Lecciones de Odiseo sobre liderazgo

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Fotograma de 'La Odisea' (2026). IMDb

El viaje de Odiseo es una metáfora completa de la literatura universal sobre la gestión de crisis y la tenacidad requerida de un líder. Lejos de verlo solo como un héroe, la gerencia moderna encuentra en este personaje un espejo complejo: un líder que combina una capacidad de adaptación inigualable con los riesgos de una visión excesivamente individualista.


 

Para trasladar la epopeya de La Odisea a la gerencia actual, todo líder necesita comenzar por definir su Ítaca: un propósito claro que oriente cada decisión organizacional y mantenga el rumbo en entornos inciertos. Ahora bien, este norte no debe quedar confinado a la alta dirección.

El error más común es no comunicar de manera efectiva la esencia de la compañía —su razón de ser y su visión— a toda la estructura. Llegar al destino no es una tarea solitaria. El éxito de la empresa depende directamente de la capacidad del líder para cuidar, comunicar y guiar a los colaboradores que lo acompañan en el trayecto. Ellos son los que tripulan el barco y, sin ellos, la meta carece de sentido.

Una herramienta invaluable para desarrollar esa capacidad del liderazgo es el «círculo dorado» del escritor sobre liderazgo Simon Sinek.[1] El círculo dorado es un modelo que ayuda a las organizaciones a articular su propósito de manera efectiva y a conectar emocionalmente con su audiencia. Según este enfoque, el éxito organizacional radica en la alineación de tres preguntas: por qué, cómo y qué.

  • ¿Por qué? (Propósito): es la razón fundamental de ser de una organización, centrada en las creencias y valores más profundos. Cuando el líder comunica este porqué con claridad, no solo vende un producto, sino que inspira lealtad y compromiso.
  • ¿Cómo? (Proceso): representa la forma como la organización opera y ejecuta su misión. Es el puente entre las ideas y los resultados. Cuando el cómo es coherente con el porqué se construye una reputación sólida y una confianza inquebrantable en el mercado.
  • ¿Qué? (Producto/servicio): es el resultado tangible, el servicio o producto final que la empresa ofrece al mundo.

Al tener claras las respuestas a estas preguntas, el líder puede adaptarse a las circunstancias sin perder de vista su norte estratégico, tal como Odiseo se aferró al mástil para resistir las tentaciones. Este enfoque de flexibilidad estratégica permite que el qué y el cómo se transformen radicalmente ante una crisis, mientras que el propósito permanece inalterable.


El éxito no se mide solo por los objetivos alcanzados, sino también por la integridad con la que el equipo llega a ellos.


Un ejemplo emblemático ocurrió durante la pandemia, cuando la empresa Ron Santa Teresa, movida por un sentido de responsabilidad social, destinó más del sesenta por ciento de su capacidad instalada a producir alcohol antiséptico. Al transformar sus líneas de producción para abastecer a farmacias y hospitales con más de 750.000 litros de alcohol, la empresa no solo cambió su actividad operativa, sino que reafirmó su compromiso con el bienestar nacional. Esta capacidad de pivotar sobre el propósito es lo que diferencia a las organizaciones que logran navegar en la tormenta de aquellas que naufragan por la rigidez de su oferta tradicional.

 

Agilidad estratégica: el triunfo de la astucia sobre el capital

Tener una visión clara es apenas el primer paso. En la práctica, superar la crisis exige convertir la estrategia en agilidad. El líder moderno necesita priorizar la inteligencia estratégica, la innovación y la adaptabilidad.

Aquí es donde la figura de Odiseo adquiere un matiz especial: polítropos (πολύτροπος) es el primer epíteto con el que Homero abre La Odisea. Compuesto por polys (muchos) y tropos (giros, vueltas o caminos), este término describe a un héroe astuto, versátil y de gran capacidad de adaptación mental frente a los problemas: «el de las muchas vueltas» o «el de los mil recursos».

Un líder de «muchos giros» comprende que el músculo financiero no garantiza la supervivencia cuando el entorno exige transformaciones rápidas. ¿Es este liderazgo un don innato o una arquitectura aprendida? La respuesta la han estudiado autores como Ramón Piñango, profesor del IESA, y reside en una combinación de ambos: si bien ciertos rasgos de personalidad pueden facilitar el camino, el liderazgo eficaz es, ante todo, una disciplina cultivada. Se nutre de un equilibrio entre habilidades blandas —como la empatía y la resiliencia— y un conocimiento técnico profundo del entorno.[2]

Ninguna pericia individual es suficiente por sí sola. El verdadero catalizador es un equipo diverso y talentoso que rodee al líder y convierta su visión en una ejecución colectiva cuya inteligencia compartida supera por mucho a cualquier capacidad solitaria.

