Una nueva categoría de activos: capacidad de cómputo

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BoliviaInteligente / Unsplash

La inteligencia artificial trae consigo una fuente de riesgo susceptible de ser cubierta en los mercados financieros: la capacidad de cómputo requerida para crearla. CME Group, en colaboración con Silicon Data y la firma DRW, comenzarán a negociar futuros de capacidad de cómputo.


 

La existencia de un mecanismo de cobertura del movimiento de precios de bienes o servicios, léase contratos a futuro u opciones, requiere tres actores fundamentales: quien necesita la cobertura, quien está dispuesto a venderla y el intermediario que los pone en contacto. Una vez que estos contratos de cobertura se desarrollan y alcanzan niveles adecuados de liquidez, surgen nuevos actores que los utilizan como vehículos de especulación sobre la evolución de una industria o un activo en particular.

No es de extrañar que la gran innovación tecnológica que ocasiona la inteligencia artificial (IA) traiga consigo fuentes de riesgo susceptibles de ser cubiertas en los mercados financieros. En este caso, el riesgo está en la capacidad de cómputo (compute): la potencia de cálculo o procesamiento necesaria para crear inteligencia artificial.

El auge de la inteligencia artificial comenzó en 2012 con la aparición de las redes neuronales profundas con gran capacidad de cómputo. El fenómeno se consolidó masivamente y llegó al público general a finales de 2022 con el lanzamiento de ChatGPT.


El costo del alquiler de chips experimenta fluctuaciones drásticas que dan cabida a la compra de contratos a futuro.


CME Group, en colaboración con la empresa Silicon Data —que monitorea los precios de las unidades de procesamiento gráfico (GPU)— y la firma de negociación diversificada DRW comenzará a negociar futuros de capacidad de cómputo el 5 de octubre de 2026. Esto supone que obtendrá la aprobación de los organismos reguladores.

Un contrato a futuro permite comprar o vender un activo subyacente en una fecha y a un precio determinado. Este instrumento permitiría a los inversionistas cubrirse frente a riesgos y especular sobre el costo de alquilar los chips que las máquinas necesitan para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial.

Las empresas, por lo general, alquilan estos chips a proveedores de servicios en la nube, como AWS, de Amazon.com, o Azure, de Microsoft, o a las llamadas compañías de nubes especializadas (neocloud), como CoreWeave y Nebius Group, porque esta modalidad reduce costos y aporta flexibilidad. Ahora bien, el costo del alquiler de chips experimenta fluctuaciones drásticas que dan cabida a la compra de contratos a futuro.

Los precios iniciales de alquiler de la GPU Nvidia H100, principal chip de la IA, lanzada a mediados de 2022, oscilaban entre 7 y 10 dólares por hora de GPU. Para el otoño de 2025, los precios habían caído hasta 1,70 dólares. Ahora la oferta se ha reducido y los precios han subido cerca de un 40 por ciento, en torno a 2,35 dólares por hora de GPU. Un centro de datos típico de IA puede albergar unas 100.000 unidades H100, por lo que esta volatilidad de precios puede causar estragos.


Dado el tamaño de la economía de la IA, se calcula que el valor de los futuros de cómputo superará algún día al de los futuros del petróleo.


El mercado de alquiler de chips es poco transparente, por lo que dos empresas que adquieren exactamente la misma capacidad de GPU podrían pagar precios muy diferentes sin tener forma de saber cuál obtuvo mejores condiciones. Con la aparición de contratos a futuro se dispondrá de cotizaciones de referencia que facilitarán la comparación de precios entre proveedores.

Para la oferta de contratos a futuro, Silicon Data realizará un seguimiento de los precios de la GPU Nvidia H100, así como de los chips más recientes de Nvidia, los B200 o Blackwell, y elaborará índices basados en esos precios. Así, CME ofrecerá dos contratos de futuros de capacidad de cómputo: Silicon Data H100 y Silicon Data B200.

Si todo marcha bien, estos futuros llegarán a ser tan comunes como los contratos de futuros de tocino o jugo de naranja. Según algunos especialistas, dado el tamaño de la economía de la IA, se calcula que el valor de los futuros de cómputo superará algún día al de los futuros del petróleo.

Para las empresas del sector de los hiperescaladores —empresas de tecnología que operan grandes redes de centros de datos para ofrecer servicios de computación en la nube, almacenamiento e inteligencia artificial a escala global— y de los centros de datos, los futuros podrían utilizarse para fijar los precios de las GPU o cubrir su exposición al riesgo. Para los inversionistas avanzados, los futuros de cómputo podrían servir para especular sobre la evolución de la oferta o la demanda de esta capacidad de procesamiento. Para los pequeños inversionistas interesados en este producto, la empresa Proshare está haciendo las gestiones para comercializar un fondo cotizado (ETF, por sus siglas en inglés) vinculado a esos contratos.

Siempre que exista un riesgo que pueda cuantificarse económicamente, existe la posibilidad de emitir un vehículo financiero para transarlo. Así se crea un nuevo tipo de activo financiero que amplía la oferta de instrumentos de inversión disponibles. La industria de la IA vino a ampliar, de manera definitiva, la frontera de los mercados financieros.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

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