Los chinos, los rusos y el cochino dinero

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Imagen de Сергей Корчанов en Pixabay

La idea de que Putin podía manejar cómodamente su invasión a Ucrania porque tenía ahorros para costearla fue hasta cierto punto ingenua: los fondos podían bloquearse. China tendrá un papel clave al ayudar a los rusos a minimizar el impacto de las sanciones; si juega bien sus cartas, terminará por sacar una buena tajada del conflicto.

Carlos Jaramillo / 24 de marzo de 2022


 

Los 630.000 millones de dólares de reservas internacionales del Banco Central Ruso (BCR) se distribuyen de la siguiente manera: 21,7 por ciento en oro, 13,8 por ciento en instrumentos financieros denominados en renminbi y 64,5 por ciento en dólares y euros depositados en bancos franceses, japoneses, alemanes y estadounidenses, así como en instituciones financieras internacionales, tales como el Banco de Pagos Internacionales y el Fondo Monetario Internacional. Salvo los activos denominados en la moneda china, todos están congelados o son de difícil manipulación para efectuar pagos, como es el caso del oro en barras.

Al consolidar las reservas del BCR, las inversiones del gobierno y un acuerdo de préstamo de larga data, Rusia puede recaudar rápidamente en China más de 160.000 millones de dólares: el equivalente a 16 meses de ventas de petróleo y gas natural a la Unión Europea y Estados Unidos. Sin embargo, los montos que se encuentran en el sistema financiero chino son insuficientes para evadir las sanciones impuestas por la Unión Europea, Estados Unidos y otros miembros del G-7.

Para ayudar a sus socios en guerra, China tendría que ofrecer un sustituto viable del dólar. Pero el renminbi apenas se usa fuera de China: solo el tres por ciento del comercio mundial se realiza con esta moneda. Incluso Rusia y China realizan su comercio principalmente en dólares y euros.

Los chinos pueden poner a disposición de los rusos mecanismos para movilizar recursos que han usado previamente con Irán y Corea del Norte, como la transformación de bancos chinos en organizaciones especializadas para mover estos fondos, que ocultan la verdadera identidad de sus dueños. Estos mecanismos son de corta duración, porque los sancionadores, tarde o temprano, descubrirán la naturaleza del mecanismo de evasión.

El conflicto ruso-ucraniano ha puesto en evidencia la vulnerabilidad a la que se exponen los países con modelos no democráticos cuando integran sus economías a los mercados internacionales. Al utilizar el dólar o el euro como moneda de intercambio se exponen a la congelación de fondos y otras sanciones de naturaleza comercial.

La reducción de esta vulnerabilidad tiene un alto costo: exige la formación de bloques de alianzas dentro de las cuales se concentre la mayor cantidad de relaciones de intercambio comercial. Las sinergias y economías de escala, tan propias de la globalización, pasan a tener una importancia secundaria frente a la necesidad de blindarse de las presiones de los enemigos políticos.

Si los chinos juegan inteligentemente sus cartas pueden sacar grandes beneficios del conflicto ruso-ucraniano. Para empezar, ser intermediarios de las transacciones comerciales rusas les permite controlar recursos energéticos y materias primas a los precios de descuento que la neutralización de las sanciones exige.

Los rusos, en su proceso de reconstrucción posconflicto, tendrán que ofrecer grandes incentivos a la inversión extranjera. Salvo un cambio de régimen, serán los chinos los llamados a comprar empresas estratégicas rusas a precios de gallina flaca.

La experiencia indica que las amistades exitosas son aquellas que se forman entre pares. La amistad chino-rusa, pregonada por los presidentes Xi y Putin, está muy lejos de ser una relación igualitaria. Los chinos tienen el dinero y las redes comerciales y financieras, tanto en Occidente como en su bloque de influencia. Los rusos, devastados por heridas autoinfligidas, ¿cuánto podrán aportar?


Carlos Jaramillo, director académico del IESA.

Este artículo ha sido publicado en alianza con Arca Análisis Económico.

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