Valor o crecimiento: he ahí el dilema

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Imagen de Dean Moriarty en Pixabay

El mediocre desempeño de la estrategia de inversión basada en la identificación de activos subvaluados, conocida como «valor», obliga a repensar los principios que la sustentan.

Carlos Jaramillo / 4 de marzo de 2021


 

Hay dos grandes estrategias de inversión: valor y crecimiento. Ambas se basan en la idea de que los gerentes de inversión son capaces de determinar el potencial económico de las compañías al procesar información pública con algún método propietario (es decir, desarrollado por ellos mismos), que les da ventajas frente al resto de los actores del mercado al escoger los títulos financieros que tendrán desempeños extraordinarios en los próximos años.

Los inversionistas que apuestan a la estrategia de valor suponen que algunas acciones se venden a descuento con respecto al que sería su «verdadero precio». Por alguna razón, los mercados financieros no reconocen ese precio, o castigan excesivamente a las empresas por las dificultades que atraviesan y eventualmente superarán.

Los inversionistas que apuestan a la estrategia de crecimiento presumen que son capaces de reconocer, antes que los demás, tendencias generales que permiten identificar los sectores que liderarán el crecimiento económico en los próximos años.

Si la realidad fuese tan simple como los supuestos que están detrás de estas estrategias, habría períodos en los cuales las carteras de los proponentes de valor ganarían mucho dinero, y en otros, los afortunados serían los que apuestan al crecimiento.

Durante buena parte del siglo XX los inversionistas que apostaban a la identificación de valor lograron un desempeño extraordinario. Personajes como Benjamin Graham, el académico que desarrolló el marco conceptual de esa estrategia, o su discípulo Warren Buffett consolidaron buena parte de su fama, y su fortuna en el caso del segundo, al aplicar rigurosamente sus principios. Pero de repente algo cambió. En la última década, la estrategia de valor ha producido retornos mediocres, incluso inferiores al de inversiones pasivas que siguen índices como S&P 500.

¿Es esta una situación transitoria? ¿Es la consecuencia de la abundante liquidez inyectada por los bancos centrales de los países desarrollados? ¿Hay una explicación más compleja?

Los profesores Bradford Cornell, de la Escuela de Gerencia Anderson (Universidad de California), y Aswath Damoradan, de la Escuela de Negocios Stern (Universidad de Nueva York) acaban de publicar un trabajo con el provocador título «Value investing: Requiem, rebirth or reincarnation? (que podría traducirse como «Estrategia de valor: ¿réquiem, renacimiento o reencarnación?»).

Cornell y Damoradan sostienen que la estrategia de valor ha perdido su efectividad debido a dos causas: 1) los parámetros contables utilizados para identificar acciones subvaluadas han perdido efectividad y 2) la economía mundial cambió y también la manera como el mercado financiero refleja la información.

Durante buena parte del siglo XX había información que, aunque disponible, no se incorporaba eficientemente a los precios, debido a los altos costos de procesarla. Los gerentes de inversión que buscaban activos subvaluados costeaban la recolección y el procesamiento de una enorme cantidad de datos contables y cosechaban los beneficios de tal actividad. Los avances tecnológicos cerraron esa brecha de acceso efectivo a tal información y eliminaron cualquier posible retorno extraordinario asociado.

Los gerentes que siguen la estrategia de valor tienden a descartar compañías que, en sus fases iniciales, no muestran todos los indicadores que alimentan sus modelos. Muchas de estas empresas son los nuevos actores de los mercados financieros, que surgen para captar las oportunidades de negocios creadas por las nuevas tendencias.

Cornell y Damoradan proponen una nueva interpretación del concepto de valor. Esta concepción no se limita a analizar activos físicos que se encuentran en los balances corporativos, también incorpora el impacto de activos intangibles u oportunidades de crecimiento, usualmente ignoradas por los sistemas y normas contables de universal aceptación.

La valoración de oportunidades de crecimiento es un tema tratado principalmente por la teoría de opciones. Lamentablemente, los parámetros requeridos para aplicar los modelos financieros derivados de esta teoría no se pueden calcular con precisión, por lo que los gerentes de carteras que los utilizan trabajan con intervalos de precios más que con valores específicos.

A medida que los negocios se consolidan, los modelos de valoración se vuelven más robustos. Sin embargo, un tema que está en la naturaleza misma de hacer negocios es el riesgo. Para ganar dinero hay que anticipar lo que sucederá y actuar en consecuencia. No hay otra manera de lograrlo.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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