Uruguay: el vecino confiable para los capitales argentinos

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Imagen de Monica Volpin en Pixabay

La crisis argentina de las últimas décadas ahuyentó a los capitales, que se han refugiado, entre otros países, en Uruguay. Emprendedores y compañías argentinas de los más diversos sectores se han instalado o incrementado sus operaciones en Uruguay en los últimos años.


 

Que los capitales buscan seguridad jurídica es incuestionable. Siempre hay quienes son más propensos al riesgo, pero generalmente son las leyes que se cumplen, los compromisos de negocios que se mantienen y las reglas claras los factores que atraen a los inversionistas.

Esto ha caracterizado a Uruguay, más allá del signo de gobierno. Han pasado gobiernos de izquierda y de centroderecha, pero todos con la convicción de atraer capitales extranjeros al país y, para ello, las leyes y normas de base se mantienen.

Pero esa política no es suficiente. Uruguay es un mercado pequeño, de baja escala y caro, y eso actúa en contra. Sus costos son especialmente altos comparados con gran parte de los países iberoamericanos; sobre todo, la mano de obra. Pero en lo que a reglas claras se refiere, en eso sí cuenta con una ventaja competitiva fuerte, que compensa los mencionados factores en contra.

La construcción es uno de los sectores en los que las inversiones argentinas han calado más en Uruguay.

Uruguay se ha propuesto ser un nodo (hub) tecnológico para Iberoamérica. Multinacionales del sector, con Google a la cabeza, se han instalado en este país; en particular, en las zonas francas (libres de impuestos). Emprendedores y compañías argentinas de los más diversos sectores —construcción, agroindustria, informática, innovación en hidrógeno verde, por mencionar algunos— se han instalado o incrementado sus operaciones en Uruguay en los últimos años.

MercadoLibre, por ejemplo, fortalecerá su presencia en Uruguay con la construcción de un moderno centro de distribución, según anunció Diego Gambia, su gerente nacional. El nuevo centro, que se inaugurará en las próximas semanas, será un hito estratégico para la consolidación y el envío de paquetes, en el que se utilizará tecnología de punta. No solo esta empresa, una de las líderes en su sector, tiene mayor presencia en Uruguay, sino que su fundador, Marcos Galperín, argentino de nacimiento, está radicado en Uruguay desde 2022 (excepto entre 2015 y 2019, cuando vivió en su país).

Galperín, así como muchos empresarios argentinos que han decidido radicarse en Punta del Este o Montevideo, han dicho públicamente que no quieren someterse a los imprevistos de la Argentina kirchnerista y prefieren la estabilidad que les brindan otros países, tanto para sus empresas como para su vida familiar. Los analistas económicos del sur se han cansado de observar cómo la política argentina, sin garantías para los empresarios, ahuyentó a los capitales, que se refugiaron en Uruguay (debido a la cercanía), Estados Unidos y Europa.

Argentina ha vivido los estragos de una economía hundida, con inflación altísima, problemas de crédito, dificultades de acceso a dólares, una enorme deuda con proveedores y una pobreza que aumentó a casi el cincuenta por ciento en los últimos años. En algún sentido, muestra un panorama similar a otras economías de Iberoamérica. En Punta del Este viven unos 27.000 argentinos, lo que es muchísimo para la escala de Uruguay.

La construcción es uno de los sectores en los que las inversiones argentinas han calado más en Uruguay. La constructora Criba, por ejemplo, una de las mayores en Argentina, lleva más de una década con proyectos en Uruguay. Llegó a tener nueve obras en ejecución en Montevideo y Punta del Este a mediados de 2023, que representaron contratos por 115 millones de dólares y unos 500 empleos directos.

Las inversiones que han llegado a Uruguay son para proyectos de largo plazo, porque los desembolsos «golondrinas» (que llegan, recogen ganancias por una coyuntura y pronto se van) por suerte no son frecuentes. Ese tipo de inversiones, más oportunistas, no aportan presencia a largo plazo ni puestos de trabajo.

La inversión extranjera directa en Uruguay alcanzó el 6,7 por ciento del PIB durante el tercer trimestre de 2023 y se encuentra en los mayores montos de la última década, según datos del Banco Central del Uruguay. Ha aumentado no solo por capitales argentinos, sino también por provenientes de otros países.

Este año, con el gobierno de Javier Milei en Argentina, persisten muchas interrogantes en el ámbito económico, lo que dificulta hacer proyecciones. Los capitales en ese país están atentos a qué va a pasar y no necesariamente el flujo de inversiones va a llegar de ese país a Uruguay al ritmo de años anteriores.

Esto por dos razones. Gran parte de las inversiones ya llegó, y también las empresas esperan a ver cómo caen las fichas en ese enorme tablero que es Argentina, más aún con un outsider como Milei, con proyectos radicales a favor del empresariado, pero con minoría en el Congreso. También hay empresarios que, como Galperín, se han «quemado con fuego» y, pase lo que pase en Argentina, dicen que no van a volver. El tiempo dirá y es de esperar que las riquezas naturales de ese país prevalezcan sobre los problemas políticos que lo han hundido.


Fabiana Culshaw, periodista y psicóloga.

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