La inversión: un juego en el que gana más quien menos teme

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Fotografía: Pexels.

El rendimiento de los instrumentos de inversión en el mercado financiero es proporcional al riesgo que la psique del inversionista puede sobrellevar. Esta disposición es empleada por los asesores para clasificar a sus clientes y elaborar, en la medida de lo posible, carteras de inversión personalizadas.

Claudia Martínez y Gioconda Bolinches / 7 de septiembre de 2019


 

Invertir es una estrategia de negocio que necesita planificación. Ejecutarla de un modo exitoso requiere 1) fijación clara de objetivos y 2) diseño de una política de inversión basada en criterios previamente razonados.

La definición del perfil del inversionista forma parte de las herramientas clásicas del mundo financiero. Guarda relación con dos variables relevantes: el rendimiento que se espera obtener y el riesgo que se está dispuesto a asumir. Del cruce de ambos factores se desprende una suerte de retrato de quien decide acudir al mercado de valores.

 

¿Cómo establecer el perfil de un inversionista?

Cada firma de corretaje o asesoría de inversión tiene sus procedimientos y políticas internas para definir el perfil del inversionista. En la actualidad, los cuestionarios son los instrumentos de recolección de información psicosociológica que gozan de mayor popularidad para medir la tolerancia al riesgo de un cliente.

Los enunciados de las preguntas están redactados de manera de facilitar al consultor o asesor de inversión la obtención de información acerca de puntos de vital importancia:

  1. Horizonte de inversión: tiempo que el cliente desea fijar para la recuperación de la inversión y la obtención de beneficios. Resulta vital saber cuándo necesitará el cliente retirar los fondos de la inversión, porque esta información es uno de los aspectos que determinan el diseño de la estrategia correcta a corto, mediano y largo plazo. Lo deseable es que el inversionista pueda resistir la fluctuación del mercado y los ciclos descendentes.
  2. Cojín financiero: reserva de activos y posición patrimonial del inversionista. ¿Cómo es su situación financiera? ¿Cuánto ha reservado fuera de su cartera de inversión para emergencias?
  3. Flujo de caja: predisposición a retirar de manera constante parte del capital de inversión o de los beneficios causados por los dividendos, rendimientos o intereses.
  4. Circunstancias especiales: todo aspecto de la vida personal del cliente ―matrícula universitaria, compra de vivienda, jubilación― que pueda llevarle a liquidar inmediatamente una porción importante de la cartera de inversión.
  5. Actitud del inversionista: reacción del inversionista a las fluctuaciones y movimientos de mercado. Su actitud es la base para estructurar y ejecutar un plan de inversión durante los próximos diez años.
  6. Objetivo primario: prioridad del inversionista en una situación límite (preservación de capital, ingresos o crecimiento a largo plazo).
  7. Tolerancia a las pérdidas: porcentaje de la inversión que el cliente está dispuesto a perder.

Una vez definido el perfil de inversión, al inversionista se le clasifica en una de tres categorías:

  • Conservador: adverso al riesgo. Por lo general, el retorno de su inversión es bajo.
  • Moderado: dispuesto asumir mayor riesgo, sin descuidar cierta predictibilidad del rendimiento. Obtiene un rendimiento superior al del perfil conservador.
  • Agresivo: dispuesto a asumir riesgos importantes a cambio de un rendimiento mayor.

Diseñar una política de inversión supone un cliente consciente tanto de sus metas financieras como de sus predisposiciones psicológicas con respecto a las dinámicas bursátiles. En cuanto al asesor, implica la posibilidad de personalizar las estrategias de inversión, luego de entender las necesidades, las restricciones y los objetivos del asesorado.


Claudia Martínez, ejecutiva de cuenta de inversiones de Kapital Consultores. Gioconda Bolinches, representante de Portfolio Resources Group y consultora externa de Lifeinvest Asset Management.