Invertir no es lo mismo que especular

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El inversionista inteligente es una joya de la bibliografía sobre inversión. Ofrece no solo consejos prácticos sobre cómo invertir en la bolsa, sino también enseñanzas para manejarse eficientemente, desde el punto de vista emocional, a través de las fluctuaciones del mercado.

José Miguel Farías / 24 de octubre de 2020


 

El título de esta nota corresponde al primer capítulo de uno de los libros sobre inversión más importantes que se hayan escrito: El inversionista inteligente, de Benjamin Graham (1949), un clásico de la bibliografía financiera. Para Warren Buffett es el mejor libro que jamás se haya escrito sobre el tema (Buffett, 2013). En efecto, El inversionista inteligente es una obra obligada para cualquier persona que desee comenzar a invertir, independientemente de su edad, perfil o ambiciones. Si algo se aprende de este libro es que invertir no es algo que deba tomarse a la ligera ni con base en corazonadas. Jugar con la suerte no es lo mismo que operar en un contexto de incertidumbre como los mercados. Una cosa es invertir y otra especular.

 

¿Qué quiere decir Graham con «inversionista»?

El término “inversionista” se emplea en contraposición al de “especulador”. En 1934, en su libro Security analysis, Graham y Dodd formularon con precisión la diferencia entre estos términos de la siguiente manera: «Una operación de inversión es aquella que, después de realizar un análisis exhaustivo, promete la seguridad del principal y un adecuado rendimiento. Las operaciones que no satisfacen estos requisitos son especulativas» (1934: 106).

La definición de inversión de Graham no puede ser más clara. A partir de esta idea se debe tener en cuenta que invertir es una actividad regida por tres principios de igual trascendencia:

  • Es necesario analizar exhaustivamente la empresa y la solidez de sus negocios.
  • Es necesario protegerse deliberadamente frente a pérdidas graves.
  • Se debe aspirar a resultados «adecuados», no a resultados extraordinarios.

Con estos tres puntos en mente se puede definir al inversionista como alguien que calcula el valor de una acción según el valor de sus negocios. Mientras que el especulador apuesta a que la acción subirá de precio, porque otra persona estará dispuesta a pagar más por ella. Como afirma Graham (1949: 34): «los inversionistas juzgan el precio de mercado en función de unas reglas de valor establecidas», mientras que los especuladores «basan sus reglas de valor en el precio de mercado».

 

Consideraciones sobre la especulación

Para Graham, la especulación no es ilegal ni inmoral: un cierto grado de especulación es a la vez necesario e inevitable para la mayoría de los inversionistas, porque en muchas situaciones que afectan a las acciones existen sustanciales posibilidades de obtener tanto beneficios como pérdidas, y alguien debe asumir los riesgos de esas circunstancias.

Así como hay especulación inteligente, hay inversión inteligente. Pero hay muchas formas de hacer que la especulación no sea inteligente. Entre ellas las más destacadas son: 1) especular con la errónea creencia de que se está invirtiendo, 2) especular de manera seria en vez de hacerlo como mero pasatiempo (si se carece de los adecuados conocimientos y capacidades) y 3) arriesgar en operaciones especulativas más dinero del que se puede permitir perder.

 

Principios de la inversión

Los principios de Graham tienen hoy la misma validez que la que tuvieron durante su vida:

  • Una acción no es un simple símbolo en una tabla de cotización o un pulso electrónico. Es una participación en la propiedad de un negocio real, con un valor subyacente que no depende de la cotización de la acción.
  • El mercado es un péndulo que oscila constantemente entre un optimismo insostenible y un pesimismo injustificado. El inversionista inteligente es alguien realista que vende a optimistas y compra a pesimistas.
  • Por mucho cuidado que se ponga, el único riesgo que un inversionista no puede eliminar por completo es el riesgo de equivocarse.
  • El secreto del éxito financiero está dentro de la persona. Si llega a ser pensadora crítica e invierte con confianza paciente, podrá sacar un buen partido de manera sostenida.

Con estos principios como base, el inversionista puede evitar que los cambios de humor del mercado rijan su destino financiero personal. Al final, para bien o para mal, el instinto de jugador forma parte de la naturaleza humana. Por lo tanto, para la mayoría de las personas es inútil intentar suprimirlo. En cualquier caso, tiene que controlarlo. Esa es la mejor forma de asegurarse de que nunca se engañará ni confundirá especulación con inversión.

 

Referencias

  • Buffett, W. (2013). 2013 Berkshire hathaway Inc. shareholder letter. https://www.berkshirehathaway.com/letters/2013ltr.pdf
  • Graham, B. (1949). The intelligent investor. Harper & Brothers.
  • Graham, B. y Dodd, D. (1934). Security analysis. McGraw-Hill.

José Miguel Farías, gestor de fondos de Arca Asset Management y gerente de Mercado de MasValor Casa de Bolsa, S.A. Twitter: @Jmfariasu