«Inflación en dólares»: ¿expresión atinada o innecesaria denominación?

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Ilustración: Arek Socha / Pixabay

La expresión «inflación en dólares» ha cobrado fuerza en Venezuela para denominar un mayor desembolso en divisas al adquirir bienes y servicios en el mercado interno. Esta es una «redenominación» de lo que se conoce como apreciación real, que es independiente de la inflación y de si las transacciones se realizan en moneda nacional o extranjera.

Omar A. Mendoza Lugo / 16 de agosto de 2019


 

Por «dolarización» se conoce el uso en un territorio nacional de una moneda extranjera, en al menos una de las tres funciones del dinero: unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor. Una economía está dolarizada cuando los agentes económicos poseen una importante proporción de activos o pasivos denominados en moneda extranjera.

El fenómeno de la dolarización ocurre, por lo general, como consecuencia de períodos de alta inflación o inestabilidad institucional, que inducen a los agentes económicos a preferir el uso de una moneda extranjera, usualmente el dólar, en lugar de la moneda de circulación nacional para realizar transacciones económicas y financieras. La preferencia por el dólar es lo que motiva la denominación del fenómeno como dolarización. De forma similar, con el surgimiento del euro ha emergido el término «eurización», cuando hay inclinación por esta última moneda. No obstante, ambos términos se refieren a una misma situación: la preferencia o adopción de una moneda extranjera como dinero en una economía diferente de aquella en la que se emite.

La «inflación en dólares», en estricto sentido, implica la pérdida de poder adquisitivo de la moneda estadounidense en el mercado venezolano

Una modalidad de dolarización es la fijación de ciertos precios en dólares o la utilización de esta divisa como referencia en el proceso de fijación, aun cuando esos precios se expresen en la moneda nacional. Otra forma de dolarización es la coexistencia en una economía de instrumentos financieros denominados en dólares, o en cualquier otra moneda extranjera, con los denominados en la moneda de curso legal.

Usualmente se distingue también entre dolarización oficial y no oficial. La primera ocurre cuando las economías adoptan el signo monetario de otro país como su moneda oficial. En la segunda, aunque la economía posee su moneda, una o varias monedas extranjeras son utilizadas como medios de pago (sustitución de monedas), unidades de cuenta o depósitos de valor (sustitución de activos). Existe una prolífica bibliografía sobre el fenómeno de la dolarización y sus implicaciones en la economía (por ejemplo, Armas, Ize y Levy, 2006; Calvo y Végh, 1996; Reinhart, Rogoff y Savastano, 2003).

 

Inflación, estructura y tamaño de los mercados

Por inflación se conoce el aumento generalizado y sostenido de los precios de los bienes y servicios que se comercializan en un territorio durante un período determinado. Entre los elementos que contribuyen a explicar la inflación se encuentran los comportamientos de la demanda y de la oferta de bienes y servicios, los cambios en los costos de producción (causados por el desenvolvimiento de los precios de insumos importados y los precios y tarifas públicas e impuestos), las variaciones en los costos de nómina, las expectativas de los agentes económicos, los desbalances macroeconómicos (fiscales, monetarios y cambiarios) y las modificaciones en la estructura no competitiva de los mercados. Estos últimos generan un mayor poder de mercado y justifican al oferente del producto obtener un mayor margen de ganancia, al establecer precios muy superiores al costo marginal (costo de producir una unidad adicional). El elemento principal que facilita el incremento de los precios es la existencia de un exceso en la cantidad de dinero en comparación con la cantidad de bienes y servicios que se ofrecen en la economía.

Las variaciones del tipo de cambio nominal pueden encontrarse entre los elementos explicativos de la inflación; en lo fundamental, porque contribuyen a explicar el desempeño de los costos de los insumos en moneda nacional y de los precios de bienes finales que se comercializan en el mercado interno. No obstante, en economías con baja inflación, que disponen de cierto grado de diversificación y mantienen esquemas de tipo de cambio flotante acompañados de un conjunto de políticas coherentes, por lo general se logra romper el vínculo entre la fluctuación del tipo de cambio y los precios. Mientras que en economías cuyas estructuras productivas —o el conjunto de acciones de política económica— facilitan que los agentes económicos perciban el tipo de cambio nominal como elemento fundamental para explicar el desempeño de los precios, otros factores pueden contribuir de manera significativa para comprender la inflación.

