Armani sin Armani

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John Lucas / Unsplash

Giorgio Armani dejó disposiciones testamentarias para reconducir la empresa luego de su fallecimiento. La más conocida es la venta del quince por ciento de las acciones a miembros de una lista corta que han mostrado un tibio interés: o el grupo reduce sus expectativas o tendrá que acudir al mercado de valores.


 

El gran diseñador de moda Giorgio Armani dejó algunas disposiciones testamentarias para reconducir la empresa una vez fallecido su fundador. Un hecho muy conocido era que su participación se extendía a todas las dimensiones del grupo; por lo que era imposible, y él lo sabía, conseguir un sustituto perfecto para este titán de la industria de la moda.

Un año ha pasado de su muerte y comienzan conocerse las medidas para desarrollar una estrategia que permita a la prestigiosa marca apoyarse en un equipo gerencial más que en un individuo. Para introducir diversidad de pensamiento en el Grupo Armani, el fundador solicitó en su testamento que en un lapso no mayor de 18 meses se vendiese una participación accionaria del quince por ciento a uno de los tres grupos líderes del negocio de la moda, con los que la empresa había mantenido relaciones comerciales en los últimos años: LVMH, el gigante de la cosmética L’Oréal y el grupo de óptica EssilorLuxottica.

Es poco probable que alguno de estos socios potenciales esté dispuesto a hacer la inversión requerida en un grupo con intereses que abarcan moda, alta costura, hostelería, gastronomía y mobiliario para el hogar. No necesariamente las carteras de negocios de estas empresas se acoplan a la del Grupo Armani. Es probable que entre todos compren la participación accionaria ofrecida y, a partir de allí, promuevan un trueque de activos en el que Armani tal vez nunca pensó.


Armani es un claro ejemplo de lo complejas que pueden ser las sucesiones. Esperar hasta su muerte puede haber causado una destrucción de valor entre 3.000 millones y 7.000 millones de euros.


Para algunos analistas del mundo de la moda, LVMH es el menos interesado de los tres potenciales compradores. El Grupo Armani produce parte significativa de sus ventas en segmentos de precios menores que los de las marcas principales de LVMH y cuenta con una cartera de productos más orientada a la moda que a los accesorios de alto margen.

En el caso de EssilorLuxottica, que tiene un acuerdo para explotar la marca Armani hasta el año 2038, su foco se ha ido desplazando hacia el sector de la tecnología médica con énfasis en el mercado estadounidense. Por su parte, aunque ha invertido en empresas de moda como la marca francesa Jacquemus, L’Oréal no gestiona directamente estos negocios y su prioridad es proteger el lucrativo acuerdo de licencia con Armani, vigente hasta 2050.

Giuseppe Marsocci, nuevo presidente del Grupo Armani, ha comenzado a desarrollar una nueva estrategia corporativa con la colaboración del Boston Consulting Group. Su objetivo es revisar el posicionamiento de las marcas del grupo y diseñar vías de expansión en categorías de mayor margen, como los accesorios.

También se ha revisado la composición del gobierno corporativo y sustituido algunos miembros de la familia del fundador por terceros, entre ellos el exdirector de Gucci, Marco Bizzarri, y el fundador de Yoox, Federico Marchetti. Leo Dell’Orco, mano derecha de Armani, ha asumido la presidencia. Se planea simplificar la estructura del grupo, propietario de las marcas Giorgio Armani y Emporio Armani, la línea de alta costura Armani Privé y hoteles, restaurantes y artículos de decoración para el hogar.

El grupo nombró a Dario Vitale, exdirector creativo de Versace, para revitalizar la marca Emporio Armani, que representa casi un tercio de sus ingresos anuales, por el orden de 2200 millones de euros. Con la contratación de Vitale se aspira a desarrollar una propuesta más joven, clara y relevante. También se espera que este diseñador impulse la línea de accesorios.


Cambiar bajo presión siempre resulta más caro. Armani lo sabía, pero su necesidad de mantenerse al mando hasta el final era un lujo que quería darse y estuvo dispuesto a pagar por ello.


La eventual venta de la participación accionaria a los socios seleccionados ocurrirá en un contexto de prolongada caída del gasto en artículos de lujo. Los ingresos de Armani descendieron por segundo año consecutivo en 2025, una caída del 2,8 por ciento, para ubicarse en 2190 millones de euros, tras haber caído un 5 por ciento en 2024.

Existe una gran discrepancia sobre el valor del 15 por ciento de las acciones en venta. El Grupo Armani aspira a 10.000 millones de euros. Para los potenciales compradores, la valoración es mucho menor y se ubica en un amplio rango entre 3.000 millones y 7.000 millones de euros. De no llegarse a un acuerdo con esta lista corta de compradores, se colocarán las acciones en el mercado de valores.

Este es un claro ejemplo de lo complejas que pueden ser las sucesiones. Giorgio Armani creó un imperio en cincuenta años con un control férreo sobre múltiples detalles; pero los cambios en la industria de la moda y los desafíos propios de la vejez requerían que el control corporativo se hubiese compartido con mayor anticipación. Esperar hasta su muerte puede haber causado una destrucción de valor entre 3.000 millones y 7.000 millones de euros.

Cambiar bajo presión siempre resulta más caro. Armani lo sabía, pero su necesidad de mantenerse al mando hasta el final era un lujo que quería darse y estuvo dispuesto a pagar por ello.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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