El pensamiento crítico: ¿cuándo estamos en posición de elegir?

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Ilustración: bykst / Stockvault

El pensamiento crítico se ha empleado para la toma de decisiones en los ámbitos profesional y empresarial. Pero es posible aprovechar los avances de la neurociencia, para reflexionar sobre mejores opciones de vida e iniciar un «viaje interior» hacia cambios positivos.

Claudia Álvarez Ortiz / 8 de septiembre de 2020


 

La humanidad está experimentando la denominada «era del cerebro», gracias a que ha alcanzado un conocimiento cada vez más detallado del funcionamiento de tan importante órgano. La neurociencia ha iluminado muchas rutas cerebrales que preservan la vida y sientan las bases para la evolución de las generaciones siguientes.

Entre las disciplinas que se benefician con los avances de la neurociencia se encuentra la del «pensamiento crítico», entendido como la capacidad personal de razonar para sopesar opciones, evaluar información y llegar a conclusiones sólidas, bien justificadas y argumentadas. Como área de investigación científica ha emigrado de la lógica formal para adentrarse en el terreno del uso del lenguaje como herramienta que vehicula el pensar y da soporte a la toma de decisiones.

La capacidad de decidir —elegir lo que se desea y se necesita— es consustancial al ser humano y, además, evidencia de un pensamiento de carácter crítico. El Foro Económico Mundial ha catalogado el pensamiento crítico como una de las competencias más importantes de la cuarta revolución industrial, cuando el futuro del trabajo luce tan cambiante y retador para el ser humano (WEF, 2018).

Reinventarse implica superar, en primer lugar, la propia inercia y limitación

A la sociedad del conocimiento, que basa sus avances en las innovaciones científicas y tecnológicas, le ha tocado en suerte experimentar emociones y sentimientos de repercusiones medievales: los miedos irracionales asociados con pandemias. La irrupción del covid-19 resalta una crisis subyacente: hombres y mujeres, en todo el planeta, se han acostumbrado a vivir con estrés, con padecimientos psicosomáticos y enfermedades crónicas, degenerativas o terminales, que se han vuelto ya comunes (hipertensión, diabetes, cáncer, entre otras). Para empeorar el panorama, las adicciones han ampliado su espectro y ya se habla con suma frecuencia de personas obsesionadas por el trabajo, internet, celulares, comida chatarra, ansiolíticos y somníferos, sexo, juego, alcohol o drogas. Es un tiempo de personas de salud precaria, con existencias ansiosas y afanosas.

 

El ser humano nació para ser libre y realizarse

Abundan las obras religiosas, filosóficas y políticas en cuyas páginas se afirma la condición libre del hombre y su pleno derecho a la realización personal. Pero, si ello es así, ¿por qué, entonces, cuesta tanto alcanzar la vida plena? ¿Por qué la paz, la salud, la felicidad y la prosperidad se tornan tan esquivas?

Las respuestas más convincentes guardan relación con el funcionamiento cerebral. Según los neurocientíficos, el ser humano produce entre 60.000 y 70.000 pensamientos al día, pero en más del noventa por ciento de las veces tienden a repetirse los pensamientos del día anterior. Las personas quedan atrapadas en un ciclo de redes neuronales «de pasado» que les lleva a vivir un futuro muy predecible (Dispenza, 2020). Tal ciclo «de pasado» está constituido por esquemas mentales que estructuran los modos de pensar, actuar y sentir. Cuando alguien desea o necesita elegir una ruta diferente de la rutinaria, es imprescindible que cobre conciencia de este mecanismo, que convierte la idea de cambio en un auténtico reto.

Las respuestas de las personas frente al entorno son mayormente reactivas: creen que eligen, cuando en realidad se limitan a repetir respuestas inconscientes que siempre producen resultados idénticos. Esto explica el caso de las personas que quieren dejar de fumar, pero la recurrencia del cigarrillo las frustra y desalienta, o el de quienes, con mucho ánimo, inician una dieta para días después caer en la tentación de los viejos hábitos alimenticios. Abundan los «decididos» a emprender un nuevo negocio o redefinir su carrera profesional, pero se desaniman y paralizan por las condiciones del entorno.

La denominada «nueva normalidad» implica, en muchos casos, una brusca imposición de transformaciones e incorpora al análisis de decisiones un amplio conjunto de nuevas variables. No en todos los casos cambiar se convierte en un desafío exigente. Muchas personas eligen un cambio radical en sus vidas o en sus negocios, y lo logran al primer intento porque tienen las condiciones —individuales u organizacionales— para lograrlo. El asunto es estar conscientes de que se requieren ciertas condiciones para elegir y ejercitar lo elegido.

¿Cuándo está una persona realmente en posición de elegir? ¿Cuáles condiciones debe satisfacer para activar un cambio real y duradero en su vida? Si el análisis de opciones fuese algo sencillo, bastaría con representar en un gráfico las opciones y calibrar los pros y los contras. Pero, por lo general, no funciona así. Las respuestas tienen que ver con la aplicación de habilidades reflexivas.

