La sopa de letras de la Reserva Federal

655
Ilustración: Mattew Cuda / Stockvault

Antes de la pandemia del Covid-19 la FED solo podía comprar o prestar sobre títulos de renta fija que tuviesen garantía del gobierno federal. Ahora puede actuar también como garante de emisores de títulos y proveedora de liquidez en los mercados secundarios.

Carlos Jaramillo / 16 de abril de 2020


 

El 9 de abril Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), pronunció en un webcast de la Brookings Institution una frase que debería aparecer en todo texto que hable del papel de los bancos centrales: «Los bancos centrales tienen poder para prestar, pero no para gastar. Por lo que solo pueden entregar dinero a las instituciones con la expectativa de que les sea devuelto, y no pueden otorgar fondos no recuperables».

A partir de la crisis del coronavirus hay poderes adicionales que la FED ha estado ejerciendo, pero solo ahora han ganado notoriedad: actuar como garante de emisores de títulos y como proveedora de liquidez a los mercados secundarios de títulos financieros. Antes de la pandemia, la FED solamente podía comprar o dar préstamos sobre títulos de renta fija que tuviesen la garantía del gobierno federal; es decir, treasuries, papeles emitidos por instituciones hipotecarias garantizados por su cartera de préstamos y papeles de la Asociación Federal Nacional Hipotecaria (conocida como Fannie Mae) y la Administración Federal de Vivienda (Freddie Mac), que son empresas privadas patrocinadas por el gobierno estadounidense, con el objeto de proporcionar liquidez al mercado secundario de hipotecas.

En respuesta a las exigencias financieras de la economía, la FED ha activado cinco programas, conocidos popularmente como «la sopa de letras», que satisfacen necesidades muy específicas de instituciones financieras, fondos de inversión y corporaciones grandes, medianas y pequeñas:

  1. CPFF (Mecanismo de Financiación de Papeles Comerciales): compra papeles comerciales directamente a sus emisores (compañías que buscan financiamiento para su capital de trabajo). Los plazos de vencimiento de estos títulos son inferiores a 360 días.
  2. PMCCF (Mecanismo de Crédito Corporativo para el Mercado Primario): compra directamente a las empresas emisoras títulos con vencimientos superiores a diez años.
  3. TALF (Mecanismo de Préstamos a Plazo con Respaldo de Bienes): fondo de garantías para apoyar la titularización de carteras hipotecarias. Existe desde la Gran Crisis Financiera de 2007 y simplemente se ha reactivado. Incluye carteras de préstamos estudiantiles y de vehículos.
  4. SMCCF (Mecanismo de Crédito Corporativo para el Mercado Secundario): compra en el mercado secundario de bonos corporativos y ETF de renta fija. Este fondo permite comprar bonos de alto rendimiento (bonos basura), lo que marca un hito en la resolución del Estado para intervenir en los mercados financieros.
  5. MSBLP (Programa de Préstamos para Pequeñas y Medianas Empresas): puede alcanzar un volumen de 600.000 millones de dólares con un aporte de 75.000 millones de garantía aportado por el Departamento del Tesoro.

Para aplicar estos programas se han creado vehículos de propósito especial (VPE), que son estructuras legales usadas para mantener un conjunto de activos y pasivos atados a un programa o actividad especial. Esto elimina la posibilidad de que tales recursos se confundan con los de la organización que promueve esta iniciativa.

El Departamento del Tesoro, al utilizar el Fondo de Estabilización, realizará una inversión de capital en cada VPE y asumirá primero que nadie cualquier posible pérdida. El dueño de los títulos es el Departamento del Tesoro; la FED actúa como banquero y le brinda financiamiento. La FED contrató a BlackRock Inc. para comprar estos valores y manejar la administración de los VPE en nombre del propietario.

Los beneficios de que la FED otorgue préstamos, garantías y liquidez al sistema financiero son cuantiosos. Pero no pueden obviarse algunos inconvenientes.

La FED ha tenido que asignar directamente a BlackRock, la empresa de gestión de inversiones más grande del mundo, los programas de compra de títulos valores. La urgencia de activar estos mecanismos de ayuda impidió que otros agentes de inversión ofreciesen sus servicios, lo que ocasionó incomodidades en la industria de inversión. Para muchos inversionistas la intervención de la FED en los mercados secundarios es una especie de «estatización del sector». Estos mercados son ámbitos exclusivos del sector privado.

En los programas masivos de intervención del Estado siempre hay un temor subyacente, que quedó claramente expuesto durante la Gran Crisis Financiera de 2007-2009: aunque es evidente cuándo deben comenzar estas iniciativas, no lo es cuándo deben terminar. Los préstamos baratos y la percepción de que la red de seguridad de la FED estará allí, siempre que se necesite, han creado distorsiones desde hace más de una década que aún no se entienden y que la pandemia no hará más que exacerbarlas.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

Suscríbase al boletín de novedades aquí.