Una mejor banca para una economía más dinámica

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La banca venezolana exhibe actualmente sólidos indicadores, pese a las distorsiones macroeconómicas y regulatorias enfrentadas durante los últimos años. No obstante, la actividad crediticia es mínima comparada con el tamaño de la economía. Si la economía venezolana retoma su dinamismo y la demanda de crédito crece, la banca requerirá importantes aportes de capital y una continua adaptación de sus modelos de negocio.


 

La banca venezolana se encuentra en un momento crucial de su historia. En las últimas décadas ha padecido múltiples distorsiones que han tenido su origen en una combinación de alta inflación, enorme brecha cambiaria, sobrecumplimiento de sanciones, excesiva carga impositiva, hiperregulación y altísimas tasas de encaje legal. Como consecuencia, la banca ha experimentado una serie de transformaciones y adaptaciones que la han llevado a reinventarse y, al mismo tiempo, responder a las necesidades de sus clientes.

Entre las adaptaciones más relevantes de la banca al entorno macroeconómico de los últimos quince años se destaca la transformación de su modelo de negocio. Los bancos han pasado de desempeñar su papel tradicional de intermediarios financieros a convertirse, en gran medida, en facilitadores de las transacciones de pago de sus clientes.

A mediados de la década de 1980, el crédito bancario llegó a representar aproximadamente un 35 por ciento del producto interno bruto (PIB) anual; es decir, el volumen de recursos prestados por la banca equivalía a un tercio de la producción anual de la economía. Esta tendencia se revirtió tras la crisis financiera de los años noventa; sin embargo, durante el auge petrolero de la primera década de los 2000 el sistema financiero volvió a expandir el crédito hasta alcanzar niveles cercanos al 25 por ciento del PIB.

La prolongada crisis macroeconómica que desembocó en la hiperinflación, junto con el acelerado incremento de la tasa de encaje legal impuesto por el Banco Central a partir de 2019, redujeron drásticamente la capacidad de intermediación financiera. Como resultado, el crédito bancario se ha contraído hasta representar apenas entre el dos y el tres por ciento del PIB, con una cartera cercana a los 3.200 millones de dólares.[1]

Esta realidad contrasta marcadamente con la de otros países de América Latina, donde el crédito equivale, en promedio, al 50 por ciento del PIB. En casos como el de Chile, el sistema financiero ha llegado incluso a canalizar financiamiento por montos cercanos al 85 por ciento del PIB.[2]


Una característica del sistema financiero venezolano ha sido el gran número de instituciones bancarias en relación con el tamaño efectivo del mercado.


Un aspecto positivo de esta transformación del modelo de negocio bancario es que las entidades financieras que dependen en mayor medida de ingresos distintos a los producidos por el margen de intermediación —como las comisiones asociadas a servicios de pago— suelen exhibir mayor estabilidad financiera.[3] La banca venezolana ha logrado mantener niveles mínimos de morosidad en su cartera de créditos y mejorar sus índices de capitalización hasta aproximadamente el 30 por ciento de los activos.[4] Esta cifra resulta muy superior a los estándares observados en América Latina, donde la capitalización promedio del sector bancario se sitúa alrededor del 16 por ciento. Incluso instituciones de gran tamaño, como Banco Itaú, uno de los mayores bancos de Brasil, mantienen una capitalización cercana al 10 por ciento de sus activos.

Esta elevada capitalización debe interpretarse en el contexto de un sistema financiero cuyo volumen de intermediación es todavía muy reducido. En consecuencia, cualquier recuperación significativa del crédito y de la actividad bancaria requerirá importantes aportes de capital que permitan respaldar el crecimiento de los activos y sostener la solvencia del sector.

Otra característica persistente del sistema financiero venezolano ha sido el gran número de instituciones bancarias en relación con el tamaño efectivo del mercado y el volumen de servicios que prestan. Actualmente, el sistema cuenta con 27 instituciones financieras, de las cuales apenas unas diez concentran el 92 por ciento de la cartera de crédito y la entidad líder tiene el 24 por ciento del mercado.[5]

A pesar de su concentrada estructura, la banca venezolana registró en 2025 un retorno sobre activos (ROA) cercano al 18 por ciento. Esta cifra contrasta significativamente con la observada en América Latina, donde el sector bancario obtiene, en promedio, retornos sobre activos inferiores al 2 por ciento.