A mayor confianza en la moneda nacional, el efecto transferencia del tipo de cambio sobre los precios es menor

El tipo de cambio nominal puede influir en los precios, pero la transferencia no es necesariamente completa. Entre sus elementos explicativos se identifican los siguientes (Mendoza Lugo, 2012):

  1. Importancia de los servicios de distribución en la formación de los precios. En la medida en que los costos de producción o distribución tienen un alto componente de servicios, el efecto transferencia es menor (Burstein, Eichenbaum y Rebelo, 2002; Krugman, 1986).
  2. Tamaño del sector de no transables o de la producción de bienes y servicios que no son comercializables con otros países (Bacchetta y van Wincoop, 2003).
  3. Dependencia de la moneda utilizada para fijar o establecer los precios de los productos importados. No necesariamente tiene las mismas implicaciones fijar los precios en la moneda del país de origen de los bienes importados que fijarlos en la moneda oficial del país importador. A mayor confianza en la moneda nacional, el efecto transferencia del tipo de cambio sobre los precios es menor; en consecuencia, en la medida en que una economía se dolariza se espera que este efecto sea mayor y más inmediato sobre los precios de los bienes y servicios (Devereux, Engel y Storgaard, 2004).

 

Otros elementos que pueden incidir en el proceso de formación de precios son los relacionados con la competencia imperfecta, tales como:

  1. Estructura y tamaño de los mercados. Si las estructuras de los mercados tienden hacia la competencia imperfecta, es mucho más fácil transferir cualquier incremento de costos a los precios de los bienes y servicios. En el caso de los incrementos del tipo de cambio nominal, los importadores podrían temporalmente hacer variar el margen entre el precio y el costo marginal del producto. El efecto transferencia es mayor cuando la economía es pequeña, porque existen menos empresas que se encargan de distribuir los bienes importados. Un comportamiento similar se espera cuando se propician incrementos en los costos laborales y en los precios y tarifas de los bienes públicos e impuestos, entre otros.
  2. Costos de menú. Cuando se incurre en costos para modificar los precios de los bienes puede suceder que, ante fluctuaciones del tipo de cambio y de cualquier otro elemento de costo, estos no varíen de inmediato, a menos que esas modificaciones sean percibidas como permanentes. Un aumento en los costos unitarios podría ser considerado de difícil reversión y, en consecuencia, permanente, principalmente en períodos de inflación elevada (Taylor, 2000).
  3. Información imperfecta y grado de sincronización de las decisiones de los agentes económicos. Cuando la calidad y la cantidad de la información que reciben los agentes económicos no son homogéneas, quienes tienen mayor acceso a ella probablemente ajustarán los precios de los productos que comercializan, mientras que quienes tienen información difusa o ninguna podrían no ajustar los precios en ese momento. De allí que el mayor grado de sincronización entre productores y distribuidores para ajustar los precios ocasiona un más rápido efecto de propagación de los incrementos de costos hacia los precios de los bienes y servicios (Taylor, 2000).
  4. Restricción de la capacidad de distribución. La acentuación de este tipo de restricciones incide en la tendencia de los mercados hacia la competencia imperfecta, y cualquier incremento en los costos de producción es más fácilmente transferido a los precios de los productos, sean importados o de producción nacional (Goldberg, 1995).

 

Tipo de cambio real y apreciación real

El tipo de cambio real está determinado por el poder de compra de la moneda de un país con respecto a la de un socio comercial (dimensión bilateral) o a una canasta de monedas (dimensión multilateral). El tipo de cambio real se define como la proporción entre los precios extranjeros, medidos en la moneda nacional, y los precios nacionales. De allí que está formado por tres elementos fundamentales: los precios extranjeros en el país de origen (P*), el tipo de cambio nominal (TC) y los precios nacionales (P). Las dos primeras variables son útiles para expresar los precios extranjeros en la moneda nacional.

