Diamantes eternos

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luthfi alfarizi / Unsplash

Un diamante sintético de un quilate cuesta entre un 70 y un 80 por ciento menos que uno natural equivalente. ¿Quién pagaría una prima de tal magnitud por una piedra natural? Las generaciones más jóvenes constituyen el 78 por ciento de la demanda de diamantes naturales, cuando son apenas el 18 por ciento de la población estadounidense. Los anillos de compromiso siguen impulsando la demanda.


 

Las primeras referencias del uso de diamantes en joyería datan del siglo VIII a. C. en la India. Desde entonces, estas gemas preciosas entraron en el imaginario colectivo de diversas culturas.

Los diamantes fueron considerados símbolos de estatus debido a su escasez, asociada no solo a la compleja ubicación geográfica de los principales yacimientos de este mineral, sino también a sus altos costos de extracción. Aunque existen diamantes artificiales desde los años setenta del siglo XX, no fue sino en la década de los ochenta cuando, gracias al método de deposición química de vapor, pudieron fabricarse piedras de gran tamaño y claridad, ideales para la alta joyería.

En la actualidad un diamante sintético de un quilate cuesta entre un 70 y un 80 por ciento menos que uno natural de características equivalentes. Este hecho ha transformado la industria minera dedicada a la extracción de diamantes naturales.

¿Por qué alguien pagaría una prima de tal magnitud por una piedra natural? La respuesta no es obvia y responderla se ha convertido en todo un desafío para el circuito de la extracción, la comercialización y el uso de estas piedras preciosas.


El mercado de los diamantes artificiales alcanzó los 29.500 millones de dólares en 2025, frente a los 20.000 millones de los diamantes naturales de extracción minera.


En un principio, De Beers Group —empresa multinacional británica especializada en la extracción y la comercialización de diamantes, con una participación de mercado en el negocio de la extracción de un 33 por ciento— y sus principales competidores pensaron que la oferta de diamantes artificiales haría poca mella en el negocio. Eventualmente, los consumidores reconocerían el valor de poseer piezas únicas, por lo que combatir la oferta de piedras sintéticas era principalmente un problema de mercadeo.

Muy pronto se dieron cuenta de que estaban equivocados. La realidad, como siempre, ha resultado más compleja de lo esperado. Los diamantes naturales de menos de un quilate son los que sufren mayor presión para que sus precios bajen. Se espera que las piedras excepcionales y de mejor calidad mantengan su valor a largo plazo por encima de ese umbral.

En el caso de los sintéticos se observa una caída en el interés por estas gemas a partir de los tres quilates. Es posible que los consumidores consideren que los diamantes sintéticos de mayor tamaño parecen demasiado grandes y obviamente falsos.


Los comercios minoristas han experimentado un aumento tanto en el volumen de ventas como en los márgenes de beneficio gracias a los diamantes sintéticos.


Para el consumidor actual, la compra de un brillante no se reduce a una inversión: es una declaración personal de valores y buen gusto, según De Beers. Aparentemente, los gustos varían según las edades. Las generaciones más jóvenes (mileniales y nativos digitales) constituyen el 78 por ciento de la demanda de diamantes naturales en términos de valor, a pesar de ser solo el 18 por ciento de la población estadounidense. Estas generaciones compran diamantes para más ocasiones que cualquier otra —1,83 veces al año frente a la media de 1,7— y los asocian a la conmemoración de múltiples logros personales. No se restringen a los tradicionales anillos de compromiso, aunque siguen siendo el principal motor de la demanda.

El mercado de los diamantes artificiales alcanzó los 29.500 millones de dólares en 2025, frente a los 20.000 millones de los diamantes naturales de extracción minera. Sin embargo, los consumidores particulares de joyas con diamantes naturales están invirtiendo más: el gasto medio aumentó un 25 por ciento entre 2023 y 2025, según De Beers. El peso promedio en quilates por compra también ha aumentado.


Se espera que una quinta parte de la oferta actual de diamantes naturales desaparezca en los próximos doce meses, y que pocas operaciones cerradas vuelvan a ponerse en marcha.


Los comercios minoristas han experimentado un aumento tanto en el volumen de ventas como en los márgenes de beneficio gracias a los diamantes sintéticos. El precio de los diamantes naturales experimentó una caída del 32 por ciento durante el primer semestre de 2026, para situarse en el orden de 105 dólares por quilate, cifra inferior a la registrada en la primera mitad de 2020, al comienzo la pandemia.

Varias minas han cerrado debido a la caída de los precios de los diamantes naturales. De Beers anunció pausas de producción en Venetia (Sudáfrica) durante dos años. Además, ha paralizado el proyecto de expansión de la fase 3 de Tuzo en la mina Gahcho Kué (Canadá). La idea es reducir costos y ajustar la oferta existente a la demanda real de los consumidores.

Se espera que una quinta parte de la oferta actual de diamantes naturales desaparezca en los próximos doce meses y que pocas operaciones cerradas vuelvan a ponerse en marcha. Al final, dados estos cambios de la industria y los patrones de consumo de las nuevas generaciones, la estrategia de mercadeo vuelve a ser relevante. Tal vez no como la entendieron las empresas mineras cuando los diamantes artificiales hicieron su aparición masiva, sino en un nuevo contexto donde las aspiraciones de los consumidores cambian y es importante entender cuándo una piedra producida en las entrañas de la tierra es o no la mejor manera de celebrar un hito.


Carlos Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del IESA

Este artículo se publica en alianza con Arca Análisis Económico.

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