Los precios como mecanismo de financiamiento en la Venezuela actual

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Fotografía: Pexels.

El precio de un producto puede servir como un medio para financiar la producción, al aumentar el flujo de caja para costear los insumos y servicios requeridos. El progresivo desmantelamiento de los mercados de bienes y la escasa competencia entre sus oferentes incentivan el uso de los precios como mecanismo de financiamiento. Existen otras condiciones en la Venezuela actual que favorecen aún más el uso de este mecanismo.

Carolina Pagliacci / 25 de octubre de 2019


 

Desde la perspectiva económica tradicional, la función principal del precio es cubrir los costos de producción y satisfacer las expectativas de ganancia del productor. Sin embargo, su fijación también debe permitir estimular la demanda, reflejar las características socioeconómicas y psicográficas de los consumidores meta y, finalmente, contrarrestar las estrategias de venta de la competencia. De allí la complejidad del proceso de establecimiento de precios; complejidad que se intensifica cuando se advierte otra utilidad del precio muy poco difundida por los especialistas: el uso del precio como mecanismo de financiamiento de la producción.

 

¿Cómo se financia la producción?

El proceso de producción comprende las etapas sucesivas y necesarias para la elaboración de una mercancía: compra de insumos, transformación de materias primas en productos intermedios y venta de los productos terminados en mercados nacionales o internacionales. Bienes durables, como televisores y electrodomésticos, requieren, dada la complejidad de su diseño, la producción previa de partes y componentes de ensamblaje, lo que amplía las fases del proceso de producción y obliga a adoptar una política de acumulación de inventarios. En el caso de la producción de bienes perecederos ―por ejemplo, alimentos― los procesos de elaboración tienden a ser más sencillos, porque no abundan las instancias intermedias.

Mientras más compleja sea la tecnología empleada en la elaboración de un bien, mayores serán los tiempos de producción, las cantidades de insumos y los recursos económicos requeridos. Por ello no resulta exagerado afirmar que la producción requiere mayor financiamiento en tanto su tecnología sea más compleja (Raddatz, 2006).

En este proceso de producción, el fabricante debe pagar por cada uno de los insumos y servicios requeridos en las diferentes etapas intermedias y no únicamente por la nómina de los trabajadores que participaron en la producción. Esto significa que el fabricante también precisa comprar materiales, pagar energía eléctrica y otros servicios públicos, honrar impuestos, sufragar costos de almacenamiento y, de paso, atender los gastos asociados con transporte, publicidad y representación legal.

Para afrontar este conjunto de obligaciones se hace necesario disponer de un flujo de caja suficiente, que puede obtenerse fundamentalmente de dos fuentes: 1) de la venta de las cuentas por cobrar o los denominados «activos líquidos» de la empresa, lo que equivale a utilizar el capital de trabajo (la diferencia entre activos y pasivos de corto plazo), y 2) del financiamiento externo. Las empresas pueden pedir préstamos a un banco o emitir pagarés y bonos en mercados nacionales o internacionales; pueden también recurrir a los créditos comerciales otorgados por sus proveedores de materiales y servicios.

Las crecientes necesidades de financiamiento de las empresas promueven una fijación de precios anárquica, con importantes incrementos en el margen sobre costo, y con potencial impacto inflacionario

El financiamiento de la producción ocurre sin inconvenientes en los modelos teóricos que suponen acceso ilimitado a recursos externos. Pero en el mundo real, la historia no es tan simple e idílica. La regla general es el carácter limitado y costoso del financiamiento externo. En el argot económico este fenómeno se describe como la existencia de «fricciones financieras». Tales fricciones se explican, según la teoría económica, por los problemas de información asimétrica presentes en el negocio de la intermediación financiera y en los mercados financieros en general. Mientras más imperfecta sea la información que los prestamistas (o terceros) tienen de la situación real de las empresas, mayor será la probabilidad de un financiamiento reducido. Las investigaciones acerca de las fricciones financieras y la dinámica del comercio internacional han mostrado que en los países que poseen mercados financieros poco desarrollados y fuertes fricciones financieras, se produce un enlentecimiento de la actividad comercial y, potencialmente, del crecimiento económico.

Cuando el crédito bancario o el financiamiento bursátil no son suficientes debido a las fricciones financieras, se hace imposible incluso emplear el capital de trabajo de la empresa. Llegado ese punto, el empresario debe buscar fuentes alternativas de recursos para financiar la producción. El mecanismo de financiamiento interno al que debe echar mano es el precio del producto. Esto implica elevar el precio de venta para aumentar el flujo de caja y pagar los materiales y los servicios de la próxima ronda de producción. Este aumento del precio es superior al costo (hundido) de los materiales y servicios empleados en los bienes ya producidos, y se registra técnicamente como un aumento del margen sobre costo (el markup).

 

El margen sobre costo en la Venezuela actual

El margen sobre costo es la parte del precio de un producto no atribuible a su costo variable de producción. Pero este margen no equivale necesariamente a una ganancia neta, siempre disponible para el uso irrestricto del productor. El margen sobre costo por unidad de producto puede financiar algunos costos fijos ―no imputables directamente a la producción― e incluso la misma producción, al permitirle al empresario obtener el flujo de caja necesario para continuar con el proceso de producción.

En mercados con deficientes fuentes de financiamiento externo, una estrategia que ensayan los productores es fijar el margen sobre costo por encima de la ganancia esperada. De allí que en mercados poco competitivos y con importantes fricciones financieras el margen sobre costo no responde necesariamente al ciclo económico (Braum y Raddatz, 2016; Fernández y Pagliacci, 2015). En la Venezuela actual, signada por la hiperinflación y la disolución creciente de los mercados de bienes, hay razones para sospechar que el margen sobre costo está aumentando de forma importante.

