Hay nuevas emisiones de acciones. ¿Quiénes las comprarán?

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Fuente: NYSE

El mercado accionario estadounidense está a punto de poner fin a más de dos décadas de disminución de la oferta gracias a las megaofertas de SpaceX, Anthropic y OpenAI. Los bancos de inversión intentarán acercarse a los pequeños inversionistas como parte de un deseo más amplio de incluir a este grupo en ámbitos reservados a los inversionistas institucionales.


 

La oferta neta de acciones en Estados Unidos —calculada cuando al monto de las nuevas emisiones se resta el de las que salen de circulación por recompras o privatizaciones— se mantendrá prácticamente invariable en 2026, tras haber sido negativa desde 2003, según el banco de inversión Goldman Sachs.

El mercado accionario estadounidenses está a punto de poner fin a más de dos décadas de disminución de la oferta de acciones gracias a las tres megaofertas públicas iniciales de SpaceX, Anthropic y OpenAI. Se espera que esta tendencia se mantenga en 2027, pues los grandes grupos tecnológicos necesitan recursos para financiar sus enormes inversiones en inteligencia artificial (IA). Esta redirección del uso del dinero, que habitualmente se destinaba al pago de dividendos y a la recompra de acciones, es definitivamente un cambio de la tendencia que llevó al mercado accionario estadounidense a triplicar su capitalización desde el año 2016.

Sesenta empresas estadounidenses han salido a bolsa este año. Su recaudación de 40.000 millones de dólares, a junio de 2026, rompió el récord del último quinquenio. De materializarse en lo que queda del año todas las ofertas públicas de títulos valores anunciadas, el monto recaudado por esta vía podría totalizar 225.000 millones de dólares.


El volumen de nuevas acciones emitidas sigue siendo pequeño en comparación con el tamaño del mercado de renta variable estadounidense.


Además de las debutantes, hay que considerar empresas que ya cotizan en bolsa y preparan nuevas rondas de emisiones. Tal es el caso de Alphabet, que luego de once años de ausencia volvió a acudir al mercado accionario para levantar 85.000 millones de dólares para financiar un ambicioso plan de inversión en IA.

Algunos analistas se preguntan si las nuevas emisiones ejercerán presión para que los gerentes de inversión recompongan sus carteras, den cabida a los nuevos títulos valores y, en este proceso, depriman los precios de otros instrumentos que deberían liquidarse, como el oro o los criptoactivos. La verdad es que el volumen de nuevas acciones emitidas sigue siendo pequeño en comparación con el tamaño del mercado de renta variable estadounidense.

Si a esto se suma la creciente demanda de inversiones en IA y el hecho de que existen siete billones de dólares en fondos de activos líquidos que podrían estar disponibles para la compra de títulos valores, podrían ser infundados los temores de una venta generalizada en los distintos segmentos del mercado financiero desencadenada por la aparición de las nuevas emisiones. Sin embargo, no pueden descartarse episodios de turbulencia, particularmente en el caso de las «siete magníficas» empresas tecnológicas estadounidenses, cuyos precios se han deprimido desde que SpaceX anunció su salida a bolsa a finales de mayo.

También están quienes se preguntan si el aumento de ofertas públicas iniciales del último año es una señal temprana de que el mercado accionario estadounidense vive una burbuja que está a punto de reventar. Múltiples estudios muestran que las empresas tienden a emitir títulos de oferta pública cuando sus administradores piensan que los precios de las acciones están sobrevaluados. Las tres nuevas opas tecnológicas podrían superar con creces la cantidad total recaudada durante la burbuja tecnológica de 1999-2000, aun si se tienen en cuenta las correcciones de precios para reflejar la inflación.

Una visión más compleja de esta ola de nuevas emisiones de acciones la presentó recientemente Mohamed El-Erian, profesor de la Escuela Wharton, en su columna quincenal en el Financial Times: «Dada la actual carrera armamentística tecnológica, estas captaciones masivas podrían ser inyecciones de capital relativamente tempranas, con más rondas de financiación por venir». Todo esto ocurre cuando los Gobiernos de los países desarrollados buscan financiación para grandes déficits presupuestarios estructurales, mayores gastos en defensa y la refinanciación de deuda con vencimiento a tasas de interés significativamente mayores. Es probable que las empresas también aumenten su actividad en los mercados de capitales.

Reorientar una empresa hacia la IA no es barato. Dado que las implicaciones competitivas son demasiado importantes para ignorarlas, un número creciente de empresas no tecnológicas se verán obligadas a realizar inversiones de capital por temor a quedarse atrás. Satisfacer esta creciente demanda de fondos a un costo razonable es aún más complicado.


Ante los problemas de oferta de fondos, los bancos de inversión intentarán nuevamente acercarse a los pequeños inversionistas, tal como lo hicieron en la colocación primaria de SpaceX.


¿De dónde saldrán los recursos para comprar las nuevas emisiones de acciones? Si bien es probable que aparezca financiamiento gubernamental, su magnitud se ve limitada por la elevada deuda y los grandes déficits. También participarán los inversionistas institucionales de siempre, incluyendo los fondos soberanos de los países del Golfo Pérsico, que necesitan atender también las inversiones requeridas luego del cese de hostilidades en el Medio Oriente.

Ante estos problemas de oferta de fondos, los bancos de inversión intentarán nuevamente acercarse a los pequeños inversionistas, tal como lo hicieron en la colocación primaria de SpaceX cuando recibieron el 22,5 por ciento del valor de la emisión. Tal acción forma parte de un deseo más amplio de la banca de inversión de incluir a este grupo minorista en ámbitos históricamente reservados a los inversionistas institucionales como el crédito privado.

Tal iniciativa está marcada por la tensión entre la democratización de las oportunidades de inversión y la preocupación de que los inversionistas minoristas sean «tontos útiles», utilizados para permitir que inversionistas más avanzados obtengan beneficios de las altas valoraciones de las ofertas públicas iniciales de acciones.

En un contexto geoeconómico incierto, advierte El-Erian, muchos sectores de la economía global están agotando sus reservas. Esto comienza con el agotamiento continuo de las reservas energéticas y se extiende a la disminución del ahorro familiar, el exceso de crédito al consumo y el apalancamiento de los balances tanto empresariales como soberanos. Si bien se admira la capacidad de los mercados de capitales para financiar a los prestatarios en cantidades crecientes, no puede ignorarse el riesgo de una eventual crisis de capital. Si la oferta de financiación a largo plazo no se expande para satisfacer la demanda en múltiples frentes, el precio del capital aumentará estructuralmente y pondrá al descubierto la fragilidad de los sectores muy apalancados.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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