El tipo de cambio real es una relación de precios: equivale a cuántas unidades de bienes se pueden obtener en el mercado nacional con respecto al extranjero. Otra acepción remite a la relación entre los precios de transables y no transables en una economía. El precio de los transables, en teoría, debería aproximarse al precio en el mercado internacional; y el de los no transables, al precio nacional, según el tamaño del sector de productos que no pueden ser comercializados en el exterior.

Si el tipo de cambio real es igual a 1 se cumple la paridad de poder de compra: adquirir un bien o servicio en el mercado nacional cuesta lo mismo (en moneda nacional o extranjera) que adquirirlo en el exterior. A esta situación usualmente se le denomina de equilibrio. Un tipo de cambio real mayor que 1 implica que los bienes y servicios son más costosos en el extranjero que en el territorio nacional. Equivale a decir que por el monto de dinero con el que se adquiere una unidad de bien en el extranjero, se obtiene una mayor cantidad en el mercado interno. A esta situación se le llama depreciación real o subvaluación real.

La caída de los ingresos reales podría incidir en el debilitamiento de la demanda de dólares o euros

Cuando el tipo de cambio es menor que 1 resulta más costoso adquirir un bien o servicio en el mercado nacional que en el exterior: para adquirir una unidad del producto en el mercado interno se tiene que recurrir a un mayor desembolso de dinero que en el exterior. Esta situación —en la que cierto monto de dinero puede adquirir una mayor cantidad de un determinado bien en el extranjero que en el mercado nacional— se denomina apreciación real o sobrevaluación real.

Existe el convencionalismo de denominar depreciación real y apreciación real a las situaciones que ubican el tipo de cambio real por encima o por debajo de la unidad en esquemas cambiarios con cierto grado de flexibilidad. Mientras que se reservan los términos sobrevaluación real o devaluación real para casos de desalineación del tipo de cambio real (por encima o por debajo) durante la aplicación de esquemas de tipo de cambio fijo.

En contextos de alta inflación el debilitamiento de las funciones del dinero, como depósito de valor, hace que una mayor cantidad de personas, naturales y jurídicas, se refugien en una moneda dura, por lo general una divisa, a efectos de proteger sus ahorros o parte de su patrimonio. Por ello, en situaciones de hiperinflación es posible que se observe cada vez más la utilización de una moneda extranjera, por lo general el dólar, como referencia para preestablecer los precios de los bienes y servicios que se comercializan o para realizar transacciones.

Dado que el bolívar es la moneda de circulación nacional es probable que, en la práctica, se preestablezca el precio en dólares y, a medida que el tipo de cambio nominal experimente variaciones, se recurra a la modificación de los precios de los bienes y servicios. A la par es posible que un creciente número de personas y establecimientos prefieran la moneda extranjera en sus operaciones cotidianas. En este escenario, la primera pregunta es si sería aconsejable hablar de inflación en dólares; y la segunda, por qué podría estar ocurriendo este fenómeno independientemente de su denominación.

Lo que se ha señalado en tiempos recientes como inflación en dólares, en estricto sentido, implica la pérdida de poder adquisitivo de la moneda estadounidense en el mercado venezolano, como consecuencia de un incremento de los precios mayor que el del tipo de cambio nominal. En este entorno se requiere una cantidad mayor de dólares para obtener una unidad de producto en el mercado venezolano. Este comportamiento, evidenciado en los precios en moneda extranjera de productos que se expenden en el mercado nacional, está estrictamente asociado al desempeño del tipo de cambio real; esto es, a una situación de apreciación real en una economía que enfrenta cierto grado de dolarización.

También puede ocurrir que los bienes parcial o totalmente producidos en el país resulten más costosos que los importados, por la existencia de barreras a la entrada de bienes. A modo de ejemplo, suponga que existe un bien que puede ser adquirido en el mercado nacional en moneda local o en dólares. Ante una apreciación real, para adquirir una unidad de ese bien se tiene que desembolsar un monto (en moneda nacional o en dólares) mayor en el mercado interno que en el exterior (por ejemplo, en Estados Unidos).