Estos indicadores revelan que, pese a las distorsiones macroeconómicas y regulatorias enfrentadas durante los últimos años, la banca venezolana exhibe actualmente sólidos indicadores de rentabilidad, solvencia y calidad de cartera. El verdadero desafío radica en la capacidad del sector para preservarlos en un entorno que exigirá mayor intermediación financiera, nuevas inversiones de capital y una continua adaptación de sus modelos de negocio. La interrogante de fondo es si la banca logrará sostener estos indicadores a medida que evolucione hacia una nueva etapa de crecimiento y transformación.


En un mundo ideal para la banca nacional, los socios extranjeros aportarían capital y tecnología de negocios, mientras que los nacionales ofrecerían el conocimiento del mercado.


Capital y fortalecimiento bancario

En algún momento la economía venezolana retomará una senda de dinamismo y la demanda de crédito de empresas y particulares crecerá de manera significativa. Sin embargo, para atender adecuadamente esa expansión, la actual capitalización de la banca venezolana resultará insuficiente en comparación con los estándares observados en América Latina.

La banca venezolana cuenta con una base patrimonial adecuada para respaldar su volumen de negocios y el tamaño de su cartera de crédito. No obstante, en un escenario de crecimiento económico sostenido, será necesario fortalecer las fuentes de capital para acompañar la expansión de la intermediación financiera. La principal interrogante es de dónde provendrán esos recursos.

En una primera etapa, parte importante podría provenir de la revalorización de activos y de la retención de una porción significativa de las utilidades obtenidas durante los próximos años. Un ejemplo interesante es el de la banca peruana, que revaloriza determinados activos para reflejar su valor razonable de mercado, incluidos inmuebles, equipos e inversiones. Este proceso se encuentra regulado por la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) y por las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), particularmente la NIC 16.

La normativa venezolana también contempla la revalorización de activos, pero es conveniente evaluar si las modificaciones introducidas a esta norma en los últimos años podrían servir de referencia para fortalecer el marco regulatorio nacional en esta materia. Aun cuando la revalorización de activos y la retención de utilidades contribuyan al fortalecimiento patrimonial de la banca, estas fuentes difícilmente serán suficientes para respaldar una expansión acelerada del crédito.

La entrada de instituciones financieras internacionales se convertiría en una alternativa natural para complementar las necesidades de capital del sistema. Esta participación podría ocurrir mediante la adquisición total o parcial de instituciones existentes, la creación de nuevos bancos o el establecimiento de alianzas estratégicas con actores nacionales. Estas asociaciones permitirían no solo aprovechar las oportunidades de crecimiento del mercado venezolano, sino también acelerar la incorporación de las transformaciones tecnológicas y operativas que están redefiniendo la industria bancaria en América Latina.

En un mundo ideal para la banca nacional, los socios extranjeros aportarían capital y tecnología de negocios, mientras que los nacionales ofrecerían el conocimiento del mercado, los canales de distribución y el manejo de riesgos idiosincrásicos. Sin embargo, mientras persista el elevado riesgo país, la valoración de los activos venezolanos seguirá siendo uno de los principales obstáculos para la incorporación de socios estratégicos internacionales.

Los inversionistas potenciales tenderán a exigir descuentos significativos para compensar el riesgo asumido, condiciones que difícilmente resultarían aceptables para los accionistas nacionales. Por ello, en una primera etapa, es más probable que predominen alianzas comerciales y tecnológicas que no impliquen intercambios accionarios. Este tipo de acuerdos permitiría desarrollar nuevos productos, acceder a fuentes de financiamiento y acelerar la incorporación de innovaciones mediante asociaciones con empresas de tecnología financiera (fintechs), bancos regionales y otros actores especializados del sector financiero.


La evolución del marco normativo será un factor clave para el desarrollo de la banca digital en Venezuela.


