Acción preferente: un híbrido entre una acción y un bono

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Fotografía: Pixabay.

En las actuales condiciones del mercado de valores ―caracterizado por una creciente volatilidad― es importante ampliar la gama de activos en una estrategia de inversión. Conocer las ventajas y desventajas de las acciones preferentes puede ayudar a satisfacer las necesidades financieras de cada inversionista.

Claudia Martínez y Gioconda Bolinches / 2 de marzo de 2019


En el mercado de valores hay opciones para todos los gustos. Sin embargo, la mayoría de las inversiones se concentran en dos instrumentos: bonos y acciones. Los bonos son adquiridos por inversionistas interesados en obtener flujo de caja, pues pagan un cupón fijo o variable hasta una fecha determinada. Las acciones, en cambio, son compradas por quienes priorizan la posibilidad de disponer de un capital que pueda incrementar su valor; estos inversionistas están conscientes de que la política de pago de dividendos puede variar según la acción.

Las acciones garantizan a su titular la participación en la propiedad de una empresa y confieren derecho a voto en asambleas. Sin embargo, siempre hay alguien dispuesto a ceder el derecho de votación en una asamblea a cambio de dividendos constantes y por un monto superior al recibido por los accionistas comunes. Esta es una de las modalidades de las llamadas acciones preferentes.

Las acciones preferentes ―o acciones perpetuas― son activos financieros que otorgan la propiedad de la empresa como una acción común; además, aportan a sus dueños ventajas similares a las derivadas de un instrumento de deuda. En esencia, es un híbrido entre acción y bono. Tal dualidad hace que, en situaciones de bancarrota, los accionistas preferentes cobren antes que los accionistas comunes, pero después de los acreedores.

Las acciones preferentes pueden experimentar alzas en sus precios, como ocurre con las acciones comunes, y dar pie a pagos de dividendos fijos, como sería el pago de cupón de los bonos. Se diferencian de los bonos porque carecen de vencimiento (de tenerlo, ocurre en un momento muy distante).

En situaciones de bancarrota, los accionistas preferentes cobran antes que los accionistas comunes, pero después de los acreedores.

Este instrumento financiero se considera un título de menor riesgo y menor retorno que la acción común. De allí que en términos de precios experimenten menor volatilidad que las acciones comunes, pero mayor que los bonos. En caso de encontrarse en manos de empresas estadounidenses, las acciones preferenciales ofrecen una ventaja adicional: permiten deducir pago de impuestos (una posibilidad que no tienen los inversionistas individuales).

¿Cuándo es deseable incorporar este tipo de activos en una cartera? Principalmente en tres circunstancias:

  • Cuando se busca renta mediante dividendos.
  • Cuando se busca una seguridad mayor que la ofrecida por acciones comunes.
  • Cuando el inversionista está dispuesto a sacrificar apreciación de capital por la obtención de una renta.

El inversionista debe estar consciente de que con este título financiero asume mayores riesgos de mercado: 1) que la compañía no pueda mantener el dividendo estimado, 2) que sufra la pérdida de poder de compra del dinero (por tratarse de un instrumento de tasa fija) y 3) que padezca la volatilidad de los precios (por exposición a las tasas de interés).

Existen acciones preferentes de dividendos fijos y dividendos variables. En el primer caso, la tasa de retorno de la acción preferente es fija y, por ende, el precio de la acción tiende a registrar una sensibilidad comparable a la observada en el precio de un bono ante movimientos de la tasa de interés. En el segundo caso pueden encontrarse acciones cuyo dividendo esté vinculado con variaciones del retorno de una cartera de renta fija o de tasas de mercado como, por ejemplo, la tasa Libor.

A diferencia de las acciones comunes, que en su mayoría presentan solamente una modalidad, las acciones preferentes pueden variar en lo atinente a su diseño, lo que torna su naturaleza ligeramente más compleja. Entre sus principales modalidades se encuentran:

  • Acciones no acumulativas (straight): también conocidas como acciones plain vanilla, no tienen asociadas condiciones adicionales más allá del pago de dividendo establecido. Cuando una compañía no paga dividendos no se considera un incumplimiento, dado que los dividendos son declarados por la junta directiva cuando las condiciones financieras lo permiten. En casos de incumplimiento de pago, los dividendos no se acumulan ni se cobran con posterioridad.
  • Acciones acumulativas: garantizan el pago de los dividendos suspendidos por decisión de la junta directiva y, en caso de reanudación de pagos, tienen prelación ante las acciones comunes y sus dueños.
  • Acciones redimibles (callable preferred): son instrumentos de inversión emitidos por las compañías con el fin de recomprarlos. La reingeniería financiera permite a una empresa reducir sus costos de financiamiento al sustituir un título por otro y a una tasa menor. Cuando la acción es «llamada» por el emisor, el inversionista recibe una prima a cambio de la entrega del título, y los dividendos se pagan hasta la fecha de la redención (call).
  • Acciones convertibles (convertible preferred): son diseñadas especialmente para inversionistas que estén dispuestos a renunciar a los dividendos de sus acciones a cambio de la oportunidad de disfrutar de los beneficios de la apreciación de capital. Estas acciones permiten cambiar acciones preferentes por acciones comunes emitidas por una compañía. Son redituadas con dividendos menores que los de las no acumulativas, porque los inversionistas pueden convertirlas en acciones comunes y disfrutar, así, de posibles ganancias de capital.
  • Acciones de tasa ajustada: son acciones emitidas con dividendos de tasa variable. Resultan ideales en coyunturas de mercado en las cuales las expectativas de los agentes financieros apuntan a un alza de las tasas de interés. Por lo general, los dividendos están ajustados a tasas de interés referenciales, como papeles del Tesoro estadounidense, que son ajustadas de manera trimestral. El precio de este tipo de acciones suele mantenerse estable. No son recomendables para inversionistas que buscan una renta fija.

Quien desee invertir en este tipo de instrumentos financieros puede hacerlo mediante títulos individuales o con un pool de títulos, como los fondos mutuales o exchange trade funds (ETF). Algunos ETF integrados por acciones preferentes son el Ishares Us Stock Preferred (PFF) con 17.400 millones de dólares y el PowerShares Preferred Portfolio (PGX), con 4.800 millones de dólares.

Cuando se compara el rendimiento de acciones preferentes con el índice S&P 500, los bonos de Estados Unidos y las acciones internacionales, las acciones preferidas otorgan, en promedio, rendimientos inferiores al mercado bursátil, pero mayores que los arrojados por los bonos de Estados Unidos y las acciones internacionales, lo que se traduce en cierta estabilidad en el rendimiento total de la cartera.

En las actuales condiciones del mercado ―signado por una creciente volatilidad― es importante ampliar la gama de activos dentro de una estrategia de inversión. Conocer las ventajas y las desventajas de las acciones preferentes puede ayudar a satisfacer las necesidades financieras de cada inversionista.


Claudia Martínez, ejecutiva de cuenta de inversiones de Kapital Consultores. Gioconda Bolinches, representante registrada en Portfolio Resources Group y consultora externa de Lifeinvest Asset Management.