Fernández y Pagliacci (2015) analizaron el desempeño del margen sobre costo en Venezuela entre 1998 y 2013 y encontraron un notable incremento durante la vigencia del control de cambio. Alrededor del sesenta por ciento de tal incremento se relaciona con lo sucedido al ciclo económico; en especial, con la productividad promedio de la economía. El cuarenta por ciento restante se vincula con redistribuciones de ingresos ―entre consumidores, trabajadores y empresarios― propiciadas discrecionalmente por las empresas. La hipótesis predominante es que tal porción del margen sobre costo responde a las necesidades de financiamiento de la producción.

Los préstamos bancarios son la forma tradicional de financiamiento externo para las empresas; su desaparición incentiva el uso del margen sobre costo como mecanismo de financiamiento interno

La importante porción del margen sobre costo no asociada al ciclo económico se explica en parte por el propio esquema de control de cambio y el subsidio discrecional a las empresas favorecidas en la asignación de divisas (Fernández y Pagliacci, 2015). A medida que la brecha cambiaria ―la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el paralelo― se incrementa, el acceso a los subsidios constituye un factor determinante para permitir la supervivencia de las empresas. Aquellas empresas no favorecidas en la asignación tienden a desaparecer del mercado. Por tanto, la asignación discrecional de los subsidios promueve condiciones y estructuras de mercado menos competitivas que permiten a los productores sobrevivientes incrementar —también discrecionalmente— el margen sobre costo.

A partir del trabajo de Fernández y Pagliacci (2015) se pueden conjeturar otras hipótesis más específicas. Los cambios del margen sobre costo relacionados con el financiamiento de la producción pueden tener sus detonantes en el desempeño de las variables externas, debido a que una parte importante de la producción depende de insumos importados. Cuando el costo de los materiales importados se dispara también lo hacen las necesidades de financiamiento de la producción. El costo de los materiales importados depende, a su vez, del tipo de cambio real (el tipo de cambio nominal ajustado por las inflaciones externa e interna). En ausencia de financiamiento externo, una depreciación del bolívar superior a la inflación crea mayores necesidades de financiamiento, que pueden ser satisfechas con aumentos discrecionales del margen sobre costo. Estos aumentos del margen pueden a su vez terminar por exacerbar la inflación.

Asimismo, en el marco de un sistema de control de cambio, cualquier acceso a divisas subsidiadas contribuye a financiar la producción. Tal hecho ayudaría a entender por qué las necesidades de financiamiento de las empresas tienden a aumentar cuando se registra una reducción de la porción de las importaciones financiadas con las divisas que el Banco Central de Venezuela vende al sector privado. Finalmente, un incremento de la incertidumbre acerca del desempeño del tipo de cambio nominal puede aumentar las necesidades de financiamiento de las empresas y, en consecuencia, el margen sobre costo.

 

Los cuatro jinetes de Apocalipsis

¿Cuáles condiciones de la actual coyuntura venezolana podrían estimular el uso del precio como mecanismo de financiamiento de la producción? El progresivo desmantelamiento de los mercados y su consiguiente estructura poco competitiva es un factor crucial que favorece la adopción del aumento de precio como estrategia para financiar la producción.

Existen al menos cuatro nuevos factores que favorecen un uso más intensivo aún del precio como mecanismo de financiamiento. El primero es la reducción del crédito bancario, como consecuencia del empeoramiento de las perspectivas económicas, pero también de la elevación del porcentaje del encaje legal exigido por parte del Banco Central a los bancos. Los préstamos bancarios son la forma tradicional de financiamiento externo para las empresas; su desaparición incentiva el uso del margen sobre costo como mecanismo de financiamiento interno.

El segundo factor es la aparición de nuevos costos no directamente imputables a la producción. Por ejemplo, los costos relacionados con las restricciones draconianas en los servicios públicos o con el traslado terrestre de mercancías por el territorio nacional. Este tipo de costos pueden estar tomando protagonismo en las necesidades de flujo de caja de las empresas. Un tercer factor está relacionado con la hiperinflación y con dos problemas colaterales resultantes: la escasez de efectivo y la aparición de cifras de precios de un orden de magnitud muy elevado. Ambos fenómenos, observados copiosamente durante 2018, alargan los plazos normales del proceso productivo, entorpecen el funcionamiento de las empresas y agravan las necesidades de flujo de caja.

El cuarto factor es la desaparición de los créditos comerciales; es decir, los mecanismos de financiamiento otorgados por los fabricantes y proveedores de insumos y servicios. En la Venezuela actual toda compra debe ser pagada de inmediato. En consecuencia, se produce una mayor precarización del financiamiento externo que incentiva el uso del margen sobre costo como fuente de financiamiento.

El impacto de estos cuatro factores se resume en crecientes necesidades de financiamiento de las empresas que promueven una fijación de precios anárquica, con importantes incrementos en el margen sobre costo, y con potencial impacto inflacionario. Teóricamente esto conduce a una posibilidad poco convencional: que la aparición de fricciones financieras y el deterioro de las estructuras de mercado puedan tener impactos no despreciables en la explicación de las dinámicas hiperinflacionarias.

 

Referencias

  • Braum, M. y Raddatz, C. (2016): «Liquidity constraints, competition and markup cyclicality». Financial Management. Vol. 45. No. 3: 769-802.
  • Fernández, L. y Pagliacci, C. (2015): «The markup and aggregate fluctuations in Venezuela: testing for distributional shocks». Serie Documentos de Trabajo. No. 159. Caracas: Banco Central de Venezuela.
  • Raddatz, C. (2006): «Liquidity needs and vulnerability to financial underdevelopment». Journal of Financial Economics. Vol. 80. No. 3: 677-722.

 


Carolina Pagliacci, profesora del IESA.