El futuro del dinero

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Según los técnicos del Banco de Pagos Internacionales un sistema basado en las monedas digitales de los bancos centrales ofrece una base más sólida para la innovación que el criptouniverso: asegura servicios más estables e interoperables en los ámbitos nacional y transfronterizo.


El pasado 26 de junio de 2022 el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) publicó su informe anual, que dedica un capítulo al papel de las criptomonedas en el sistema de pagos. En opinión de los técnicos del BIS,

se está produciendo un estallido de innovación creativa en el sistema de pagos, que abre perspectivas de un futuro sistema monetario digital que se adapte continuamente para servir al interés público. Las fallas estructurales hacen que el criptouniverso no sea adecuado como base para un sistema monetario, pues carece de un ancla nominal estable, mientras que los límites de su escalabilidad dan como resultado la fragmentación.

Contrariamente a la narrativa de descentralización, las criptomonedas a menudo dependen de intermediarios no regulados, lo que implica riesgos financieros.

En un buen sistema monetario cuanto mayor sea el número de usuarios menor será el costo de las transacciones y, por lo tanto, mayor será su utilidad. Pero a medida que más personas usan una criptomoneda, mayor es la congestión y más costosas las transacciones. Esto se debe a que los intermediarios —responsables de registrar las transacciones en la cadena de bloques— son actores con sus propios intereses económicos y la forma de recompensarlos es limitar la capacidad de la cadena de bloques y mantener altas las tarifas.

El criptouniverso ha mostrado hasta ahora que no es posible ofrecer, simultáneamente, transacciones seguras, descentralizadas y escalables. Por ello, los bancos centrales tendrán que desarrollar la innovación en monedas y pagos.

Para el BIS un sistema basado en las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC, por sus siglas en inglés) ofrece una base más sólida para la innovación: asegura que los servicios sean más estables e interoperables en los ámbitos nacional y transfronterizo. Tal sistema puede sostener un círculo virtuoso de confianza y adaptabilidad mediante efectos de red.

Las nuevas capacidades —programabilidad, componibilidad y tokenización— no son exclusivas de la tecnología cripto. Estos atributos los pueden ofrecer las CBDC con sistemas de pagos rápidos y seguros a los que aspira la mayor parte de la población.

Lo que se espera de un buen sistema monetario es seguridad, estabilidad, responsabilidad, eficiencia, inclusión, privacidad, integridad, adaptabilidad y apertura. El sistema actual es insuficiente, particularmente en el caso de los pagos transfronterizos.

Las CBDC podrían permitir una reestructuración revolucionaria de los sistemas monetarios, mediante opciones de pago y compensación entre un grupo de usuarios más amplio que el que actualmente atienden los bancos comerciales. Un elemento clave, sugiere el BIS, sería la posibilidad de ejecutar «contratos inteligentes», que pudieran, por ejemplo, sustituir las cartas de crédito. Estos cambios permitirían crear nuevos sistemas de pago sustancialmente descentralizados.

En este nuevo contexto las funciones de los bancos comerciales cambiarán radicalmente. Las empresas y las personas tendrían cuentas en filiales de los bancos centrales u otras organizaciones especializadas para movilizar su dinero. Al no financiarse los bancos con los depósitos del público, los fondos de garantías de depósitos dejarían de existir.

Las funciones crediticias seguirían en manos de la banca convencional, que debería financiarlas con instrumentos más afines a esa función. Lo sugerido por el BIS cambiará radicalmente el modelo de negocio de los bancos, particularmente en los mercados emergentes. Pero, ¿quién no está sujeto a los avatares de un mundo que se desvanece y recompone diariamente?


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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