Innovación y digitalización: el nuevo paradigma

Independientemente de la participación de inversionistas extranjeros, las transformaciones tecnológicas que redefinen el sector bancario a escala global terminarán por incidir también en el sistema financiero venezolano. La creciente adopción de criptoactivos en algunos mercados, la incorporación de tecnologías de registro distribuido (blockchain) en distintos procesos operativos y el uso cada vez más extendido de la inteligencia artificial en áreas como atención al cliente, gestión de riesgos y eficiencia operativa apuntan hacia un modelo de banca sustancialmente diferente del actual.

La velocidad y la profundidad de esta transformación dependerán, en parte, de la capacidad del sistema para atraer capital, tecnología y conocimiento especializado. La participación de actores internacionales podría acelerar de manera significativa la adopción de estas innovaciones y facilitar su implementación a mayor escala. Ahora bien, la adopción de nuevas tecnologías no dependerá únicamente de la disponibilidad de capital, talento o infraestructura.

De igual forma, el marco regulatorio será determinante para definir la velocidad y el alcance de la transformación. Las normas que rigen la actividad financiera no solo delimitan el campo de acción de los bancos, sino también condicionan su capacidad para innovar, competir y adaptarse a nuevos modelos de negocio. Venezuela, al igual que muchos otros países, mantiene todavía un sistema financiero muy regulado, por lo que la evolución del marco normativo será un factor clave para el desarrollo de la banca digital en los próximos años.

Paradójicamente, pese a las restricciones regulatorias, la banca venezolana no ha sido ajena a la innovación tecnológica. Por el contrario, la transformación digital ha sido uno de los principales factores que explican su capacidad de adaptación en un entorno adverso.

La escasez de efectivo en moneda nacional entre 2016 y 2019 obligó a las instituciones financieras a acelerar la adopción de soluciones tecnológicas para procesar los pagos digitalmente y permitir a los usuarios realizar operaciones desde sus teléfonos móviles o computadoras sin necesidad de acudir a una agencia física.

Esta transformación también contribuyó a ampliar la bancarización y a incorporar a un mayor número de personas al sistema de pagos digitales. Para los bancos, buena parte de este proceso se llevó a cabo con recursos propios y estuvo acompañada por un proceso de cambio cultural en esas organizaciones. Con el tiempo, estos esfuerzos han permitido reducir fricciones operativas, simplificar procesos y facilitar el acceso a productos y servicios financieros.

 

El papel de las fintechs y los neobancos

Las fintechs y los neobancos han irrumpido en el sector financiero internacional con propuestas innovadoras que están redefiniendo la experiencia bancaria. Desde la perspectiva de los clientes, estos modelos de negocios ofrecen servicios disponibles las 24 horas, tiempos de respuesta significativamente menores y costos operativos reducidos. Asimismo, la rastreabilidad y la seguridad de muchos activos y plataformas digitales constituyen ventajas cada vez más valoradas por los usuarios. Por ello, tanto las tecnofinancieras como los neobancos ejercen una presión competitiva importante sobre los bancos tradicionales.

Un ejemplo de cómo los neobancos aceleran el entorno competitivo de los países donde comienzan a operar es el caso de Revolut en Irlanda. Esta institución lanzó su aplicación financiera en 2015. Inicialmente, operaba como una entidad de pagos electrónicos; posteriormente, en marzo de 2022, obtuvo la licencia bancaria. A partir de enero de 2023 comenzó a migrar a sus clientes irlandeses a números IBAN locales de Irlanda, lo que les permitió mover sus fondos tanto en Irlanda como en cualquier país de la eurozona mediante un sistema de pagos integrado. Revolut, con su infraestructura tecnológica de punta, ha resultado mucho más adecuada para la expansión internacional que los sistemas (a menudo obsoletos) de sus competidores tradicionales tanto en Irlanda como en otros 39 países.[6]


La próxima ola de innovación financiera en Venezuela podría apoyarse menos en la sustitución de la banca tradicional y más en la creación de alianzas.


