Las múltiples naturalezas de las criptomonedas

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Imagen de mohamed Hassan en Pixabay

Las criptomonedas han comenzado a ser tomadas en serio por la comunidad financiera internacional. Próximamente habrá productos estandarizados en mercados extrabursátiles y bolsas de valores, siempre que se cumpla un requisito previo: el desarrollo de un marco regulatorio.

Carlos Jaramillo / 29 de abril de 2021


 

Es innegable que en los últimos años las criptomonedas han comenzado a ser tomadas en serio, por los miembros de la comunidad financiera internacional. Cada vez se les ve menos como instrumentos exóticos, con los cuales transa un conjunto de «anarquistas» que temen las agendas confiscatorias de los Estados, y más como una familia de activos que pueden llenar vacíos y facilitar transacciones con cierta rapidez y mínimos riesgos.

Esta aceptación significa, en términos prácticos, que próximamente habrá productos estandarizados comercializados en mercados extrabursátiles (over the counter) y bolsas de valores, a los cuales tendrán acceso especuladores, inversionistas institucionales y personas naturales, siempre que se cumpla un requisito previo: el desarrollo de un marco regulatorio para esta familia de activos financieros. A diferencia de otros instrumentos financieros —fácilmente clasificables en las categorías más universales como renta fija (bonos), renta variable (acciones), materias primas, bienes inmuebles, obras de arte, joyas, monedas, y otras—, las criptomonedas pueden clasificarse en varias de estas categorías según su uso.

Las criptomonedas son monedas cuando se usan para transar, fijar precios o preservar valor, aunque como reservorios de valor no son particularmente fiables debido a la volatilidad de sus precios. Tienen comportamientos similares a los de materias primas como el oro, pues se pueden comprar en el mercado de contado (spot) o mediante productos derivados. El número de unidades en circulación, al igual que el de las materias primas, surge de un proceso productivo; en este caso, la solución de ecuaciones, actividad conocida como «minería».

En algunas ocasiones se emiten criptomonedas para levantar fondos destinados a financiar proyectos. Los financistas reciben unidades de participación (tokens), cuyos valores futuros dependerán del éxito de la aventura que recibió tales recursos. Estos criptoactivos son sustitutos perfectos de acciones comunes.

Existe un mercado de crédito en criptomonedas, todavía no muy desarrollado, en el cual los «mineros» y otros actores del circuito dan en garantías sus criptoactivos y reciben divisas para cubrir sus necesidades comerciales. Las tasas de interés cobradas son muy similares a las de bonos de alto rendimiento o bonos basura. Algunos contratos de deuda tienen cláusulas similares a las pignoraciones de materias primas, por lo que es muy probable que terminen siendo reguladas sobre la base de su similitud con las operaciones existentes en este sector de actividad.

Los reguladores estadounidenses reconocen esta serie de atributos como elementos inseparables de la naturaleza de los criptoactivos y, por ello, su avance en el desarrollo de regulaciones para tratar tales activos es muy incipiente. Los reguladores europeos tratan de encajar los criptoactivos dentro del marco regulatorio existente, según la función que cumplan en un contrato financiero.

La regulación de las materias primas es mucho más sencilla que la de las acciones y, por lo tanto, menos costosa de cumplir tanto para los intermediarios financieros como para los inversionistas institucionales. La conclusión que emerge de las discusiones entre los miembros de la industria de los criptoactivos y los reguladores financieros es que existe un compromiso entre simplicidad y potencialidad de desarrollo. Mientras más simple la regulación más limitado el desarrollo de nuevos productos que incluyan criptoactivos en su diseño.

Las presiones para incorporar a las criptomonedas en el menú de los activos financieros de oferta pública continuarán. Eventualmente, las innovaciones se imponen. Ojalá que el costo de lograrlo no sea exagerado para la sociedad.


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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