Un país pequeño en envase grande: teorías y prácticas de crecer y decrecer

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Vista de las torres de Parque Central desde el Centro Financiero Confinanzas («Torre de David»), Caracas. Fotografía: Saúl Briceño (2013).

El cuestionamiento de los conceptos de crecimiento y desarrollo ha dado lugar a teorías que sugieren rutas diferentes para alcanzar el bienestar humano. Algunas teorías no ofrecen respuestas para naciones pobres —o empobrecidas, como Venezuela, que ha visto mermar la calidad de vida en una vasta gama de indicadores—. Toca pensar en opciones para su eventual recuperación.


No hagas planes pequeños.
Daniel Burnham, 1909

Es peor de lo que parece
Pero está bien…
… Saldremos adelante
Sobreviviremos.
Grateful Dead: Touch of grey, 1987

Los términos crecimiento, progreso y desarrollo no se limitan a la esfera económica. Han sido parte integrante de los discursos sociales y, de manera cuasirreligiosa, han funcionado para resaltar los logros de la ciencia y la tecnología que mejoran las condiciones de calidad de vida de millones de seres humanos. Esa aproximación se asocia a narrativas marcadas por los verbos avanzar, ascender, prosperar, evolucionar, civilizar y expandirse, que existieron desde, al menos, el mundo grecorromano y que fueron potenciados en el siglo XIX con la defensa de la razón y el progreso por Auguste Comte, G. W. F. Hegel y Herbert Spencer; y, más recientemente, por Steven Pinker[1] y otros autores.

De acuerdo con estas ideas, naciones y sociedades pueden calificarse de desarrolladas o subdesarrolladas, de primer o tercer mundo, por medio de indicadores de distinta naturaleza. Uno de los más empleados es el producto interno bruto (PIB), seguido por otros como el ingreso por persona, la disponibilidad de recursos, la tasa de urbanización y el nivel educativo. Cada indicador pretende mostrar, a su manera, los logros alcanzados por la sociedad y los individuos, que se reflejan en infraestructuras y equipamientos, en la altura de los rascacielos y en los avances exhibidos en exposiciones universales y competencias deportivas.

 

La idea de las bondades del crecimiento, sus críticos y sucesoras

No obstante la aceptación extendida de estos criterios, la efusividad respecto de las bondades de un crecimiento y un progreso indetenibles ha mermado desde mediados del siglo XX. Lo que aparecía a modo de un sentimiento minoritario en autores de épocas anteriores, como Oswald Spengler, se ha convertido en un creciente escepticismo, acompañado de conjeturas de decadencia y retroceso.[2]

Buena parte de ese escepticismo se debe a la desilusión ocasionada por guerras, accidentes nucleares, crisis económicas y, en especial, matanzas de poblaciones enteras mediante avanzadas técnicas de exterminio. De ello deja constancia el Memorial del Holocausto, construido en Berlín en el año 2005 con la finalidad de recordar esta catástrofe y honrar a las víctimas.

 

Memorial del Holocausto, Berlín, 2005

Fotografía: Lorenzo González Casas.

 

Los límites del desarrollo parecen haberse alcanzado y hay la sensación de un gradual agotamiento de recursos naturales que parecían infinitos. Asimismo, se cuestiona la insuficiencia del crecimiento económico para el logro del bienestar de las personas. Más aún, se habla de los riesgos del modelo actual para el futuro del planeta; de allí las ideas de equilibrio ecológico y sostenibilidad que aparecieron en el informe Bruntland de 1987 y la Cumbre de Río de 1992. Con todo ello se pone en duda la noción convencional de desarrollo y se va debilitando su capacidad de seducción.[3]

Una posición extrema surge en la década de 1990: la denominada «teoría del decrecimiento».[4] En esa crítica a la sociedad del consumo figuran Serge Latouche y Nicolás Ridoux, quienes cuestionan el empleo de indicadores como el PIB y proponen una reducción de la producción, el consumo, el trabajo y el uso de materia y energía, al tiempo que apuestan por la frugalidad mediante el lema «menos es más»,[5] usado en otro contexto por el arquitecto Mies van der Rohe en la primera mitad del siglo XX, en alusión a una arquitectura de formas simples, reducida a lo básico.