¿Por qué podría ocurrir una apreciación real en momentos de hiperinflación? Todo parece indicar que, en una fase de crecimiento desmesurado de precios, los agentes económicos empiezan a deshacerse de parte de sus tenencias de activos denominados en divisas para afrontar las pérdidas de ingresos reales y, de esta manera, satisfacer las necesidades de consumo. Pero existe poca transparencia en la formación de los diferentes tipos de cambio en los mercados paralelos que se utilizan para ese fin. La caída de los ingresos reales también podría incidir en el debilitamiento de la demanda de dólares o euros (por motivos de ahorro, por ejemplo), lo cual conduciría a un incremento menor del precio de la moneda externa en términos de la moneda nacional; es decir, un menor aumento del tipo de cambio nominal. En el caso venezolano, también podría estar contribuyendo la caída de las importaciones. Un mayor poder de mercado facilitaría la transferencia de cualquier incremento de costos a los consumidores.

 

Una expresión innecesaria

Cuando resulta más costoso adquirir un bien o servicio en el mercado nacional que en el exterior, se habla de una situación de apreciación real (tipo de cambio real menor que 1). Además, dado que los precios en el exterior están sujetos a una inflación muy baja, una situación de apreciación real (o depreciación real) puede depender, fundamentalmente, de la diferencia entre los aumentos del tipo de cambio nominal y los precios en el territorio nacional.

En Venezuela, durante la hiperinflación que ha surgido como expresión de los desbalances macroeconómicos, ha cobrado fuerza un proceso de dolarización informal, por lo que es cada vez más frecuente observar el uso de la moneda estadounidense en las transacciones cotidianas. Cualquiera sea la causa o combinación de razones que explican el menor ascenso del tipo de cambio nominal, en relación con el comportamiento de los precios en el mercado nacional, pareciera atinado denominar a esta circunstancia —en la que la economía se torna más costosa en dólares o euros— una apreciación real, en lugar de incurrir en una nueva denominación para este fenómeno.

La expresión «inflación en dólares» implicaría acuñar una nueva denominación para una situación universalmente conocida —la apreciación real— que se presenta de manera independiente de la moneda (nacional o extranjera) utilizada en las transacciones y del grado de dolarización de la economía. Además, la definición de inflación atañe a su medición en moneda nacional como expresión del sistema monetario que prevalece en la economía.

 

Referencias

  • Armas, A., Ize, A. y Levy, E. (eds.) (2006): Dolarización financiera: la agenda de política. Lima: Fondo Monetario Internacional-Banco Central de Reserva del Perú.
  • Bacchetta, P. y van Wincoop, E. (2003): «Why do consumer prices react less than import prices to exchange rates?». Journal of the European Economic Association. Vol. 1. No. 2-3: 662–670.
  • Burstein, A., Eichenbaum, M. y Rebelo, S. (2002): «Why are rates of inflation so low after large devaluations? ». NBER Working Papers. No. 8748. Cambridge: National Bureau of Economic Research.
  • Calvo, G. y Végh, C. (1996): «From currency substitution to dollarization and beyond: analytical and policy issues». En G. Calvo (ed.): Money, exchange rates, and output (pp. 153-175). Cambridge: MIT Press.
  • Devereux, M. B., Engel, C. y Storgaard, P. E. (2004): «Endogenous exchange rate pass-through when nominal prices are set in advance». Journal of International Economics. Vol. 63. No. 2: 263-291.
  • Goldberg, P. K. (1995): «Product differentiation and oligopoly in international markets: the case of the US automobile industry». Econometrica. Vol. 63. No. 4: 891-951.
  • Krugman, P. (1986): «Pricing to market when the exchange rate changes». NBER Working Papers. No. 1926. Cambridge: National Bureau of Economic Research.
  • Mendoza Lugo, O. A. (ed.) (2012): El efecto transferencia (pass-through) del tipo de cambio sobre los precios en Latinoamérica. Caracas: Banco Central de Venezuela.
  • Reinhart, C. M., Rogoff, K. S. y Savastano, M. A. (2003): «Addicted to dollars». NBER Working Papers. No. 10.015. Cambridge: National Bureau of Economic Research.
  • Taylor, J. B. (2000): «Low inflation, pass-through, and the pricing power of firms». European Economic Review. Vol. 44. No. 7: 1.389-1.408.

 


Omar A. Mendoza Lugo, asesor técnico, Banco Central de Venezuela. Profesor agregado, Universidad Católica Andrés Bello / omendoza@bcv.org.ve