignar valor a las decisiones de diferir o acometer gradualmente no solo inversiones sino también planes de naturaleza personal, como puede ser la escogencia de una carrera universitaria de mayor o menor longitud.

Desde el siglo XVII se han transado opciones sobre materias primas y productos financieros. Pero el gran aporte de Black y Scholes fue sentar las bases para que posteriormente Robert C. Merton derivase una fórmula para calcular los precios de opciones de compra (call) y venta (put) sobre los más variados instrumentos.

Los trabajos de Black, Scholes y Merton dieron legitimidad a instrumentos que muchos líderes de opinión de la época consideraban especulativos, como las apuestas sobre las carreras de caballos. A diferencia de muchos otros conceptos económicos, el modelo de valoración de opciones de Merton se popularizó muy rápidamente en la industria financiera, lo cual es impresionante, si se considera que la capacidad de cálculo automatizado para la época era muy limitada.

Los trabajos de Black, Scholes y Merton aparecieron en el momento en que la Bolsa de Chicago abría su mercado de opciones, instrumentos utilizados durante los primeros años principalmente por inversionistas institucionales. Como todas las innovaciones financieras, al popularizarse llegaron al ámbito de las finanzas personales y otros retos comenzaron.

En un principio se limitó su uso a estrategias de cobertura para clientes adinerados, o como instrumento de mitigación de riesgos en los planes de retiro patrocinados por los empleadores. A comienzos de la actual década, en el contexto de la pandemia, y gracias a la confluencia de tiempo libre, plataformas transaccionales de fácil acceso y ayudas económicas del gobierno estadounidense a su población, las transacciones con opciones crecieron exponencialmente: así, en el primer trimestre de 2023 se transaron diariamente 9,3 millones de contratos en la Bolsa de Opciones de la Junta de Chicago (Cboe).

Tal crecimiento ha despertado muchas polémicas. Hay quienes consideran que los nuevos inversionistas no siempre tienen el músculo financiero ni los conocimientos para transar en estos mercados. Los reguladores han tratado de minimizar los riesgos que asumen los pequeños inversionistas al supervisar el contenido del material publicitario que usan las plataformas transaccionales y otros actores que venden servicios de asesoría. Pero adquirir los conocimientos necesarios para ser un inversionista educado seguirá siendo, por ahora, una responsabilidad individual.

Robert C. Merton y Myron Scholes ganaron el premio Nobel de Economía en 1997 por su contribución a la valoración de opciones. Lamentablemente Fischer Black no pudo compartir este honor, pues murió en 1995. Seguramente, ninguno de los tres se imaginó a principios de la década de los setenta del siglo pasado que sus contribuciones académicas cerrarían el circulo de cobertura de riesgos que comenzaron los comerciantes holandeses en Ámsterdam en el siglo XVII, para dar paso a un nuevo mundo de transacciones cuya potencialidad todavía no se termina de explotar ni, seguramente, de entender.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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