Una posición menos radical apunta a una racionalización económica y un cambio de mentalidad en el uso y la distribución de los recursos. Algunas formulaciones no descartan el crecimiento y el desarrollo, sino que los reinterpretan y los adjetivan con los términos moderado, equilibrado, renovable, sostenible, verde y azul. Esta posición cuenta con el nada despreciable apoyo de las Naciones Unidas, inspirado en los aportes del Club de Roma y los argumentos de E. F. Schumacher acerca de las bondades de lo pequeño.[6]

En esta línea de pensamiento han surgido nuevos aspirantes a paradigmas. La llamada «economía rosquilla» de Kate Raworth ha encontrado interesantes aplicaciones en la ciudad de Ámsterdam.[7] La «economía circular», con Jeremy Rifkin,[8] habla de una nueva revolución industrial inspirada principalmente en aspectos energéticos, y reportajes realizados por Fabiana Culshaw[9] sobre nuevas normas de calidad ambiental para ciudades y poblaciones envejecidas. También se destaca el «crecimiento desmaterializado» de la economista venezolano-británica Carlota Pérez, quien no plantea detener o desacelerar el crecimiento, sino desmaterializarlo mediante un nuevo estilo de vida basado en un bienestar más modesto y solidario, con más servicios en lugar de más cosas.[10]

Muchas de estas ideas han ido adquiriendo carta de naturaleza con la polémica sobre la incidencia de las actividades humanas en el calentamiento global y el efecto invernadero. Surgen entonces preguntas sobre su instrumentación, especialmente en naciones pobres con grandes dificultades para cubrir necesidades básicas de la población o, en el caso venezolano, cuya economía y demografía se han modificado drásticamente por razones distintas a la reducción voluntaria esgrimida por algunos de los autores anteriores.

 

La Venezuela grande

El siglo XX significó para la Venezuela petrolera un período de notable crecimiento en las dimensiones socioeconómicas, demográficas, urbanísticas e, incluso, territoriales, con la ampliación de la jurisdicción marítima y más precisos cálculos de la superficie, que superaron aquellos 912.050 kilómetros cuadrados que se recitaban en las clases de geografía de mediados de siglo.

Como apoyo de ese crecimiento acelerado, se realizó un esfuerzo enorme en la construcción de ciudades, infraestructura y edificaciones, sustentado por una fornida industria de la construcción, segunda después de la petrolera, y fundamental fuente de empleo y distribución de la renta. Acompañaba la mutación urbana una gran capacidad para demoler lo existente, siempre con la idea de comenzar de cero para dar paso al mundo del futuro. Así muestra la imagen de los restos de la sede del antiguo Banco Central de Venezuela, construida en la avenida Urdaneta de Caracas en 1942 y demolida en 1960 para dar espacio a la nueva sede: al viejo edificio apenas se le permitió llegar a la mayoría de edad. A ese nuevo nivel de riqueza correspondió un Estado gigante, que siguió creciendo en el siglo XXI con ingresos extraordinarios que permitieron la nacionalización o expropiación de territorios y empresas nacionales y extranjeras, algunas de las cuales han vivido ciclos interminables de estatización y privatización.

Adicionales a los hechos de crecimiento material en Venezuela existen relatos sobre la enormidad de sus recursos y paisajes naturales, las reservas mineras y potencialidades de desarrollo. De la «pequeña Venecia» que originó el nombre del territorio se pasó al imaginario de la «Gran Colombia» del siglo XIX, después a la «Gran Venezuela» de finales del XX y más recientemente al «país potencia». Todas estas denominaciones han alimentado la pretensión de tener un impacto mundial significativo.

 

Ruinas del antiguo Banco Central de Venezuela

Fuente: Archivo Histórico de Miraflores.

 

El país reducido de los nuevos tiempos

Un mapa elaborado por el diseñador Luis Peña Valero en enero de 2023 ilustra lo que pudiera ser el vacío resultante de la emigración de los venezolanos que, según el autor, equivalía a desocupar once estados más las dependencias federales.

 

Mapa del vaciamiento de Venezuela

Fuente: Luis Peña Valero. https://twitter.com/luispenavalero/status/1619091020486164491

 

Lo que muestra descarnadamente la ilustración es que ese país mítico, enorme, monumental, es hoy un lugar venido a menos por efecto de una diáspora que no parece detenerse. Tal vaciamiento de lo existente ha repercutido en una verdadera «osteoporosis urbana»: un país empequeñecido en un envase grande en trance de deterioro.

Los indicadores muestran que el tamaño de la economía venezolana es hoy una quinta parte de lo que fue. Aparte del petróleo, entre las industrias más afectadas se encuentra la construcción, con participación cada vez más reducida en la producción de bienes y fuentes de trabajo: pasó de emplear a más de un millón y medio de personas a unas pocas decenas de miles en la actualidad.

 

Obra paralizada, avenida Francisco de Miranda, Caracas

Fotografía: Lorenzo González Casas.

 

Este proceso no se limita a los hechos físicos, de por sí desalentadores. La educación sufre una crisis significativa, con descensos de calidad y deserciones de profesores y estudiantes. Según un trabajo de investigación de Indira Rojas, publicado casi simultáneamente al mapa de Peña Valero, entre 2018 y 2021 el país perdió la cuarta parte de su profesorado: pasó de 669.000 a 502.000 docentes.[11] Seguramente, el total ha seguido luego en descenso, con consecuencias negativas y fuente de desigualdades a largo plazo.