El ser humano nació para ser libre y realizar cabalmente su personalidad. La vida es un regalo digno de disfrute. Estas deberían ser las premisas que determinaran las elecciones más esenciales. Pero lo cierto es que muchas veces una persona no sabe bien qué quiere ni qué requiere para alcanzar su plenitud. En ocasiones puede incluso saber «desearla», pero nunca sabrá a ciencia cierta si llegará a obtenerla.

La investigación muestra cómo entre el ochenta y el noventa por ciento de activación de los ciclos de pasado le gana la partida al diez por ciento de deseo consciente de cambio (Dispenza, 2020). Para que una persona pueda ejercitar su libertad de elección necesita, primero, cobrar conciencia de este mecanismo psicológico. La persona despierta a la conciencia cuando mira con detenimiento el «equipaje» de su pasado. El autoconocimiento es una disposición fundamental para lograr cambios y ese cambio es posible, porque como afirmaba el psicólogo humanista Carl Rogers, todo ser humano tiene dentro de sí una corriente fundamental hacia la mejora y el cambio (Rogers, 1986: 63).

Con frecuencia las personas no son conscientes de que sus mentes están bloqueadas por creencias o patrones limitantes, que los dejan anclados a conductas innecesarias o dañinas. Tales patrones limitantes se manifiestan como relaciones personales de dependencia, adicciones, emociones, rigideces de conducta, rebeldía o malcriadez, traumas y conflictos. Los patrones de conducta son como nudos gordianos, que atan al sujeto a lo que ya no quiere.

Las personas están constituidas por valores, principios y virtudes que desean preservar. El meollo de la cuestión es saber y poder elegir ―con criterio propio― lo más útil para continuar el camino. La idea es ser más «elección presente» y menos pasado.

Con frecuencia las personas no son conscientes de que sus mentes están bloqueadas por creencias o patrones limitantes

Cuando el ser humano elige experimentar una vida plena tiene que desatar los nudos que lo atan a sus hábitos mentales del pasado. Solicitar ayuda puede ser una buena decisión para descubrir puntos ciegos, sanar conflictos, soltar amarres. En la actualidad, y si así lo desea, toda persona puede acceder al conocimiento necesario de la ciencia para comenzar a crear circuitos nuevos, rutas nuevas en el cerebro mediante la imaginación, la visualización y la creación de nuevas interpretaciones, acciones y emociones. Es imperativo un «viaje interior» para ganar libertad del pasado. Este conocimiento se complementa con fortaleza de carácter, disciplina y voluntad para proponerse un cambio y realmente alcanzarlo.

La ciencia del cambio requiere que las personas pacten nuevos acuerdos con ellas mismas y, de paso, cobren conciencia de la conveniencia de mantenerse apegadas a la base neuropsicológica del aprendizaje, porque las células nerviosas que no se activan se disipan. En ello consiste la decisión de soltar patrones y creencias limitantes, a objeto de ganar espacios de creación. Lo que no se usa, se pierde.

El pensamiento crítico se convierte en una herramienta para explorar nuevas oportunidades y para «ganar» una posición real de cambio. Al mismo tiempo, implica un acto de humildad y de coraje. Humildad, porque se acepta el bagaje de pasadas limitaciones, y coraje, porque se decide cambiar aquello que ya no es útil.

El camino a la posibilidad de elegir es, a veces, doloroso y cuesta arriba. Implica un crecimiento personal que desemboca en la conversión en adultos maduros, libres y responsables. La madurez se refleja en el conocimiento exacto de lo realmente necesario, en obtención de autonomía en las decisiones, gracias a una mayor fortaleza de carácter y disciplina. Es sabiduría y voluntad de elegir lo requerido para la vida plena.

Un ser humano libre es aquel que se ha liberado de su pasado, y sabe conseguir una pausa entre estímulo y respuesta: un espacio y un tiempo para determinar una respuesta propia, consciente y responsable. Puede ya elegir por sí mismo, tomar decisiones con los ojos bien abiertos, y asumir las consecuencias de sus actos de voluntad, porque sencillamente les son propias.

¿Está preparado el ser humano, en su «nueva normalidad», para enfrentar el cambio que tanto dice anhelar? ¿Está en posición de elegir un cambio positivo y perdurable, tras superar las prácticas limitantes anidadas en su propio cerebro? Reinventarse implica superar, en primer lugar, la propia inercia y limitación. Y ese camino siempre es un camino de conciencia.

 

Referencias

  • Dispenza, J. (2020): «Rewired». Episodio 1. https://www.youtube.com/watch?v=zO3bI1gAmVs&list=PLyZsQQGhUdk74Ih_XhzLXsH8-caPxzr3B
  • Rogers, C. (1986): El camino del ser. Barcelona: Kairós.
  • WEF (2018): «The future of jobs report». The World Economic Forum. https://www.weforum.org/reports/the-future-of-jobs-report-2018

Claudia Álvarez Ortiz, profesora del IESA.