En Brasil los neobancos ya no son meras alternativas, sino que compiten directamente en tamaño con la banca tradicional. Por ejemplo, Nubank, con más de 131 millones de clientes en el mundo y 112 millones solo en Brasil, es el líder en banca digital de Brasil por número de usuarios. Pese a que sus activos y su cartera de créditos constituyen aproximadamente una décima parte de los activos del Banco ITAU, un banco tradicional con unos 100 millones de clientes, el modelo de negocio de Nubank le ha permitido obtener tasas de retorno superiores al enfocarse en segmentos de clientes con menores ingresos.[7]

En Venezuela más de cuatro décadas de controles cambiarios han llevado a los consumidores a desarrollar una amplia familiaridad con activos denominados en moneda dura y con mecanismos alternativos para acceder a ellos. Como resultado, la adopción de criptoactivos, criptomonedas estables (stablecoins) y plataformas digitales especializadas ha sido relativamente rápida en comparación con otros mercados. En un contexto marcado por la creciente tokenización de activos financieros a escala global, es razonable esperar que una porción cada vez mayor de inversionistas nacionales recurra a estas herramientas para acceder a oportunidades de inversión que hoy permanecen fuera del alcance de los canales financieros tradicionales.

Dentro de un marco regulatorio adecuado, los bancos venezolanos podrían participar activamente en el desarrollo de este nuevo segmento de negocios. La colaboración entre la banca venezolana y empresas especializadas en estas tecnologías podría acelerar la incorporación de nuevos productos y servicios al mercado nacional.

Las stablecoins, por ejemplo, tienen el potencial de fortalecer los canales de pago transfronterizos y facilitar operaciones de comercio exterior, especialmente en entornos donde los servicios de banca corresponsal tradicional son limitados. Del mismo modo podrían desarrollarse soluciones basadas en canales no tradicionales, como la incorporación (onboarding) digital (proceso mediante el cual un cliente abre una cuenta o solicita servicios financieros de forma completamente remota), así como productos multimoneda y servicios financieros de mayor alcance.

Un ejemplo reciente de colaboración se encuentra en Argentina, donde la empresa global de tecnología financiera Circle —emisora de la stablecoin USDC (USD Coin)— ha anunciado inversiones orientadas al desarrollo del ecosistema nacional. Según el presidente ejecutivo de Circle, para participar en un mercado la empresa requiere tres condiciones fundamentales: un ecosistema fintech dinámico, una adopción consolidada de activos digitales y stablecoins, y un entorno regulatorio que favorezca la innovación y la expansión de nuevos modelos de negocios. Lo más relevante es que su estrategia no se centra en competir por la captación de clientes finales, sino en proveer infraestructura tecnológica y financiera para empresas, desarrolladores y otros participantes del sistema (como los bancos).[8]

La próxima ola de innovación financiera en Venezuela podría apoyarse menos en la sustitución de la banca tradicional y más en la creación de alianzas que amplíen las capacidades del ecosistema financiero existente. Según algunos representantes de la banca nacional, una de las mayores oportunidades para el sector se encuentra en la integración económica y el comercio exterior apoyados en nuevas tecnologías financieras.

Históricamente, los bancos han desempeñado un papel fundamental en la canalización segura de operaciones de importación mediante instrumentos de financiamiento y crédito documentario. Ahora bien, tecnologías como blockchain, stablecoins y las nuevas infraestructuras digitales de pagos podrían transformar significativamente estos procesos al reducir costos, acortar tiempos de liquidación y aumentar la rastreabilidad de las operaciones internacionales.

En un escenario de recuperación económica, las instituciones financieras podrían ampliar su participación en el comercio, financiando y gestionando también las exportaciones no tradicionales; particularmente, en sectores como el agrícola y el pesquero. Esto contribuiría a la integración del país con los mercados internacionales y al desarrollo de actividades con potencial para convertirse en importantes motores de crecimiento económico.

La asociación de la banca venezolana con empresas especializadas en infraestructura financiera digital podría hacer más eficiente la intermediación financiera, sin necesidad de replicar internamente todas las capacidades tecnológicas requeridas. Actualmente, la principal limitación de la intermediación en Venezuela no radica en la ausencia de productos (créditos para vehículos, viviendas, tarjetas de crédito y financiamiento a cuotas, entre otros), sino en la escasez de fondos prestables debido al altísimo porcentaje de encaje legal. Una vez superada esta limitación, la incorporación de tecnología podría acortar los tiempos de adjudicación de préstamos, mejorar la evaluación de los perfiles de riesgo mediante inteligencia artificial, utilizar la verificación automática de documentos o eliminar pasos manuales en los procesos de solicitud.