 

Sinfonías en «Re» mayor: construcciones y reconstrucciones

Existen posibilidades en el manejo del tamaño reducido de hoy, lejos de la abundancia material que dejó el siglo XX. En primer lugar, es preciso discernir conjuntamente lo fundamental en las necesidades, entre las cuales se encuentran alimentación, sanidad, educación y servicios. Ello requerirá, para parafrasear lo que en alguna oportunidad se llamara «administrar la abundancia con criterio de escasez» (aunque ello quedara, las más de las veces, en puras palabras), administrar la escasez con el mejor criterio posible y hacerlo por convicción y por necesidad, apuntalando leves y elusivos indicios de recuperación.

En segundo lugar, apostar por un crecimiento o desarrollo económico inclusivo requiere dejar atrás extremos como la explotación brutal de recursos del Arco Minero y los proyectos XXL, para adoptar el reciclaje y otras formas del «Re mayor», que no se refiere a obras de Beethoven o Mozart, sino a otras maneras de usar los recursos. Serge Latouche propone un sistema de actuaciones bajo el prefijo re: revaluar, reconceptualizar, reestructurar, relocalizar, redistribuir, reducir, reutilizar y reciclar. Esas actuaciones no conducen necesariamente al decrecimiento por el que aboga Latouche, sino a formas de «recrecimiento», si se permite el término.

Hay ejemplos que merecen resaltarse. Uno es la planta de reciclaje de neumáticos Recológica, en Barquisimeto, que produce distintos tipos de derivados. Otro es la creación de murales de tapas plásticas de Oscar Olivares. En ambos casos se transforman los desechos en obras de arte o utilitarias.

En tercer lugar, más allá de los necesarios cambios políticos, es preciso pensar en las limitaciones futuras de una economía sustentada en la explotación de combustibles fósiles, toda vez que, aparte de sus consecuencias ambientales, depender de una sola fuente de ingresos coloca a una nación en posición de debilidad. Entre las alternativas se destaca el sector turismo y la recreación sostenibles, que use lo ambiental y la naturaleza como activos y aproveche la importante infraestructura receptiva y pararreceptiva instalada en casi todo el país.

En el ámbito del urbanismo y la arquitectura existen pequeñas actuaciones que pueden llevar a impactos notables en el marco de la planificación táctica y la acupuntura urbana. La experiencia internacional de ciudades que se encogen (shrinking cities) puede ser ilustrativa de formas de gestionar la pérdida de tamaño poblacional con el mínimo de efectos adversos.

Hace falta organización para enfrentar los retos de una menor dimensión: volar a menor altura y superar el dominio de lo inmediato, en pos de los significativos aumentos de calidad mostrados en los núcleos de excelencia y, en algunos países, el papel privilegiado de la educación. Es una tarea nada fácil: navegar la tensión entre las miradas del arquitecto Daniel Burnham y del grupo Grateful Dead, en medio de aspiraciones gigantes y el ingenuo optimismo del personaje Pangloss de Voltaire, contento con vivir en el mejor mundo posible. A fin de cuentas, es la complicada posición de tener expectativas realistas, sin perder, no obstante, el interés en transformar lo existente.


Lorenzo González Casas, arquitecto y urbanista. Profesor de la Universidad Simón Bolívar.

Notas

[1] Pinker, S. (2018). En defensa de la Ilustración: por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. Paidós.

[2] Nisbet, R. (1981). Historia de la idea de progreso. Gedisa.

[3] Rist, G. (2002). El desarrollo: historia de una creencia occidental. Catarata.

[4] Latouche, S. (2008). La apuesta por el decrecimiento. ¿Cómo salir del imaginario dominante? Icaria.

[5] Ridoux, N. (2009). Menos es más: introducción a la filosofía del decrecimiento. Lince.

[6] Schumacher, E. F. (1983). Lo pequeño es hermoso: economía como si la gente importara. Orbis.

[7] Raworth, K. (2018). Economía rosquilla: siete maneras de pensar como un economista del siglo XXI. Paidós.

[8] Rifkin, J. (2011). The Third Industrial Revolution: how lateral power is transforming energy, the economy and the world. Palgrave.

[9] Culshaw, F. (2020, 16 de marzo). ISO, la economía circular y las ciudades envejecidas. Debates IESA. http://www.debatesiesa.com/iso-la-economia-circular-y-las-ciudades-envejecidas/

[10] Wittengerg-Cox, A. (2020, 31 de mayo). 5 economists redefining… everything. Oh yes, and they’re women. Forbes. https://www.forbes.com/sites/avivahwittenbergcox/2020/05/31/5-economists-redefining-everything–oh-yes-and-theyre-women/?sh=a70f486714ad

[11] Rojas, I. (2023, 13 de enero). Los maestros perdidos en Venezuela. Prodavinci. http://factor.prodavinci.com/losmaestrosperdidos/index.html