En un mundo empresarial volátil la capacidad para improvisar y usar recursos limitados —tal como demostró la astucia de Odiseo frente al cíclope Polifemo— constituye una lección de maestría. El líder que sabe adaptarse sin perder de vista el objetivo final no se aferra a planes rígidos cuando el contexto cambia. A esto se suma una gestión inteligente de la información: observar el entorno y buscar datos antes de actuar, una lección que para el liderazgo significa que la toma de decisiones basada en información es el pilar que separa a las empresas que superan las adversidades de las que se pierden en la incertidumbre.


Cuando un líder enfrenta una reestructuración, el estilo del «Odiseo clásico» que decide unilateralmente solo produce resistencia.


Cuando el ego empaña el horizonte: el peligro de la victoria solitaria

Uno de los momentos más reveladores del mito homérico ocurre una vez superado el peligro. Mientras su tripulación se encuentra a salvo en el mar, Odiseo grita su verdadero nombre para vanagloriarse, lo que expone a todos a riesgos innecesarios.

Esta escena ilustra la importancia vital de saber cuándo detenerse. A menudo, el esfuerzo excesivo por desplazar a un competidor ignora que forma parte de un mismo ecosistema en el que el objetivo estratégico es la conquista de mercado, no la descalificación del oponente.

Imagen creada con inteligencia artificial

El riesgo del «ego triunfalista» no se limita al plano externo. El ego también se manifiesta cuando el líder bloquea el crecimiento de los suyos —cuando, por ejemplo, impide que asciendan para evitar que lo eclipsen— o cuando se aísla de sus pares y rechaza la colaboración. La «victoria» a costa del bienestar del equipo o del talento interno es, en realidad, una derrota gerencial que debilita el tejido de la organización.

 

Transformación del modelo de líder solitario

El modelo de liderazgo de Odiseo no está libre de sombras que es necesario aprender a transformar. Existe, por ejemplo, el riesgo del sesgo de información: Odiseo a menudo ocultaba detalles vitales a su tripulación; con ello creaba una desconfianza corrosiva. Para desarrollar confianza en equipos corporativos, la transparencia es fundamental: sostiene el compromiso de los empleados.

Cuando los miembros del equipo confían, es más probable que compartan abiertamente ideas. La confianza es el catalizador del éxito en los equipos, pues fomenta la innovación, la eficiencia operativa, el compromiso, la solución constructiva de conflictos, la resiliencia ante el fracaso, una mejor toma de decisiones y un liderazgo sólido.

También hay que reflexionar sobre el sacrificio del equipo. El episodio de Escila y Caribdis simboliza la decisión más difícil: sacrificar una parte para salvar el todo. En la gerencia moderna, la verdadera maestría no reside en decidir quién es «prescindible» según una lógica utilitarista, sino en desarrollar sistemas y culturas en las que la supervivencia del colectivo sea la prioridad absoluta.

Cuando un líder enfrenta una reestructuración, el estilo del «Odiseo clásico» que decide unilateralmente solo produce resistencia. Un líder evolucionado, en cambio, involucra a sus equipos y partícipes, y reconoce que la sostenibilidad de la empresa depende de la cohesión. Las organizaciones que involucran a su personal en la solución de problemas durante las crisis tienen una tasa de recuperación significativamente mayor que las que no lo hacen.

 

El regreso a Ítaca

La gerencia del futuro requiere menos héroes solitarios y más navegantes que entiendan la complejidad del sistema. El líder actual necesita aprender a volver a lo esencial: el respeto por las personas, la gestión ética de los recursos y la integridad en la toma de decisiones.

El éxito no se mide solo por los objetivos alcanzados, sino también por la integridad con la que el equipo llega a ellos. Odiseo enseña que el viaje es peligroso, pero es la capacidad de confiar, delegar y gestionar el propio ego lo que garantiza que Ítaca sea el hogar que se construye para todos. Quien lidera de acuerdo con estos principios no solo conquista mercados: construye legados.


Valentina Urdaneta, consultora de comunicación estratégica y profesora invitada de liderazgo en la Universidad Monteávila

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Notas:

[1] IEAvanzado (2023, 16 de junio). Golden Circle de Simon Sinek: qué es y cómo funciona. Instituto de Emprendimiento Avanzado. https://ieavanzado.com/emprendimiento/golden-circle-simon-sinek/

Sinek, S. (2011). Start with why: How great leaders inspire everyone to take action. Portfolio.

[2] Piñango, R. (2026, 26 de mayo). Liderazgo efectivo: supervivencia y competitividad en la Venezuela actual. Debates IESA.  https://www.debatesiesa.com/liderazgo-efectivo-supervivencia-y-competitividad-en-la-venezuela-actual/