De producirse la integración adecuada de tecnología, cultura de riesgo y visión estratégica, la banca venezolana podrá posicionarse como un sector dinámico y competitivo


La masificación de estos nuevos procesos también podría apoyarse en la evolución de las oficinas digitales. Este modelo, que ya existe en Venezuela, aunque de forma incipiente, combinaría espacios de atención personalizada con herramientas tecnológicas orientadas a facilitar el uso de servicios digitales. El reto sería transformar de manera progresiva estos centros en espacios de asesoría financiera y patrimonial, lo que ampliaría el abanico de productos disponibles para los clientes y fortalecería su relación con la institución.

Más allá de los productos específicos, parece claro que el principal aporte de las fintechs y los neobancos al mercado nacional podría ser la presión competitiva que ejercerían sobre las instituciones tradicionales. Esta competencia incentivaría mejoras continuas en eficiencia, innovación y calidad de servicio de la banca.

Las ventajas de la banca tradicional parecieran concentrarse en la gestión integral de riesgos. La experiencia acumulada en el manejo de riesgos de crédito, mercado, operación y reputación constituye un activo que podría diferenciarla de actores más jóvenes y menos experimentados como los neobancos y las fintechs.

El futuro: retos y oportunidades

La banca venezolana está por comenzar un proceso de transformación profunda. Los desafíos son grandes, pero también lo son las oportunidades. La clave estará en su capacidad para innovar, adaptarse y superar las barreras regulatorias y burocráticas. Si el país logra estabilizarse y promover una regulación favorable, la banca podrá ofrecer servicios modernos, eficientes y asequibles para todos.

La colaboración entre bancos tradicionales, fintechs, neobancos y actores internacionales será fundamental. De producirse la integración adecuada de tecnología, cultura de riesgo y visión estratégica, la banca venezolana podrá posicionarse como un sector dinámico y competitivo y un motor de crecimiento y desarrollo para el país.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Carolina Pagliacci, profesora del IESA

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Notas:

[1] Finanzas Digital (2026, 15 de enero). Sistema financiero venezolano cierra 2025 con crecimiento en cartera de crédito y ganancias netas. https://finanzasdigital.com/informe-banca-venezolana-diciembre-2025/

[2] Banca y Negocios (2024, 11 de diciembre). Crédito bancario en América Latina equivale a 47,6% del PIB, mientras en Venezuela se ubica en 2%. https://www.bancaynegocios.com/credito-bancario-en-america-latina-equivale-a-476-del-pib-mientras-en-venezuela-se-ubica-en-2/

Datapaís (2025, 29 de diciembre). Créditos bancarios como porcentaje del PIB. https://www.datapais.com/que-porcentaje-del-pib-equivalen-los-creditos-bancarios/

[3] Kohler, M. (2015). Which banks are more risky? The impact of business models on bank stability. Journal of Financial Stability, 16, 195-212. https://doi.org/10.1016/j.jfs.2014.02.005

[4] Finanzas Digital (2026).

[5] Finanzas Digital (2026).

[6] Jenkins, P. (2026, 15 de junio). Lessons from Ireland’s Revolut revolution. Financial Times. https://www.ft.com/content/d46d909c-f7b1-4f3a-b953-61ce1516096b?syn-25a6b1a6=1

[7] Nu (2026, 25 de febrero). Nu Holdings Ltd. reporta los resultados financieros del cuarto trimestre y del año completo 2025. https://international.nubank.com.br/es/compania/nu-holdings-ltd-reporta-los-resultados-financieros-del-cuarto-trimestre-y-del-ano-completo-2025/

[8] Aldaya, F. (2026, 14 de julio). «Argentina se ha vuelto mucho más atractiva para la inversión extranjera», dice CEO de Circle. Bloomberg Línea. https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/argentina/argentina-se-ha-vuelto-mucho-mas-atractiva-para-la-inversion-extranjera-dice-ceo-de-circle/?utm_source=Push-notification&utm_medium=Onesignal&utm_campaign=ar-push-cherrie